UN PORRITO ¿NO HACE DAÑO A NADIE?

Ignacio Iturbe
La percepción del riesgo de las drogas ha disminuido entre los adolescentes, según una encuesta del Plan Nacional sobre Drogas, y ése es uno de los motivos por los que aumenta el consumo, especialmente el de cannabis, una droga que las jóvenes consideran en su mayor parte inocua, cuando en realidad tiene un poder adictivo importante y efectos nocivos sobre la salud. A esta falsa idea ha contribuido una mala interpretación de los mensajes que atribuyen al cannabis efectos terapéuticos e, incluso, otras veces llegan a despreciar sus “supuesto” efectos perjudiciales.

Según George F Koob, director de la división de psicofarmacología del Scripps Research Institute de California (Estados Unidos), uno de los centros de referencia en esta materia: “En Estados Unidos estamos viendo cada vez más personas de 50 años que acuden a pedir ayuda por adicción al cannabis, porque llevan años fumando en el jardín, mientras sus compañeros de promoción tenían éxito en la profesión o en los negocios”. Este experto considera muy peligrosa la permisividad que hoy existe en relación con el cannabis, que puede seguir el patrón de consumo de las llamadas drogas legales: alcohol y tabaco. La facilidad de acceso es uno de los factores que estimulan el consumo: no solo la toma con regularidad más de un tercio de los jóvenes, sino que se inician en el consumo cada vez más pronto: a los 13 años.

La tercera parte de los ingresos en los servicios de urgencias es por cannabis y, por tanto, es la primera causa de ingreso por drogas. “Vimos que algo grave ocurría con el cannabis, cuando nos dimos cuenta de que el 40% de los adolescentes que acudían a pedir tratamiento lo hacían por esta droga. Al principio no nos atrevimos a hacerlo público, para no ser tachados de retrógrados, pero al ver que la tendencia se mantenía, fuimos los primeros en lanzar la alerta”, ha dicho el presidente de Proyecto Hombre, Albert Sabatés, que también destaca que la marihuana que toman hoy los jóvenes es mucho más adictiva.

Símbolo romántico

La actitud de una parte importante de la población ante el porro es comparable a la que existía hace años respecto al tabaco, cuando se desconocían sus efectos devastadores para la salud pública. En el caso del porro, existe un matiz añadido. El porro ha sido y es un símbolo “romántico” de “libertad”, de un estilo de vida que no acepta limitaciones ni restricciones, un signo de rebeldía frente a la autoridad, o simplemente un signo de pertenencia, de “hermandad” con un grupo juvenil determinado, con movimientos de protesta o de resistencia civil. El porro también tiene un fuerte matiz ideológico, ya que ciertas corrientes políticas y/o ideológicas lo han utilizado también como un símbolo de protesta contra los “poderes establecidos”.

Por último, no han faltado, con cierta frecuencia, algunas noticias hablando de posibles efectos terapéuticos de los compuestos del cannabis, en ciertos pacientes con dolores intensos, etc. Estas noticias han introducido la falsa idea de que el consumo lúdico del porro no solamente no es dañino, sino que pudiera ser beneficioso para la salud. Este ambiente ha propiciado que algún ayuntamiento de nuestro país haya financiado incluso panfletos de “movimientos antiprohibición”, que llevan el título “cómo escaquearse de una multa por tenencia de cannabis”, destinados a ser distribuidos a las salidas de los colegios para explicar con todo tipo de detalle a los jóvenes, cómo deben proceder para que la policía no les multe si están en posesión de cannabis, para eliminar a tiempo cualquier prueba, para alargar los procesos judiciales a fin de que prescriban; en definitiva, para ayudarles a consumirlo mejor y de manera “segura”.

