SOBRE LAS SERIES DE TELEVISIÓN

Jesús Juan Pardo
Desde el año 1992, las series de televisión de producción española han evolucionado considerablemente. En poco más de una década han pasado de ocupar un lugar secundario en la programación televisiva a ser líderes de audiencia.

Su calidad técnica ha mejorado considerablemente. Por lo general, cuentan con buenos actores, tienen “gancho” y presentan historias muy cercanas al espectador, que hacen que el público sea especialmente permeable a sus mensajes. Dosifican bien el ritmo narrativo. Utilizan recursos fáciles, pero bien llevados, e incorporan elementos de los “culebrones”, la comedia española, los videoclips y la publicidad.

La mayor parte de estas series se dirigen a todos los públicos y, en términos generales, se las incluye entre los programas de calidad de las cadenas. Sin embargo, desde el punto de vista educativo presentan con frecuencia serios inconvenientes.

A continuación se recogen algunas características más o menos comunes en este tipo de series:

1. Calidad técnica.

Cuentan con buenos actores y tienen “gancho”. Dosifican bien el ritmo narrativo. Por lo general, tienen bastante gracia, aunque en alguna ocasión se recurra a bromas un poco más zafias. Utilizan recursos fáciles, pero bien llevados, e incorporan elementos de los “culebrones”, la comedia española, los videoclips y la publicidad.

2. Cercanía.

Presentan personajes, historias y situaciones muy cercanas al espectador. Los capítulos se ruedan con gran proximidad a su fecha de emisión. Esto permite tener en cuenta las encuestas, las reacciones de la audiencia, etc. El lenguaje, aunque en ocasiones pueda ser algo grosero, le da también una gran verosimilitud a las situaciones. También se hacen referencias a las noticias de actualidad que están presentes en los medios de comunicación. Si se sigue la serie, es fácil encariñarse con los personajes.

3. Temas.

Los temas son también muy cotidianos y cercanos al espectador: procuran tocar todas las cuestiones que puedan afectar a una familia española actual. Tienen una importancia especial los temas afectivos: relaciones de amistad, enamoramientos, “ligues”, celos, enredos, relaciones sexuales, etc. Con frecuencia se ridiculiza a la Iglesia Católica y a la religión. No suelen ser ataques virulentos, sino caricaturescos. Presentan de modo amable modelos y conductas muy alejados de una visión cristiana de la vida. Al mismo tiempo, el tono de comedia suaviza la “agresividad” de los mensajes. Lo mismo sucede con la cercanía de los personajes: son de carne y hueso, con sus virtudes y defectos. El enfoque es especialmente superficial en las cuestiones relacionadas con el amor humano (relaciones prematrimoniales, infidelidades, absolutización del sentimiento, sexo como juego, etc.). A1 mismo tiempo, transmiten otros valores: capacidad de sacrificio por los amigos, sinceridad en los sentimientos, solidaridad, etc.

Se puede resumir la ética en el principio de “si bebes, no conduzcas”, aplicado a todos los ámbitos de la vida. No se cuestiona el “si bebes”, porque “todo el mundo lo hace”, sino que se procura evitar el daño que esto pueda causar.

4. Tono sensual y frívolo; carencia de pudor.

Parte del éxito de estas series es que no caen en lo pornográfico, aunque incluyen escenas sensuales. De este modo se presentan como un producto “apto para todos los públicos”. Se suele insinuar más de lo que se muestra, pero la sensualidad y la frivolidad en los diálogos, modos de vestir y de comportarse, etc. son un ingrediente habitual.

La falta de pudor es llamativa en las conversaciones, modos de vestir, situaciones, etc, pero resulta fácil acostumbrarse a este tono y terminar viéndolo como algo “normal”.

5. Sentimentalismo.

Forma parte del “gancho” de este tipo de series, y es eficaz con el público de cualquier edad, aunque su influencia es mayor con el público adolescente. Utilizan recursos fáciles, pero eficaces: música romántica, cámara lenta, primeros planos de las actrices, etc. Se insiste mucho en la sinceridad de los sentimientos, convirtiendo esta cuestión en el núcleo de la conducta moral.

6. Gran permeabilidad por parte del público.

El fin de este tipo de series no es educar, sino entretener, y sin embargo precisamente por esto su influencia en el público, especialmente en los niños y en los adolescentes, es enorme.
Por la propia naturaleza del medio de comunicación audiovisual, su recepción suele ser bastante pasiva y sin apenas reflexión por parte del público general. No exponen teorías, cuentan historias. Las series reflejan la sociedad, y al mismo tiempo influyen en ella.

Conclusión:

Estas series tienen cierta calidad técnica, son divertidas y cuentan con buenos actores, pero con demasiada frecuencia su tono es frívolo y sensual, y presentan de modo amable y cercano modelos y conductas poco cristianos.

Tienen gran éxito en el público desde los diez o doce años en adelante. Actuando con sentido pedagógico no parece recomendable verla con los más pequeños, ni siquiera con comentarios de los padres. Con chicos de dieciséis o diecisiete años quizá un poco más jóvenes, según su grado de madurez podría ser ilustrativo ver algún capitulo en familia (mejor grabado en vídeo), para explicar los motivos por los que no parece conveniente ver estas series de modo habitual.

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