URBANIZACIONES

He visto muchas veces esas urbanizaciones carísimas, incluso me he alojado en alguna de ellas, sintiéndome asquerosamente culpable, pero a salvo. Siempre me han parecido ominosas.

Por Paco Sánchez
LAS HE VISTO en varios países del Tercer o del Segundo Mundo. Son urbanizaciones para ricos: grandes, perfectamente autónomas -tienen de todo- y lujosas. Su característica principal, sin embargo, es la valla gigantesca que las aísla del mundo real, sin más hueco que una portería con garitas, fuertemente custodiada, por la que transitan coches enormes conducidos por personas bien parecidas que miran con aire distante, si es que consigues verles el rostro tras las ventanillas ahumadas que espejan indiferentes la miseria y ocultan las bolsas de la compra, no vaya a ser que produzcan tentaciones.

Más allá de la valla se multiplican las calles de tierra y los poblados de chabolas insalubres, la gente desharrapada, el hambre y todas las calamidades menos una: la avaricia. He visto muchas veces esas urbanizaciones carísimas, incluso me he alojado en alguna de ellas, sintiéndome asquerosamente culpable, pero a salvo. Siempre me han parecido ominosas. Llevaba años hablando de ellas como una metáfora de la corrupción, el desgobierno y la insolidaridad: una vergüenza. Hasta que caí en la cuenta de que yo mismo vivo en una de ellas. Se llama Europa. También tiene valla, avaricia e indiferencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *