NO CONTENTARSE CON SER MEDIOCRES

06 Octubre 2010 – NO CONTENTARSE CON SER MEDIOCRES
Autor: – #549 – Categoría: Educación

Por decisión conjunta del gobierno británico y del Vaticano, el Papa Benedicto XVI ha estado en el Reino Unido del 16 al 19 de septiembre.

Aunque ha sido un viaje de Estado, lo que más le importaba al Santo Padre, como es natural, era su dimensión pastoral. Gran Bretaña tiene casi 60 millones de habitantes, de los que 5.264.000 son católicos: es decir, el 8,87 % de la población. Y otro dato muy interesante para el Papa: hay 806.334 alumnos en centros de educación católicos, desde las escuelas infantiles hasta la universidad.

Desde el comienzo de su Pontificado, Benedicto XVI se propuso confirmar a sus hermanos en la fe. Este viaje al Reino Unido, como los otros que ha realizado dentro y fuera de Italia, son una manera concreta de cumplir este objetivo. Por eso, entre tantos importantes encuentros que ha tenido, no quiso dejar de estar con los alumnos de todas las escuelas católicas de Inglaterra, Gales y Escocia. El encuentro tuvo lugar el 17 de septiembre en el Colegio Universitario Santa María de Twickenham.

Así comentaba el Papa este encuentro, en Roma, durante la audiencia general del día 22 de septiembre: “El segundo día comencé la visita a Londres. Allí me encontré primero con el mundo de la educación católica, que reviste un papel relevante en el sistema de instrucción de aquel país. En un auténtico clima de familia hablé a los educadores, recordando la importancia de la fe en la formación de ciudadanos maduros y responsables. A los numerosos adolescentes y jóvenes, que me acogieron con simpatía y entusiasmo, les propuse que no persiguieran objetivos limitados, contentándose con opciones cómodas, sino que aspiraran a algo más grande, es decir, a la búsqueda de la verdadera felicidad, que se encuentra sólo en Dios.”

El Papa quiso aprovechar esa oportunidad y lo que les dijo a esos jóvenes católicos merece que se difunda por todo el mundo. LLega a la cabeza y al corazón. Merece la pena leerlo despacio.

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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Queridos jóvenes:

Quiero manifestaros ante todo mi alegría por estar con vosotros hoy aquí. Os saludo con cariño a todos los que habéis venido a la Universidad de Saint Mary desde las diversas escuelas y facultades católicas de todo el Reino Unido, y a los que seguís este encuentro a través de la televisión o internet. Agradezco al Obispo McMahon su amable bienvenida. Doy las gracias también al coro y a la orquesta por la preciosa música que ha dado comienzo a nuestra celebración, e igualmente deseo expresar mi gratitud a la Señorita Bellot y Elaine por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los jóvenes aquí presentes. Con vistas a los próximos Juegos Olímpicos en Londres, me ha sido grato inaugurar esta fundación deportiva, llamada así en honor del Papa Juan Pablo II, y rezo para que cuantos vengan aquí den gloria a Dios con sus actividades deportivas y disfruten ellos mismos y los demás.

No es frecuente que un Papa u otra persona tenga la posibilidad de hablar a la vez a los alumnos de todas las escuelas católicas de Inglaterra, Gales y Escocia. Y como tengo esta oportunidad, hay algo que deseo enormemente deciros. Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI. Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad.

Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto. Quizás, alguno opina que la santidad no es para él. Dejad que me explique. Cuando somos jóvenes, solemos pensar en personas a las que respetamos, admiramos y como las que nos gustaría ser. Puede que sea alguien que encontramos en nuestra vida diaria y a quien tenemos una gran estima. O puede que sea alguien famoso. Vivimos en una cultura de la fama, y a menudo se alienta a los jóvenes a modelarse según las figuras del mundo del deporte o del entretenimiento. Os pregunto: ¿Cuáles son las cualidades que veis en otros y que más os gustarían para vosotros? ¿Qué tipo de persona os gustaría ser de verdad?

Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.

Dios no solamente nos ama con una profundidad e intensidad que difícilmente podremos llegar a comprender, sino que, además, nos invita a responder a su amor. Todos sabéis lo que sucede cuando encontráis a alguien interesante y atractivo, y queréis ser amigo suyo. Siempre esperáis resultar interesantes y atractivos, y que deseen ser vuestros amigos. Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida. Os atrae la práctica de las virtudes. Comenzáis a ver la avaricia y el egoísmo y tantos otros pecados como lo que realmente son, tendencias destructivas y peligrosas que causan profundo sufrimiento y un gran daño, y deseáis evitar caer en esas trampas. Empezáis a sentir compasión por la gente con dificultades y ansiáis hacer algo por ayudarles. Queréis prestar ayuda a los pobres y hambrientos, consolar a los tristes, deseáis ser amables y generosos. Cuando todo esto comience a sucederos, estáis en camino hacia la santidad.

