Rectificación del aprendizaje

Tan universal y constante es la aparición de errores en el aprendizaje, que muchos psicólogos han llegado a considerarla como esencial en su propio proceso; para ellos, todo aprendizaje se desarrollaría a través de ensayo, error y acierto. Los errores predominarían en los comienzos del aprendizaje y serían poco a poco eliminados y sustituidos por los aciertos, en virtud del esfuerzo del alumno orientado por el profesor.
Enseñar, entonces, sería, predominantemente, ayudar a los alumnos a eliminar sus equivocaciones y sustituirlas por aciertos, asegurándoles un dominio progresivo de la materia.

En todo caso, el hecho es que la aparición del error es una constante en la evolución del aprendizaje sistemático y que el profesor debe ser capaz de enfrentar su aparición, calificando los errores, identificando sus causas y corrigiéndolos de la manera más indicada y oportuna.

En las materias en que predominan las destrezas y habilidades (como idiomas, dibujo y cálculo), la rectificación de los errores se debe hacer durante todo el proceso de aprendizaje, de forma gradual y fragmentaria.

En las materias llamadas de “contenido informativo” (como historia, geografía, ciencias, etcétera), la rectificación constituye una fase aparte, en la cual se procura hacer ex professo el diagnóstico y la rectificación del aprendizaje antes de pasar a la fase de su integración final. Una parte esencial de la rectificación consiste en actualizar los fundamentos mal aprendidos o ya olvidados por los alumnos.

La conclusión a que llegamos es la de que el diagnóstico y la rectificación son procedimientos esenciales e indispensables para la marcha del aprendizaje auténtico; éste reclama repasos reiterados mediante los cuales se procede a eliminar errores y a corroborar los aciertos hasta que los alumnos llegan a dominar plenamente la materia aprendida.

Para lograr la rectificación de los aprendizajes se pueden seguir estas normas prácticas:

a) Incentivar de la mejor forma posible a los alumnos para que superen sus deficiencias. El problema fundamental de esta fase es la motivación. Cultivar entre ellos una actitud sana y deportiva en relación con las deficiencias y los errores. El profesor no debe mostrarse áspero, impaciente ni sarcástico por las faltas cometidas por el alumno; debe interesarlo en corregir sus propios errores y elogiar sus progresos.

b) No engendrar errores artificiales, Llevar a los alumnos a descubrir los propios errores y a corregirlos con discernimiento.

c) No precipitarse en apuntar o corregir los errores; hacerlo solamente cuando los alumnos se revelan incapaces de identificarlos y corregirlos.

d) Inducir a los alumnos a razonar primero para rectificar sus errores. La mera rectificación mecánica sin la ponderación reflexiva es inoperante y es nula su contribución para mejorar el aprendizaje.

e) Para recuperar los conocimientos básicos se impone un continuo y paciente retorno a los fundamentos y principios de la asignatura, a sus reglas y normas, reavivando la memoria para asegurar el nuevo aprendizaje.

f) Reconocer lealmente el empeño y el esfuerzo de los alumnos para corregir y acertar; elogiar sus aciertos y sus progresos. Procurar inculcarles confianza en sí mismos y proporcionarles la satisfacción de ver su tesón coronado por el éxito. Quizá lo que más necesitan los alumnos deficientes es confianza en sí mismos, sentir que son capaces de superar sus errores y progresar en el estudio de la materia.
Luis Alves Mattos. Compendio de didáctica general (adaptación)
Con la autorización de Editorial Kapelusz.

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