SI TU LEES…TUS HIJOS LEEN

Itxaro Sorozabal
Recientemente hemos podido ver una simpática y acertada campaña gubernamental promovida por el Ministerio de Cultura del gobierno de España encaminada a promover el recomendable hábito de la lectura entre los ciudadanos.

En ella se veía una secuencia en la que una niña de unos ocho o diez años imitaba milimétricamente cada gesto y cada movimiento de su padre: Era como el espejo de éste, que reproducía cada uno de sus acciones: tomar el desayuno mientras leían (el padre la prensa de la mañana, ella un libro con grandes ilustraciones) o cruzar las piernas, revolver el café… así toda una secuencia de gestos hasta terminar marcando una página y cerrando el libro. La escena terminaba con el slogan de la campaña “si tu lees, tus hijos leen”.

Y es que es así: somos –y mucho más a edades tempranas- lo que es nuestra familia: En las familias en las que hay afición al deporte, los hijos de ordinario, suelen ser grandes aficionados al tenis, al paddle, a esquiar…si en la familia hay ambiente y hábitos de orden los hijos así lo reflejan; si hay alegría, los hijos son alegres. Esto es algo que cualquiera puede ver y en los centros escolares se comprueba diariamente.

Por el contrario -dado el mimetismo por el que las personas realizamos muchas de nuestras conductas- también podemos afirmar lo opuesto: si tu gritas, tus hijos gritarán; si eres agresivo, los niños actuarán de forma similar; si tu criticas, tus hijos hablarán mal de sus amigos; y así sucesivamente.

Tenemos los valores que por ósmosis recibimos en la familia: si hay interés por lo material y por el triunfo del que más tiene, nuestros hijos serán agresivamente competitivos. Si, por el contrario, fomentamos en nosotros valores superiores -y trabajamos más el ser que el tener- es muy probable que así lo hagan ellos; si rezamos y somos solidarios, si procuramos formarnos y luchar contra nuestros defectos, eso aprenderán nuestras hijas e hijos. Por eso, me ha parecido tan oportuna esta campaña en la que nos recuerdan a los padres y madres, que no podemos delegar en otros la responsabilidad de educar a nuestros hijos: Si queremos que nuestros hijos e hijas hagan algo, antes hemos de realizarlo nosotros.

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