SOBRIOS POR VOLUNTAD PROPIA. Para padres y madres con hijos de 13 a 16 años

Conchita Requero
Hoy en día, en casi todos los ambientes y por diversas razones ha crecido una generación que ha tenido que esforzarse poco para conseguir todo aquello que desea. Un exceso de permisivismo por parte de los padres, que les han facilitado el consumo de productos, pone en peligro el ser de estos adolescentes, ya que las cosas dejan de ser medios para convertirse en fines en sí mismos, impidiendo que se desarrollen cualidades que les mejoran a ellos mismos y a los demás.

Se ha llegado a considerar que tener más equivale a ser más; olvidando que una persona mejora cuando desarrolla más sus cualidades. Cuando los sentidos se embotan por el afán de consumir, se pierde la capacidad de percibir las necesidades de los demás, o de la exigencia personal para dar de lo que se tiene al otro.

Darles lo que necesitan

Cuando damos en exceso a los hijos puede latir por debajo nuestro deseo de que no pasen por la escasez que nosotros hemos vivido. Pero hay que rectificar y darse cuenta del error: no hay que dar a los hijos lo que no tuvimos nosotros, sino lo que realmente necesitan.

Por una falsa compasión les estamos desprotegiendo ante las futuras dificultades y creándoles una mentalidad materialista que rehuye todo esfuerzo.

También tenemos que evitar el síndrome del hijo-escaparate, es , decir, que le compremos siempre ropas caras y a la última o que dé , una determinada apariencia para mostrar -consciente o inconscientemente- el estatus económico y social alcanzado. Así es difícil que asimilen la sobriedad como algo que deben interiorizar y poner en práctica.

Uso del dinero

En el proceso de madurez de los hijos hay un momento en el que se produce un salto muy significativo que consiste en pasar de tener cosas a tener dinero. En estos momentos, nuestro hijo comienza a descubrir la capacidad potencial del dinero que está en su posesión y si los padres no le enseñamos a administrarlo de una manera sensata, puede convertirse en un pozo sin fondo. Ahora se encuentra en esa edad: hasta este momento se ha podido actuar sobre la responsabilidad de sus pertenencias, de cuidar la ropa, etc. Ahora, habrá que servirse de las No hay que dar a los hijos lo que no tuvimos, sino lo que realmente necesitan mayores posibilidades que permite el uso del dinero.

Parece razonable que los hijos se inicien en el uso del dinero cuando sean capaces de no perderlo y sepan lo que tienen que devolver al hacer una compra. Hasta los diez años, las cantidades que pueden manejar son bastante pequeñas, unos pocos euros; pero a partir de esta edad y hasta los doce ya cuentan con la capacidad de disponer de cantidades más elevadas. Con trece años pueden contar con una paga semanal.

Cortos de dinero

Con el paso de los años, el nivel de vida ha ido subiendo y muchas familias pueden permitirse caprichos que antes eran auténticos lujos. Sin embargo, aunque la situación económica varíe, las necesidades de los hijos son siempre las mismas. Una manera de facilitar el autocontrol consiste en tenerles cortos de dinero para que sepan administrarse y controlar sus gastos, para que sepan que cuando gastan sin medida, se quedan sin dinero.

No hay chicos que hayan quedado «traumatizados» o «acomplejados» por haber andado escasos de dinero. Sin embargo, son muchos los adolescentes que se han ablandado por haber manejado demasiado dinero. Un chico tiene que saber por experiencia propia que el dinero es limitado. A la hora de darles dinero, tenemos que pensar que sea una cantidad razonable para que puedan desenvolverse dignamente en su vida diaria: dinero para merendar de vez en cuando, para salir a dar una vuelta con los amigos el fin de semana, para comprar de vez en cuando una revista o un libro en el que estén interesados, para ahorrar…

Si les tenemos cortos, hay que saber que a veces nos pedirán para algo más extraordinario, como un día en el Parque de Atracciones o una excursión organizada. En estos casos, lo normal será darle el dinero que precise ya que con su dinero de bolsillo no le llegará.

