SEXUALIDAD: ¿POR QUÉ ESPERAR?

Esperar merece la pena si lo que se espera es más grande que lo que se tiene. hay algunas cosas claras y a partir de ellas se puede buscar.

Por Cristina López Schlichting
En revista «Supergesto», agosto 2003.

Esto de la sexualidad parece un follón. En muchas revistas te dicen que hagas lo que te apetece, que el objetivo es el placer. A la vez, uno siente que no todo da igual. Que no es lo mismo sentirse amado que no. De hecho, intuye que está hecho para ser amado. Así pues, hay algunas cosas claras y a partir de ellas se puede buscar.

Creo que lo importante del sexo no es muy distinto de lo importante de la amistad, del estudio o de un libro o una música que te gustan. En todos los casos se trata de buscar la felicidad partiendo de algunas certezas. La primera de ellas es que uno o una no es feliz solo. Necesita ser querido. Un chico o una chica que se desarrollan no sólo notan apetencias sexuales, sino que además quieren que otro u otra se enamore de ellos. Así pues, tu cuerpo que cambia, que crece, que se va pareciendo al de los adultos, está manifestando un deseo de otro o de otra.

Sensación de soledad

El deseo sexual está intrínsecamente unido en los humanos al deseo amoroso. Eso explica la sensación de soledad que te queda cuando practicas el sexo a solas o cuando te acercas a otro o a otra sólo para probar. Al cuerpo, la mente y al corazón de los humanos les gusta funcionar a la vez. Es más, sólo disfrutan verdaderamente cuando funcionan a la vez.

La dificultad está en que ese “otro” u “otra” que tu cuerpo y tu mente intuyen no están todavía a mano. Están en alguna parte cambiando como tú y pensando sobre las cosas como tú…y esperándote. Ahora bien, esperar cuesta. Como cuesta encontrar un disco bueno, hacer un buen amigo o ahorrar para conseguir aquello que quieres comprar. Cuesta, pero merece la pena si lo que se espera es más grande que lo que se tiene. No conviene fiarse de los que no saben esperar. Son gente que se conforma con lo fácil. Gente que compra lo de peor calidad por no ahorrar. O gente que traiciona a los amigos cuando les resultan molestos o cuando cuesta dar la cara por ellos.

Se necesita entrenamiento

Esperar es entrenarse, entrenar el cuerpo, la mente y el corazón para lo que de verdad merece la pena. Pero podrías preguntar ¿por qué no aprovechar el sexo mientras espero? El problema es que las cosas no pasan sin más. Lo que ocurre tiene consecuencias. Por ejemplo, es difícil que un chico o una chica que disfrutan con cualquiera valoren el que otro u otra haya esperado por ellos. Ocurre como con los amigos de segunda: tú les importas lo mismo que cualquier otro. Otro ejemplo: los que se obsesionan practicando la sexualidad a solas se educan en el narcisismo. Narcisismo significa amor a uno mismo. Aprenden a ser el centro, aprenden a hacer lo que les apetece. Es muy difícil que una persona así tenga después gusto por ayudar a otro o a otra, por hacerle feliz, por no imponerle, sencillamente, sus deseos, sus exigencias.

En definitiva, el aprendizaje sexual es como el deporte o el trabajo: es imposible correr los cien metros lisos sin prepararse duro durante años. Es imposible alcanzar el puesto de trabajo que te hará disfrutar si antes no estudias con ahínco. En los tres casos se trata de demorar los impulsos de ahora (correr hasta reventar, sin medir los tiempos; o hacer el vago) para obtener algo mejor.

Pocas cosas hay más impresionantes que enamorarse de quien te estaba esperando. Pocas cosas más bellas que madurar para ser adulto y entregarte a otro adulto que te prefiere al resto del mundo. No te preocupes si en este camino metes la pata. Lo importante es levantarte y caminar de nuevo. Los hombres y las mujeres grandes se hacen en la lucha. Lo único triste sería que tirases la toalla. Porque la meta merece la pena.

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