RECREO

Por Paco Sánchez

TERMINA agosto y, para algunos, es como si terminara el recreo: un tiempo de despreocupación, una especie de paréntesis que nada tiene que ver con la vida normal, plagada de pequeñas rutinas y de prisas monótonas, repetidas, un mundo de facturas y de apremios. Son estos los candidatos al tan manido síndrome posvacacional. Pero abundan más los otros, los que tienen un proyecto y no vuelven a nada, porque, en el fondo, nunca se fueron. Se limitaron a descansar, a reponerse de los rasguños, a tomar distancia para ganar en serenidad. Son los que tienen un proyecto profesional y vital. Para esos no hay paréntesis, sólo tiempos distintos que se integran de manera armónica en un todo sobre el que manda un cariño, un compromiso que abraza la existencia entera. Y si disfrutan con la mayor cercanía de los suyos, saben que ahora, cuando se la recorten, ellos siguen estando allí: en cada cosa que hacen, en cada batalla que ganan y también en las que pierden. En fin… cada cual tiene sus tiempos, y hay quien recarga pilas en un santiamén mientras que a otros un mes no les llega a nada. Depende bastante de la edad, pero intuyo que la diferencia radical estriba, sobre todo, en el proyecto. Ojalá tenga uno bonito.

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