Información científica

Todo este ambiente contrasta con la información que la ciencia posee en la actualidad sobre el tema. En la literatura científica existen centenares de trabajos que demuestran el efecto perjudicial del porro para la salud pública. Sabemos hoy que 3-4 porros equivalen a 20 cigarrillos, en cuanto a daño pulmonar, y que la concentración de sustancias químicas cancerígenas en el humo del cannabis es mayor que en el cigarrillo. El cannabis tiene efectos a largo plazo y duraderos en el sistema nervioso central; los productos químicos del cannabis se acumulan en el cuerpo durante varias semanas y su consumo regular produce déficit de atención, incluso al abandonar el hábito.

El THC (el principio activo tetrahidrocannabinol) es particularmente soluble en aceite, por lo que tiende a concentrarse en los tejidos grasos del organismo, como es el caso del cerebro. Tiene una vida media de una semana, por esta razón a los siete días de su consumo, aún se mantiene sin eliminar el 50% del principio activo, favoreciendo su acumulación cuando el consumo es regular.

Trastornos psiquiátricos

Como consecuencia de este proceso existen algunos riesgos que hay que considerar:

* El consumo diario de hachís puede ralentizar el funcionamiento psicológico del usuario, entorpeciendo sus funciones superiores relacionadas con el aprendizaje, la concentración y la memoria.

* Otro tanto cabe decir de la ejecución de tareas complejas que requieran lucidez mental y coordinación psicomotora, como pueden ser conducir un vehículo a motor, tomar decisiones o subir a un andamio.

* Pueden darse reacciones agudas de pánico y ansiedad.

* En personas predispuestas, puede favorecer el desencadenamiento de trastornos psiquiátricos de tipo esquizofrénico.

No se puede entender la contradicción que existe entre esta información disponible a cualquiera, y la opinión y actuación de algunos colectivos de nuestra sociedad. Puede tratarse de errores que se cometen por falta de conocimiento de la evidencia científica, puede tratarse también de intereses de tipo político o ideológico. En cualquier caso, los padres tenemos el deber de reaccionar para proteger a nuestros hijos, y un camino que podemos emprender es ayudar a que la evidencia científica, salga a la luz para que nuestras autoridades actúen en consecuencia cumpliendo con su obligación. ”

Para Pensar

*¿Nuestro hijo fuma porros? La principal sospecha puede venir del ambiente en el que se mueve, del tipo de amigos, etc. Pero, además, podemos observar algún otro efecto físico como tos crónica o bronquitis. Solo en caso de consumo frecuente, podemos comprobar cierta ralentizaeión en su razonamiento o dificultades de concentración.

*Una sociedad y una cultura fundamentada en la trasgresión y en que no deben existir límites ni vínculos, que impidan satisfacer los propios deseos, es una sociedad indefensa ante cualquier adicción. Desde pequeños hay que formar en el autocontrol y en la existencia de valores más allá de la satisfacción de los deseos.

*El olor de un porro, que a la vista puede confundirse con un simple cigarrillo, es muy característico, dulzón y fuerte. Suele fumarse en grupos, pasándose el cigarro de uno a otro.

*En España no está penado el consumo de drogas y, por tanto, de porros, pero sí su tráfico. No es difícil encontrar el “camello” de cada zona; seguro que muchos jóvenes saben quién es. A esa persona que trafica sí se le puede denunciar, o conminar a irse de una determinada zona.

*El porro se fuma habitualmente en grupo y, a un hijo nuestro, quizá le puede dar “corte” decir que no si le ofrecen sus amigos. Ayúdale a reforzar su personalidad y dile que busque argumentos divertidos y veraces para decir que no. El sabrá cuales “pegan” más, pero algo así como “Tío, quiero estar en mis cabales”, “Que daña al cerebro y deja los pulmones hechos polvo”.

Para actuar

Hay una cierta corriente de opinión, en los medios, en el discurso de ciertos políticos, que parecen rendirse a este problema. No extraña, por tanto, que tantos jóvenes pidan la legalización del cannabis, apoyados por las noticias de los supuestos efectos beneficiosos. Hace falta, por tanto, expresar también nuestra opinión, aunque parezca contracorriente, y un buen modo de hacerlo es mediante las cartas al director.

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