Un español descubre, años más tarde, la verdad sobre Katyn

En los años 80, José María Jerez trabajaba como guía turístico en la URSS. Allí fue víctima de la mentira oficial sobre la masacre del ejército soviético a 22.000 militares polacos. Sólo después de ver Katyn en el cine, descubrió la verdad
En los años 80, yo estaba estudiando la carrera, y durante los veranos colaboraba con la agencia Munditur, que entonces estaba especializada en organizar viajes a la Unión Soviética para españoles e hispanoamericanos. Lo que más me llamaba la atención de la antigua URSS es que todo estaba muy controlado. Muy pocos mayoristas podían organizar viajes hasta allí, y los que podían los tenían que concertar con tres agencias estatales soviéticas. Les obligaban a llevar a los turistas por unos itinerarios cerrados y predefinidos por ellos, que incluían Moscú y la entonces llamada Leningrado, y algunas variaciones que incluían visitas a Rusia Central, Ucrania y las regiones bálticas.
Yo iba allí como técnico acompañante del grupo, para solucionar los asuntos prácticos del viaje y la organización, y resolver problemas. Nos acompañaba siempre un guía oficial ruso que hablaba español y que nos llevaba a los museos y a las zonas que teníamos permiso para visitar.
Era la época de Breznev, todo estaba muy controlado entonces, con muchos militares y mucha propaganda, algo clásico en un país comunista. No se imagina uno la cantidad de propaganda que había. No había carteles publicitarios como tenemos aquí, sino grandes murales en los que se reproducía la figura del obrero, y la hoz y el martillo por todas partes. Había muchísima austeridad, por no decir pobreza. No había cosas en las tiendas. La gente se mataba por un pantalón vaquero que pedía a los turistas. Y había colas para todo: estaba la gente por la calle y, de repente, montaban una cola frente a un local al que había llegado una provisión. Todo se hacía de manera muy ordenada, con muchísima vigilancia; era un Estado policial. Todo estaba pagado por el Estado. Los soviéticos compartían casas entre varias familias, en viviendas de lo más triste. No había bienes, ni suministros, ni comida, ni ropa. Existía una absoluta falta de posibilidad de elegir.
En los bosques de Katyn

Homenaje celebrado en Katyn, en memoria
del Presidente polaco y su esposaEntre los itinerarios que hacíamos, había uno que incluía Bielorrusia y los países bálticos, en el antiguo noroeste de la antigua Unión Soviética. De paso que estabas en Minsk, te acercaban -yo nunca supe por qué, ya que suponía ir a un lugar bastante apartado- hasta Smolensk, en la frontera con los países bálticos, en dirección a Polonia. Allí te llevaban al bosque de Katyn, y te explicaban que allí había tenido lugar una masacre de campesinos rusos a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Era un bosque muy tupido, muy bonito de verdad, un bosque como no ves en España, enorme, todo verde. Habían montado allí varias casas de madera en las que reproducían la vida de los campesinos que supuestamente habían matado los alemanes, pero allí no vivía nadie. Lo veneraban como que algo había pasado hacía años, y cómo el Ejército Rojo había recuperado luego el lugar para los rusos. Tenían también varios monumentos a la paz, al trabajo, a la libertad, en honor a los caídos. Explicaban que la masacre de la población la habían hecho los alemanes, y lo mezclaban todo con explicaciones de cómo vivían los lugareños a quienes habían matado. Pasabas allí una mañana y luego te volvías al itinerario.
No le di más trascendencia, hasta que hace poco fuimos a ver Katyn, una película sobre unos crímenes que había cometido el ejército ruso sobre el ejército polaco. Al principio no lo relacioné, y ni siquiera me recordaba a los lugares que yo había visitado. Pero, al salir del cine, pensé: Esto puede ser lo mismo, el mismo bosque que yo conozco. Fue un shock, empecé a atar cabos. Me sentí engañado. En aquellos años, cuando ibas allí, ya sabías que todo estaba muy controlado por el Partido Comunista. Lo percibías en el miedo de los guías, en la psicosis de Estado policial que estaba instalada allí, pero no me podía imaginar lo que había pasado de verdad, el asesinato de los oficiales polacos.
Todo eso me ha hecho interesarme más por la historia. Katyn es una película sobrecogedora, hecha desde una perspectiva en la que no hay odio ni rencor. Está hecha desde una perspectiva cristiana, con dureza pero sin revanchismo. Es sobrecogedor cómo rezan el Padrenuestro antes de ser asesinados. Es una de las mejores películas que he visto, hecha desde un ángulo que es difícil encontrar hoy.
José María Jerez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *