SEGÚN UN ESTUDIO, VER MUCHA TELE ACENTÚA EL FRACASO ESCOLAR

Iñigo Urrutia
El fracaso escolar de los escolares guipuzcoanos tiene una correlación directa con el número de horas que dedican a la televisión: ver mucha tele es igual a suspensos. Televisor en el cuarto, sin control y a cualquier hora, más cates. Un estudio realizado con más de 300 alumnos de entre 12 y 14 años de colegios de San Sebastián desvela unas rutinas que contravienen a priori unos hábitos saludables desde el punto de vista de la formación y educación.

La influencia de la televisión en el fracaso escolar es el título del estudio realizado por cinco alumnos de último curso de Ingeniería Industrial de Tecnun (Universidad de Navarra) bajo la supervisión del profesor Ángel Bague, para la asignatura de Recursos Humanos. Encuestaron a 317 escolares de Marianistas, Compañía de María e Instituto Peñaflorida y los resultados son desoladores.

Rosalía de las Rivas, líder del grupo de estudio, asevera que «la televisión no es mala en sí, los problemas se suscitan cuando se hace un uso indebido, aunque la conclusión a la que hemos llegado es que refleja un problema mayor, derivado de la desestructuración de la institución familiar: a los niños no se les prohíbe nada, se les da una falsa libertad por la que pueden hacer lo que quieran, y lo que hacen es ver mucha tele».

No obstante, el estudio detecta que si bien los niños ven un promedio de 218 minutos de tele al día, según diferentes estadísticas, este consumo se está reduciendo porque ganan terreno internet y las viodeconsolas (nintendo, wii, playstation…). El consumo televisivo medio de los adultos en el País Vasco es de 198 minutos y en España, de 222 minutos diarios.

Así y todo, la caja tonta es la reina de la casa y los autores del estudio se llevaron su segundo sobresalto al constatar que la franja horaria preferida de los escolares es la comprendida entre las 21.00 y 24.00 horas, «un horario en el que priman la telebasura junto con programas de calidad dudosa, cuando esas horas deberían ser de descanso, ya que entre semana los escolares deben madrugar para ir al colegio». Los autores señalan que muchos alumnos les preguntaron por qué en los formularios no había casilla para marcar que veían la tele más allá de la una de la mañana.

Sin restricciones

Mucha tele, a horas intempestivas -más del 60% la ve más allá de las 10 de la noche; el 25% hasta la una de la mañana los días festivos- y con contenidos para adultos. No hay límites, tele a la carta, como lo demuestra que el 36,5% de los adolescentes vascos de entre 12 y 16 años tienen un televisor en su habitación.

Con estos hábitos, el horario de protección infantil implantado en las cadenas televisivas entre las 8 y las 9 de la mañana y las 5 y las 8 de la tarde carece de eficacia al menos para quienes han acabado la educación Primaria y emprenden la Secundaria.

Una de los comentarios más frecuentes y que llamó la atención de los encuestadores fue que «muchos alumnos ponían cara de sorpresa cuando se les preguntaba si sus padres les prohíben ver algún programa concreto. La palabra prohibición les produce extrañeza». En los casos en que sí hay censura previa, lo que no suele haber es control efectivo, pues lo habitual es que el escolar vea la tele solo. El 37% de los encuestados afirma que siempre ve la tele con sus padres; el 31% que con o sin progenitores, y el 32% sin los padres. De este último segmento, el 15% ve la tele en absoluta soledad.

El estudio subraya que los niños cuyos padres les prohíben ver algún programa en la televisión, obtienen por término medio un suspenso menos que los que no tienen ningún tipo de restricción ante el televisor.

Estereotipo ‘Serrano’

El estudio también incluyó la «observación directa» de la vestimenta de los encuestados, y los autores comprobaron que «hay grupos significativos de chicos y chicas vestidos a la moda de los estereotipos que venden muchas series, como Los Serrano, sobre la que los autores hacen un juicio ideológico muy severo: «Plantea situaciones disparatadas que se alejan sobremanera de la realidad de una familia normal. Una serie muy dañina, puesto que se dirige a las familias y las seduce haciéndoles creer que todo lo que cuentan es moderno y bueno, y donde tener tan sólo 13 años es sinónimo de mujer adulta».

En este sentido, apuntan que «en los colegios vimos niñas de entre 12 y 14 años, muy maquilladas, con ropa muy ajustada, faldas muy cortas y con tacones». Cristina Pastor, otra de las autores del estudio, abunda que «son chicas de 12 años y parece que tienen 19. Siguen los estereotipos de series como Los Serrano o Los hombres de Paco».

Preguntados por sus programas favoritos, el estudio concluye que ganan los deportivos, seguidos por «las series que definimos como deformadoras de la realidad, y a mucha distancia por series consideradas admisibles y los programas educativos», como Saber y Ganar o Pasa Palabra (ya retirado de la parrilla).

Entre las series «deformadoras» el estudio incluye Los Serrano, Hospital Central y Los Hombres de Paco, cuyos contenidos juzga inadecuado para los niños por inmadurez para discernir la ficción de la realidad, porque «lo que la televisión les ofrece es lo que toman como modelo a imitar. No tienen capacidad para realizar una crítica y no se cuestionan si la forma de actuar de los personajes es la correcta».

Para los autores son admisibles, «que no adecuadas», CSI, House o Sin rastro, de las que critican el grado de violencia de algunos episodios y el vocabulario de los personajes.

A tenor de las respuestas, los programas del corazón y los realities no gozan de mucho predicamento entre los escolares aunque este tipo de programas suele obtener las mayores audiencias.

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