SOBRE EL AMOR Y LA ANGUSTIA

Marivi Espada
Sin amor, el niño, el hombre ontológicamente se encuentra avocado a la angustia.

Todos los hombres; desde la infancia hasta el momento de la muerte, tenemos la acechanza de la angustia, del miedo; todos padecemos angustia y miedo en menor o mayor medida.

La medida es precisamente, inversa al nivel de amor que recibamos o que demos.

El hombre sin amor, se haya al borde del abismo.

El hombre necesita, para poder vivir equilibrado, el amor. El amor de ida y vuelta, el darlo y el recibirlo; pero sobre todo recibirlo, el sentirse amado es absolutamente vital para el hombre.

Generalmente un niño no te sabrá decir si le quieren o no, si se siente amado o no; pero si lo es, será un niño sano, alegre, descomplicado.

Un adulto si que sabe si le quieren o no y ahí radica la clave del éxito en todo. Si se siente querido, podrá avanzar, podrá esforzarse, podrá el mismo darse y querer a otros.

El niño, para su desarrollo psíquico equilibrado (e incluso físico) necesita del amor de sus padres o de las personas que le están educando y atendiendo. Amor no es sinónimo de blandenguería, de pasar por alto todo, amor es comprender, aconsejar, perdonar, disculpar, pero también es exigencia, el que ama sabe tirar del amado para arriba, le muestra el mejor camino, aunque a veces no sea el más fácil.

Y ¿por qué necesita el hombre el amor de manera tan acuciante? Por la similitud que tiene con su creador, la manida frase de “Dios es Amor” nos da la clave y la respuesta. El creador hace al hombre a su imagen, El es Amor y por tanto el hombre sin amor se encuentra descarriado y angustiado.

Todo el amor que damos y recibimos sale de la fuente del Amor que es Dios.

A través del cariño, de la comprensión que le demos a los niños, de saber escucharlos, de atenderles, de estar con ellos horas y horas, días y días, de ahí nace el equilibrio que necesitan para poder ir creciendo con armonía, para poder estudiar, para poder ir aumentando en la realización como persona.

Todo esto que a los padres y educadores nos sale de forma natural, en realidad está fundamentado en el Dios-Amor, del que es bueno hablar y es bueno saber transmitir, porque es de donde se saca el verdadero apoyo y es el que nos aleja de la angustia y del miedo existencial.

El amor es tan importante y bueno que, a menudo nos encontramos con familias, que tienen lejos de su pensamiento a Dios, que viven como si El no existiese y sin embargo tienen unos hijos equilibrados, sanos, alegres. La causa es precisamente que se saben dar, que se quieren, que esos padres aman y saben educar en el amor. Por sí solo el amor es el anclaje para el Ser.

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