VOLUNTAD Y DISCIPLINA: QUERER ES PODER.

Patricia Gómez Garay
Cariño y exigencia. Bien combinados, son la fórmula mágica para, si no perfecta, garantizar las bases de una buena educación en el seno familiar. Al menos es lo que recomienda Patricia Gómez Garay, orientadora familiar y vicepresidenta del centro de orientación familiar de Vizcaya. La experta ha participado en una conferencia en el Aula Estadio organizada por las Escuelas Infantiles Kimba, donde dio varias pautas para solventar los conflictos que surgen entre padres e hijos.

-¿Cuáles son las bases de una buena educación?

La autoridad bien ejercida. Como dice el título de la charla, ‘Voluntad y disciplina. Querer es poder’. Si queremos, podemos educar. La voluntad se desarrolla desde muy pequeños. Ya desde que tienen un año hay que ir fijando las formas, teniendo disciplina, para que aprecien el bien y quieran hacerlo y así sean personas respetuosas y honradas, autónomas y con capacidad crítica, seguras de sí mismas y que sepan cómo enfocar la familia, las amistades o el trabajo.

-Y para lograrlo, ¿en qué hay que trabajar?

La educación son dos pilares, exigencia y cariño a partes iguales, y la primera es la asignatura pendiente, debemos saber decir ‘no’ a nuestros hijos, porque la vida les va a denegar muchas cosas. Hay que enseñar al niño que aquí mando yo, que lo que le dices no es por capricho tuyo, sino porque le conviene. Pero si dejas que otros lo hagan por ti, más adelante él no distinguirá tu autoridad. Si tu hijo no te dice que eres un pesado, preocúpate porque algo pasa.

-¿Y qué es lo que no hay que hacer?

Evitar ceder ante sus caprichos. Cuando son pequeños, nos dan pena y nos falta dar unas normas. Sólo así se convertirán en gente capaz de controlarse. Hay que empezar con pequeñas cosas, como las comidas.

-¿Son los padres esclavos de sus hijos?

A veces en los hogares tenemos pequeños tiranos. Ejercer la autoridad es difícil porque tenemos poco tiempo. Aunque cueste exigirles, merece la pena y nosotros también salimos ganando, porque son hijos capaces de obedecer y si saben lo que tienen que hacer, son niños más seguros y felices.

Castigos necesarios

-Pero razonar con un pequeño de dos años no es fácil.

A esa edad es mucho más listo de lo que pensamos, es pequeño pero no tonto. No se trata de meterle un rollo, pero sí de trabajar con ellos.

-¿Un par de azotes a tiempo son perniciosos?

La autoridad no consiste en un castigo continuo ni estar enfadados todo el tiempo. Es mejor no gritar ni pegar, pero a veces hay que hacerlo para que el niño vea que lo que ha hecho está mal, que no se le va a pasar por alto. La sanción firme forma parte también de la educación de los niños, igual que de los adultos, nadie es perfecto. Y a veces ayuda tener un castigo. Por un azote no pasa nada y a veces lo entienden mejor que otra cosa.

-Pues ahora está más de moda el ‘todo vale’.

Para los padres, la falta de tiempo debido al trabajo hace que les sea más fácil ceder que educar.

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