En vuestras escuelas católicas, hay cada vez más iniciativas, además de las materias concretas que estudiáis y de las diferentes habilidades que aprendéis. Todo el trabajo que realizáis se sitúa en un contexto de crecimiento en la amistad con Dios y todo ello debe surgir de esta amistad. Aprendéis a ser no sólo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos, buenas personas. A medida que avanzáis en los diferentes cursos escolares, debéis ir tomando decisiones sobre las materias que vais a estudiar, comenzando a especializaros de cara a lo que más tarde vais a hacer en la vida. Esto es justo y conveniente. Pero recordad siempre que cuando estudiáis una materia, es parte de un horizonte mayor. No os contentéis con ser mediocres. El mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo. Necesitamos buenos historiadores, filósofos y economistas, pero si su aportación a la vida humana, dentro de su ámbito particular, se enfoca de manera demasiado reducida, pueden llevarnos por mal camino.

Una buena escuela educa integralmente a la persona en su totalidad. Y una buena escuela católica, además de este aspecto, debería ayudar a todos sus alumnos a ser santos. Sé que hay muchos no-católicos estudiando en las escuelas católicas de Gran Bretaña, y deseo incluiros a todos vosotros en mi mensaje de hoy. Rezo para que también vosotros os sintáis movidos a la práctica de la virtud y crezcáis en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compañeros católicos. Sois para ellos un signo que les recuerda ese horizonte mayor, que está fuera de la escuela, y de hecho, es bueno que el respeto y la amistad entre miembros de diversas tradiciones religiosas forme parte de las virtudes que se aprenden en una escuela católica. Igualmente, confío en que queráis compartir con otros los valores e ideas aprendidos gracias a la educación cristiana que habéis recibido.

Queridos amigos, os agradezco vuestra atención; os prometo que rezaré por vosotros, y os pido que recéis por mí. Espero veros a muchos de vosotros el próximo agosto, en la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid. Mientras tanto, que Dios os bendiga.
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LA RELIGIÓN PURIFICA E ILUMINA LA APLICACIÓN DE LA RAZÓN

22 Octubre 2010 – LA RELIGIÓN PURIFICA E ILUMINA LA APLICACIÓN DE LA RAZÓN
Autor: Benedicto XVI – #551 – Categoría: Ética y Antropología

Ofrecemos el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el 17 de septiembre de 2010, en Westminster Hall,a los representantes del mundo político, social, académico, cultural y empresarial británico, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático y los líderes religiosos.

El Papa expresó con claridad cuales son las cualidades indispensables para que un gobierno basado en la democracia triunfe y, poco a poco, pueda conquistar nuestro planeta y salvarlo de las Leer el resto de esta entrada »

“El niño tiene inteligencia para sacar las notas más altas”

Otro aspecto esencial en el desarrollo del adolescente es su madurez intelectual. A los jóvenes les preocupa mucho los estudios, los éxitos, los fracasos profesionales, ser listos, ser torpes, concentrarse o no a la hora de estudiar, servir para trabajar.

(…) Empiezas a ver las cosas de otra manera, no sólo por el presente sino también por el futuro, Leer el resto de esta entrada »

UN PROBLEMA DE HOY: ALUMNOS INSTRUIDOS PERO NO CULTOS

[Hay que ver cómo se ayuda a un alumno a llegar a ser una persona culta en una sociedad, como la actual, que es una sociedad de la información, de la cultura audiovisual, de la cultura de masas, de la cultura de consumo y de las subculturas…, pero que prescinde casi totalmente de los saberes humanísticos.]
por Gerardo Castillo

Con bastante frecuencia los profesores universitarios nos quejamos de que los alumnos que nos llegan desde la enseñanza secundaria carecen de una base cultural. Señalamos, entre otras, este tipo de deficiencias: escaso acervo de lecturas; mala comprensión y expresión oral y escrita; acumulación de conocimientos no estructurados ni interrelacionados; falta de conocimientos aplicados; escasa capacidad crítica; poco desarrollo de la sensibilidad estética; no saber aprender por propia cuenta.

