Violencia infantil y juvenil, a la orden del día

Si bien la violencia infantil y juvenil no ha adquirido las dimensiones de otros países, como por ejemplo Estados Unidos, esta problemática también existe aquí, en nuestros hogares y en los colegios a los que van nuestros hijos. Por un lado, los casos de violencia intrafamiliar en la que los hijos maltratan a sus padres se denuncian siete veces más en la actualidad que hace cuatro años. Por otro, los casos de bullying o acoso escolar han ido en aumento en los últimos años: según un estudio del Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), el 49% de los estudiantes dice ser insultado o criticado en el colegio.

Ante tal panorama, ser niño y adolescente hoy en día no es fácil. El entorno que les rodea constantemente les lanza mensajes de corte violento o irrespetuoso, ya sea en la televisión, en la publicidad o en su grupo de amigos. Pero, ¿cuáles son las raíces de este problema? Aspectos familiares, legales, académicos, psicológicos, individuales y sociales influyen en las actuaciones violentas de los más jóvenes. No obstante, los expertos coinciden en afirmar que, muchos de estos niños, bien han sido educados con excesiva permisividad, bien han crecido en un entorno familiar violento y carecen de autoestima.

La desobediencia en casa

La relación que mantenemos con nuestros hijos a menudo se convierte en un tira y afloja en el que unos intentamos controlar el poder y otros quieren conquistarlo. Como ya tratamos en el anterior reportaje de Entre padres ¿Sobreprotegemos a nuestros hijos?, evitar esta situación y conseguir una buena conducta de los niños, pasa por marcarles unas normas desde que son pequeños y por enseñarles unos valores basados en la no violencia. Si no existen estos límites ni estos valores, la sobreprotección que ejercen muchos padres puede derivar en pequeños egoístas no acostumbrados a recibir un “no”, agresivos y rebeldes.

Según Nora Rodríguez, pedagoga y autora de “¡Quién manda aquí!”, “en los últimos tiempos se le ha dado al niño un poder inaudito, es el dueño del hogar, el que decide desde que llega del colegio qué se ve en la tele, si los padres salen de casa o no…La sociedad está entronizando a los niños”. En este sentido, José Luis Calvo, presidente de la asociación Pro Derechos del Niño y la Niña, Prodeni, afirma también que “la carencia de límites está dando lugar a un niño insatisfecho, rebelde, plenamente autónomo, que con siete años quiere imponer sus criterios, que insulta, incluso agrede, que se cree el dueño absoluto del terreno que pisa. Antes esta situación, los padres, incapacitados para responder, ceden, y no hacen así sino acrecentar el poder de ese niño o niña”.

El psicólogo Manuel Córdoba, que trabaja con chicos de entre 14 y 18 años con delitos de violencia en uno de los centros de menores de la Comunidad de Madrid, suele encontrarse con dos tipos de familia: “las que han sido incapaces de imponer un límite, y eso al chico le causa sensación de abandono, porque cuando se relaciona con otros chicos ve que tienen límites y se pregunta si a él no le quieren; y aquellas familias, más ligadas a una clase media, en las que sucede todo lo contrario: han intentado desde el principio marcar a los hijos unas directrices muy claras y exhaustivas, un modelo de relación muy autoritario, y entonces el chico busca la individualización a través del conflicto”.

El acoso escolar

La desobediencia en casa de nuestros hijos a menudo suele traspasarse al ámbito escolar. Actualmente, estamos muy acostumbrados a escuchar la palabra bullying pero quizás no conocemos todas sus acepciones, ya que el maltrato entre compañeros o bullying no solo se refiere a golpear a un compañero, sino también a hacerle burlas o bromas pesadas, a ignorarle, a apartarle… Es decir, puede ser tanto un maltrato físico como verbal. El bullying tiene una especial incidencia en la adolescencia, cuando nuestros hijos empiezan a consolidar las relaciones y a escoger su propio grupo de amigos. Iñaki Piñuel, profesor y autor de “Mobbing. Violencia y acoso psicológico contra los niños”, dice que “lo primero que aprende un chaval de Primaria es que para no ser víctima hay que estar en el grupo de los gallitos, entre los que agreden. Una enseñanza que si no se corrige será definitiva en la vida adulta”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 23% de los escolares españoles sufren acoso. Por rangos de edades, el acoso es mayor entre los niños (el 24,4% de los escolares son víctimas) que entre las niñas (21,6%), y las mayores tasas se registran en Andalucía (27,7%), País Vasco y Navarra (25,6%), y las más bajas en Aragón (18%) y Canarias (19%).

