SOBRE LOS SIMPSON Y LAS SERIES INFANTILES DE TELEVISIÓN

[Hace apenas unas semanas, se ha elegido en Inglaterra a Los Simpson como la serie infantil más interesante de dibujos animados. Es un dato sorprendente. Quizá pueda gustar a algunos, o a muchos, la ironía mordaz que rezuma cada episodio, pero lo que no cabe la menor duda es que no es una serie dirigida a los niños. Dice el autor de este artículo, conocido crítico de televisión: “Un argumento acre y desengañado, un guión donde cada chiste es un (brillante) navajazo, una visión del mundo que abraza el nihilismo por pura desesperación. (…) evidentemente, no es una historia para niños: ningún menor de diez, y probablemente tampoco de veinte años, entenderá ese baño brutal de hiel sobre valores que en principio resultan inatacables, como la democracia o la libertad de expresión. Publicado en El Diario Vasco (7-II-05)” ]

# 123 ::Educare Categoria-Educacion

por José Javier Esparza, crítico de televisión.

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El malvado y despreciable Burns, tan rico como feo y torvo, desea hacerse con todo el poder en Springfield. Para ello se dedica a comprar todos los medios de comunicación de la localidad, ya con dinero, ya con amenazas y extorsiones. Sólo Lisa Simpson se resiste: su pequeño boletín se convierte en un éxito de ventas y la libertad de expresión se alza contra el villano. Finalmente, todos los ciudadanos de Springfield optan por editar su propio boletín: es la apoteosis de la libertad de expresión, pero, por debajo del sublime concepto, lo único que hay son toneladas de papel llenas de estupideces y necedades escritas por cualquiera. Es malvado el monopolista Burns, pero los demás son simplemente tontos. Moraleja: desconfíe usted del mal menor; no deja de ser un mal como otro cualquiera.

Este es el resumen del episodio de Los Simpson (el número 335) que vimos recientemente. Un argumento acre y desengañado, un guión donde cada chiste es un (brillante) navajazo, una visión del mundo que abraza el nihilismo por pura desesperación. No hay nadie capaz de contar estas cosas en formatos convencionales para adultos, porque nadie se atreve; se entiende, pues, que los creadores de la historia hayan optado por los dibujos animados, cuya expresa irrealidad permite que no nos tomemos el relato demasiado en serio.

Pero, evidentemente, no es una historia para niños: ningún menor de diez, y probablemente tampoco de veinte años, entenderá ese baño brutal de hiel sobre valores que en principio resultan inatacables, como la democracia o la libertad de expresión.

Los Simpson son temática adulta incluso cuando su tema es la crítica del asociacionismo infantil, como vimos en el episodio posterior; episodio, por cierto, en el que se reprobaba la tosca barbarie de esos niños atados a la tele y a productos salvajes como South Park, cuyos muñecos aparecían en la narración sanguinolentos y decapitados.

No se trata de que sea malo para los niños el que alguien les explique que la vida es una mierda; eso no es edificante, pero no es el problema principal de Los Simpson. El problema de los grotescos seres amarillos de Matt Groening, en un contexto como el que les atribuye Antena 3, es que son ininteligibles: estos dibujos están pensados para que al adulto convencional reflexione y no para servírselos a los niños a la hora de comer o en la noche temprana del sábado. Parece que el adulto programador de Antena 3 no ha reflexionado debidamente.

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