Además, a pesar de que disponen de poco dinero tenemos que incentivar el ahorro de nuestros hijos. En primer lugar, no tienen por qué gastarse todo; no es obligatorio. Y, en segundo lugar, siempre hay compras en las que tienen que participar con su dinero: regalo a los padres, ayudar para conseguir esas zapatillas que tanto le gustan, etc.

Instrumento educativo

Además de la educación en la sobriedad, con el uso del dinero pueden vivirse otras virtudes tan importantes y necesarias como las siguientes:

• El orden: si uno de los hijos quiere ahorrar para irse de campamento tendrá que disminuir sus pequeños gastos. De este modo, tendrá que organizarse y ver de qué cosas puede prescindir para conseguir la cantidad de dinero que necesita.

• La generosidad: cuando llegan fechas especiales, como los Reyes o los cumpleaños, los hijos pueden contribuir con parte de su dinero a comprar entre ellos un regalo para los padres o para amigos y hermanos.

Algunas claves para enseñar sobriedad

* Tienen que comer lo que hay, no exclusivamente lo que les gusta.

* Enseñémosles a comprar barato. Podemos hacer la compra con nuestros hijos adolescentes y mostrarles qué marcas nos conviene por sus bajos precios o las ofertas de temporada en frutas y verduras o en carnes y pescados.

* Hay que animarles a compartir sus cosas con sus hermanos y a poner algo de su dinero en actividades solidarias o para regalos hagan los hijos a los padres. Es importante que junto a la sobriedad pongan en práctica la generosidad, sino terminarán convirtiéndose en unos -»agarrados».

* Podemos ayudarles con un dinero extra a cubrir determinadas necesidades esporádicas, pero si quieren algo que no sea realmente necesario, que carguen con parte de los gastos con su paga.

* De vez en cuando podemos revisar con ellos sus pertenencias y animarles a deshacerse de las que no necesiten, ya sea para que no acumulen trastos o para que las cedan a hermanos o a otras personas. También hay que hacerles pensar si han usado lo suficiente estos objetos o su compra fue un capricho del momento.

* El ejemplo de los padres es lo más importante en el tema de la sobriedad. Si ven que no derrochamos el dinero en pequeños lujos innecesarios, les estaremos ayudando mucho.

Para pensar…

* Hay que saber distinguir entre caprichos y necesidades. En el primer caso; se pueden permitir de manera excepcional; por ejemplo, uno puede permitirse un capricho en ocasiones especiales como cumpleaños, Reyes, etc. Por ello, en el resto de los casos (cambio de móvil porque le gusta otro modelo) no se debe ceder.

* Los adolescentes necesitan reglas claras y precisas, aunque parezca que se rebelan ante la autoridad. No hay que tener miedo a mandar, a decirles NO a determinadas peticiones. Siempre que haya razones y buenos modos, aunque no les guste y lo demuestren, sabemos que estamos favoreciendo su educación.

* El dinero de bolsillo no puede incrementarse con las buenas notas. Esa es su obligación y no ha de existir una relación directa entre dos asuntos tan diferentes. Le aumentaremos la paga en la medida que objetivamente lo necesite o demuestre que es capaz de administrarse bien.

* Podemos ayudar a nuestro hijo a encontrar formas de pasarlo bien que no sean caras: Todo ello le ayudará a no caer en actividades de ocio pasivo o a identificar diversión con gastar.

…y actuar

Sí habitualmente tienen poco dinero para gastar usarán la imaginación para ir al cine, por ejemplo, el Día del Espectador o en algunas sesiones matinales de fin de semana, que son llamativamente más baratas. También estarán atentos a las ofertas que pueden encontrar en hamburgueserías y otros establecimientos, y sabrán esperar a que las tiendas de ropa estén de rebajas.

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