Pero, ¿por qué existen tales índices? El psicólogo Bernabé Tierno achaca el maltrato escolar a la crisis de valores que existe en la sociedad. La mayor parte de los conflictos en el aula son resultado de la exclusión por razones de edad, sexo, raza o religión. Además de estos motivos de discriminación, los jóvenes también suelen separar a una persona del resto del grupo simplemente porque no les cae bien. Esta carencia de valores en la formación de niños y jóvenes resulta preocupante a padres y a profesores. Para prevenirla, debemos empezar por cuestionarnos si nuestros hijos forman parte de alguno de estos dos grupos: el de agresores y el de víctimas. Para ello, debemos estar muy atentos al comportamiento de los jóvenes.

A continuación, listamos algunos de los síntomas que, según los psicólogos, suelen mostrar los escolares que sufren acoso por parte de otros compañeros:

Su estado de ánimo cambia y a menudo está triste. Además, se muestra extraño, huidizo, asustadizo, etc. Suele estar estar nervioso y ello se refleja en miedos nocturnos, irritabilidad, etc.
Finge estar enfermo o exagera sus dolencias para no ir a la escuela. Incluso, falta a la escuela y da explicaciones poco convincentes cuando se le pregunta por qué.
Presenta moratones o heridas y no tiene amigos para jugar fuera del horario escolar.
En el bando opuesto, el joven agresor suelen mostrar los siguientes indicios:

Su actitud hacia los miembros de la familia es agresiva.Además, es excesivamente reservado y es casi inaccesible en el trato personal.
A menudo cuenta mentiras sobre los demás para justificar su conducta y parece no tener sentido de culpa cuando hace daño.
Algunos de sus compañeros se muestran silenciosos ante su presencia e incluso le rehuyen. Tiene objetos diversos que no son suyos y cuya procedencia no sabe justificar.
En caso de detectar alguna señal de que nuestro hijo está siendo agredido o bien ejerce bullying sobre otros compañeros, los padres debemos actuar enseguida, no sólo dialogando con él sino también con la escuela.

Los expertos achacan la violencia infantil y juvenil a la crisis de valores que existe en la sociedad y recomiendan a los padres hacer uso de la pedagogía de la convivencia pacífica.

Agresiones a profesores

La violencia escolar no solo se da entre alumnos, sino también de alumnos a profesores, e incluso de padres de alumnos a profesores. Según datos del sindicato ANPE, el 40% de los profesores no puede impartir sus clases con normalidad. Los casos más comunes de agresión son ataques contra la propiedad, presión sobre las notas, grabación con el móvil de vejaciones e insultos. Los profesores se quejan principalmente de la dificultad para dar clases. Y es que más de la mitad de los docentes presencian situaciones desagradables e incontrolables que les obligan a emplear más tiempo en controlar la disciplina y el orden que en ejercer la enseñanza. Según el presidente de ANPE, Nicolás Fernández Guisado, los profesores se sienten frustrados por las continuas incidencias de los alumnos.

En 2005 este sindicato puso en marcha el “Defensor del Profesor”, un servicio para asesorar, apoyar y ayudar a los docentes a hacer frente a las situaciones de acoso y violencia que sufren en sus centros. Entre los datos más relevantes, destaca que el 65% del profesorado que se dirige a este servicio se siente desatendido por el centro educativo o que el 30% de ellos padece una depresión diagnosticada. En cuanto a los problemas que padecen los profesores con mayor frecuencia, el 70% de las llamadas son para quejarse de dificultades para impartir clase; el 20% afirma recibir insultos por parte del alumnado, el 7% menciona agresiones de tipo físico y un 3% menciona problemas con la administración.

ANPE Madrid fue la primera en poner en funcionamiento este servicio, que recogía consultas de profesores de centros públicos, privados y concertados y también llamadas de otras Comunidades Autónomas. Pero a partir de detectar cada vez más necesidades, el servicio se ha instaurado ya en 14 comunidades.

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