Llama mucho la atención que bastantes de estos alumnos han accedido a la universidad con un buen expediente académico. Esto denota que son alumnos instruidos, pero no cultos.

Con planes de estudios que prescinden casi totalmente de los saberes humanísticos y que siguen basándose en la vieja división de la cultura en asignaturas, no hay que extrañarse demasiado de la proliferación de alumnos instruidos pero no cultos. Ese planteamiento tan desfasado ha contribuido mucho a la fragmentación de la formación cultural en las escuelas. El problema se está agudizando últimamente en una sociedad con gran especialización del saber.

Si queremos que de nuestras escuelas salgan personas cultas y no simplemente alumnos eruditos o muy informados, habrá que recurrir a proyectos de estudio y trabajo de tipo interdisciplinar en los que tengan cabida las Humanidades; también habrá que convencer a todos los profesores de que se trata de un objetivo especialmente valioso que pertenece a su función docente y educadora.

Además, habrá que ver cómo se ayuda, de hecho, a un alumno a llegar a ser una persona culta en la sociedad actual, que es la sociedad de la información, de la cultura audiovisual, de la cultura de masas, de la cultura de consumo y de las subculturas.

Los profesores de hoy se encuentran así con el reto de impulsar la cultura de sus alumnos en una sociedad afectada por una crisis de sentido cultural. La tarea sería inviable si los profesores partiéramos de un concepto reduccionista de la cultura, viéndola únicamente en su faceta objetiva: como resultado o producción científica, técnica, artística, literaria, filosófica, teológica, etc.

La definición de cultura sería incompleta si no incluyera su faceta subjetiva, la cultura como proceso, tal como se advierte en el significado etimológico de ese término. “Cultura” procede del verbo latino colo, que significa cultivar y cuidar con esmero. De este mismo verbo procede “agricultura”, el cultivo del campo.

Cultura es cultivo de la tierra humana en sus tres jardines: el de la inteligencia, el de la voluntad y el del corazón. Es cultivo interior de la persona humana, participación vital en los valores del espíritu, aprendizaje del verdadero vivir mediante el saber. La cultura subjetiva es cultura personal, en cuanto que es cultivo de la persona humana protagonizado por ella misma.

El saber objetivo nos aporta un material indispensable para el estudio y la contemplación; intentamos así trascender y superar ese saber, promover nuestro cultivo interior, pero no siempre lo conseguimos. El problema, como señala Yepes, es que ese saber objetivo científico y técnico está despersonalizado. Le falta ser de alguien. Y al no ser poseído sintéticamente por nadie se convierte en un saber deshumanizado.

La solución a este problema pasa por cambiar el modelo de enseñanza: hay que poner el acento no en la transmisión de conocimientos aislados, sino en capacitar a los alumnos para adquirir una visión global de la ciencia y del mundo en el que viven. Hay que capacitarles para integrar unitariamente la gran masa del saber, dotándole de un sentido más allá de él, de un sentido trascendente.

Sobre la estupidez y los estúpidos

Hoy en día hablamos de manera continua en términos de educación, de progreso científico y de mejoras de distinta naturaleza, pero ¿realmente existe dicho progreso? Con la ayuda de pensadores españoles y francófonos, este texto propone una reflexión sobre el concepto de la estupidez y la influencia del fenómeno en diferentes campos. Para comenzar, acudo al pensador francés Jean-Michel Couvreur que introduce una primera Leer el resto de esta entrada »

¿DEBEN GOZAR LOS GRANDES SIMIOS DE DERECHOS HUMANOS?

Felipe Fernández Armesto
El gran problema de nuestro mundo -fuente de todos los demás- es el desequilibrio del progreso. Hemos adelantado en todo -ciencia, medicina, tecnología- menos en inteligencia y moralidad. Nuestro único logro moral ha sido extender nuestro concepto de lo humano hasta incluir a gente de todas las razas y culturas del mundo. La propuesta Leer el resto de esta entrada »

LA CRUZ SALE DEL AULA Y ENTRA EL ORDENADOR

Enrique Gutiérrez Crespo
Quizá sea necesario volver a rescatar al crucificado de quienes lo han considerado patrimonio exclusivo de su grupo o de su feligresía. La cruz no es patrimonio de ningún grupo religioso

Hay noticias que resultan especialmente llamativas y que sin proponérselo reflejan la realidad de nuestro tiempo. Recientemente, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha avalado la supresión del crucifijo Leer el resto de esta entrada »