UNA AGRESIÓN POR 90 €. VIOLENCIA ESCOLAR EN LA ESCUELA

Enrique Marcos Pascual
“Serás profesora aquí, pero no fuera”. La amenaza le costó a un alumno el pasado septiembre 90 euros, después de que la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de La Orotava (Tenerife) estimase, tras escuchar a las partes, que la reacción del adolescente era sólo una “falta leve” y que había “poca intencionalidad en la misma”. Y es que con la legislación actual “sobreprotege al alumnado mientras que se culpa a los docentes de todos los males”. Exigió que el docente sea considerado como “autoridad” en caso de agresión.

Los hechos a los que alude dicha sentencia sucedieron en el despacho de la dirección del Instituto de Enseñanza Secundaria, y según se relata en la misma, la reacción del adolescente se debió a que la profesora se negó a “repetirle” un examen. Al joven se le aplicó el artículo 620.2 del Código Penal.

En este caso, la docente tuvo el arrojo de presentar denuncia, algo que habitualmente no pasa porque los profesores no se encuentran respaldados ni por la administración ni por los compañeros para denunciar el acoso que sufren. Otros comportamientos consisten en grabar agresiones o humillaciones a profesores o alumnos y colgarlas en Internet es una práctica creciente y penosa. Preocupa y mucho a los profesionales de la docencia, así datos del curso 08/09 en el que 3600 docentes denunciaron ante el Servicio del defensor del profesor todo tipo de situaciones y conflictos con alumnos y padres: agresiones, insultos, asaltos, depresiones y un inacabable etcétera. Mientras que las agresiones de padres a profesores cayeron un punto en el último curso- del 3 al 2% aumentó la tendencia a colgar en la red imágenes de unos actos violentos que pasan del 6% al 11% de los casos comunicados. Por contra, se ha reducido del 40 al 34% la proporción de profesores que se ve incapaces de dar clase ante la hostilidad y la rebeldía de los alumnos. El 47% de ellos recurrieron al Defensor en pasado curso tenían problemas de ansiedad; el 21% padecían depresión y el14% estaban de baja. Sólo un 18% no tenían problemas anímicos. Un 29% no se siente respaldado por la dirección del centro y un 9% tampoco encuentra apoyo en la administración. Hasta un 6% se plantea dejar la profesión. Casi la mitad de las llamadas fue de profesores de secundaria, pero inquieta que el 35% procediera de maestros de primaria.

La dificultad para dar clase ante la indisciplina de los alumnos se redujo seis puntos el curso 08-09, 34% frente al 40 % del anterior. Las agresiones de alumnos caen del 9 al 8%; los insultos aumentan del 10 al 16%; las faltas del respeto del 12 al 22%; El acoso y las amenazas suben del 17 al 18%; del 5 al 6% los daños a la propiedad. Por el contrario caen del 3 al 2% las agresiones de padres, aunque crecen del 15 al 20% las amenazas y acoso de progenitores. Caen también del 24 al 19% las denuncias de padres, mientras que el acoso entre compañero se reduce del 9 al 5%. La presión de los padres para cambiar notas crece del 3 al 5%.

Cada vez estamos mas acostumbrados a escuchar diferentes tipos de violencia: sin duda lo grave que es la violencia de género, la violencia a los ancianos, el acoso escolar… y las consecuencias terribles que esto provoca. Otro tipo de violencia menos estudiada y que no se merece menos atención es el acoso que sufren los profesores en las escuelas.

Afrontan el reto de educar y los padres ponen en sus manos la responsabilidad de hacer de sus hijos hombres y mujeres de provecho, sin darse cuenta en muchas ocasiones de que es en casa donde se asientan las bases del aprendizaje. La disciplina tiene que existir, por supuesto, en el colegio pero los mismos problemas de disciplina existen en el hogar y tiene que ser controlada en este ambiente en coordinación con los centros docentes.

Los profesores se quejan de padecer una alta presión psicológica, sufriendo episodios de tensión o indisciplina entre los escolares. Realmente no es fácil obligar a un chico que no quiere estudiar a que se quede sentado varias horas atendiendo la explicación de una materia que no le interesa. Actualmente todo tiene que ser lúdico y divertido y los chavales no comprenden que la escuela no lo sea. Esto se convierte en violencia y boicot hacia la persona que creen “responsable” de esto: el profesor, pudiendo ejercer sobre él insultos, amenazas y agresiones físicas, que pueden llegar a ser graves vejaciones y humillaciones. Los docentes comentan que además los propios padres pueden apoyar dichas actuaciones, desautorizando a los profesores, minimizando la actuación de sus hijos o dándoles la razón.

Los acosadores, suelen ser adolescentes de 12 a 16 años, estudiantes de colegios e institutos tanto públicos como concertados y los acosados generalmente son las mujeres, ya que son mayoría en el profesorado.

La violencia cada vez es más común en el ambiente de los chavales: la televisión es el medio de comunicación por excelencia y en ella, los insultos y la violencia verbal es muy habitual. Del mismo modo aparece en los videojuegos, las películas o en su propia casa. Por lo tanto, los adolescentes (y en muchos casos los padres) lo consideran como un modo de relación y comportamiento normal. Enfrentándose a sus superiores, reafirman su posición de liderazgo ante sus compañeros, consiguen lo que quieren: perder clase y llamar la atención de su entorno: iguales, padres y el resto del profesorado. Todo esto, porque normalmente las consecuencias de este comportamiento no son tan negativas que compensen a corto plazo esta situación positiva de liderazgo y llamadas de atención. Por todo ello, las consecuencias en el profesorado es que se sienten quemados, frustrados, desmotivados y padeciendo altos niveles de estrés. Más de un 12% de las bajas por enfermedad en los profesores son por ansiedad y depresión. Los profesores optan, entonces por recurrir a vías judiciales para denunciar este acoso verbal o físico. Si buscamos las causas en el aprendizaje de los adolescentes, una de ellas puede ser que los padres intentan darle todo lo mejor a sus hijos y que no pasen por situaciones desagradables. Sin embargo los niños deben aprender a esforzarse en aquello que no es fácil y hacer cosas que no les gustan y que un superior le dice que hay que hacer. Así se adquieren las normas, se aprende a tolerar situaciones desagradables y se pondrán límites a su conducta.

Esta educación exige esfuerzo y dedicación por parte de los progenitores, pero educar nunca fue fácil: cuesta tiempo y esfuerzo el controlar a los niños sus deberes, imponerles una disciplina, dar ejemplo de ello, reunirse con los profesores y supervisar sus actividades. Muchos padres pueden acabar siendo permisivos y de este modo tanto los niños terminan sin tener normas y se comportan de este modo en la escuela.

Por lo tanto, para prevenir estas situaciones hay que llevar a cabo una educación integral y cuidar todos los elementos de este engranaje: familia, escuela, medios de comunicación y los iguales, que harán del adolescente una persona educada en valores.

La figura del docente no está “protegida” ante las agresiones a pesar de que la Fiscalía General del Estado cursó el pasado año una circular para que la figura del docente fuese considerada como “autoridad” y se castigaran más las agresiones.

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