Que sólo la muerte los separe

¿Por qué se rompen tantos matrimonios? ¿Por qué tantas uniones no son capaces de aguantar el impacto de la primera crisis? Benedicto XVI ve una causa decisiva: muchas parejas llegan al Matrimonio sin una buena preparación. Por este motivo, se dispone a lanzar en toda la Iglesia universal iniciativas para los novios. Ya hay varias propuestas concretas sobre la mesa, como aumentar la duración de los cursos para novios entre seis y nueve meses, con grupos de novios mucho más reducidos que en la actualidad

La preparación al Matrimonio «en nuestros días es más necesaria que nunca», advirtió el Papa en la última Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Familia, celebrada en Roma el 8 de febrero pasado, que congregó no sólo a cardenales y obispos, sino también a parejas de los diferentes continentes que, con su experiencia y testimonio, contribuyen a la reflexión global de la Iglesia sobre las vicisitudes y desafíos que hoy afronta la célula fundamental de la sociedad.
Tres momentos
Benedicto XVI explicó que la preparación al Matrimonio abarca tres momentos principales: una preparación remota, una próxima y otra inmediata. «La preparación remota -explicó- concierne a los niños, los adolescentes y los jóvenes. Implica a la familia, la parroquia y la escuela, lugares en los que se educa a comprender la vida como vocación al amor, que después se especifica en las modalidades del matrimonio y la virginidad por el reino de los cielos, pero se trata siempre de vocación al amor. En esta etapa, además, deberá salir a la luz progresivamente el significado de la sexualidad como capacidad de relación y energía positiva que es preciso integrar en el amor auténtico».
En segundo lugar, el Papa propone una preparación próxima para los novios, que «concierne a quienes están prometidos, y debería configurarse como un camino de fe y de vida cristiana que lleve a un conocimiento profundo del misterio de Cristo y de la Iglesia, de los significados de gracia y responsabilidad del Matrimonio. La duración y las modalidades para llevarla a cabo, necesariamente, serán distintas según las situaciones, las posibilidades y las necesidades». El Papa pidió «que se ofrezca un itinerario de catequesis y de experiencias vividas en la comunidad cristiana, que prevea las intervenciones del sacerdote y de varios expertos, al igual que la presencia de animadores, el acompañamiento de alguna pareja ejemplar de esposos cristianos, el diálogo de pareja o de grupo y un clima de amistad y de oración».
En tercer lugar, el Papa propone una preparación inmediata en ese período de acercamiento al Matrimonio. Hoy día parece que la Iglesia se limita a examinar a los prometidos. Benedicto XVI propone «incluir una catequesis sobre el rito del Matrimonio y sobre su significado, el retiro espiritual y la solicitud a fin de que los fieles y, en particular, quienes se preparan a la celebración del Matrimonio lo perciban como un don para toda la Iglesia, un don que contribuye a su crecimiento espiritual».
En este contexto, el Papa pide que «los obispos promuevan el intercambio de las experiencias más significativas, estimulen un serio compromiso pastoral en este importante sector y muestren especial atención a que la vocación de los cónyuges se convierta en una riqueza para toda la comunidad cristiana y, especialmente en el contexto actual, en un testimonio misionero y profético».
Un vademécum

Un momento de un cursillo de preparación al MatrimonioY para que estas propuestas no se queden sólo en teoría, el Papa ha pedido que la Santa Sede, a través del Consejo Pontificio para la Familia, publique un vademécum para la preparación al matrimonio. Según ha podido saber Alfa y Omega, este documento podría estar concluido a finales de 2011. En la última Asamblea de este Consejo Pontificio, su Secretario, monseñor Jean Laffitte, presentó la estructura que podría tener ese documento. Basándose en la constatación de que, en general, no hay planes diocesanos para la preparación al Matrimonio, el vademécum busca encontrar un método unívoco, pero teniendo en cuenta las realidades tan diferentes que se dan en el mundo.
Según las primeras indicaciones, parece claro que los cursos de preparación al Matrimonio tendrán que ser más largos que en la actualidad, sin que, como a menudo ocurre, baste un fin de semana. Estos cursos podrán tener entre seis y nueve meses de duración, y se dirigirán a grupos menos numerosos que los actuales, que llegan a tener hasta unas treinta parejas. Cuando los participantes son demasiados, se explicó, sufre el diálogo, la escucha y el acompañamiento que el camino de preparación al Matrimonio exige.
En la Asamblea se presentaron las directrices, Lineamenta, de ese documento, que se divide en tres partes: la primera hace referencia a la maduración del amor humano; la segunda afronta de lleno la preparación al Matrimonio con las exigencias de acompañamiento a los candidatos y la celebración del rito; y la tercera se dirige a las parejas ya casadas para promover una cultura de la familia abierta a la vida.
Como telón de fondo del documento, aparece la constatación del pesimismo difundido entre los jóvenes, que si bien en un 90% ponen a la familia en el primer lugar de sus valores familiares, tienen que vérselas con el número cada vez mayor de separaciones y divorcios. Se ofrecieron datos muy preocupantes relativos a la costa occidental de Estados Unidos, Gran Bretaña, Bélgica o la región de París, donde el 50% de las parejas se rompen, víctimas de una cultura de usar y tirar, que no comprende el compromiso. Esta cultura ha sustituido el amor para siempre, por el amor mientras dura, pues ya no tiene en cuenta la sacralidad del amor humano.
El vademécum afrontará realidades muy diversas: en los países occidentales -se constató-, hay zonas en los que el 90% de los candidatos al matrimonio conviven en pareja, mientras que en la India todavía se da el problema de la dote, casi desaparecido de América y Europa. La preparación cristiana también presenta un mapa muy variado. Si bien en Europa cada vez hay más personas que quieren casarse sin haber sido confirmados o incluso sin haber recibido la Primera Comunión (su último contacto con la Iglesia tuvo lugar al inicio de la adolescencia), hay realidades como las de Filipinas, Corea del Sur, la India, África e Hispanoamérica, donde la pastoral familiar se ha desarrollado mucho en los últimos años, y cuenta con la contribución de parejas.
En el encuentro también se constató que, en algunos países, en concreto España, Francia, Portugal, Italia y países de lengua alemana, la preparación al Matrimonio se queda en tres o cuatro encuentros sin contenido. Ahí hay varias cuestiones a corregir, pero se trata también de aprovechar ese momento -como explicó monseñor Laffitte-, para favorecer la reconciliación con los sacramentos de los candidatos al Matrimonio. De eso también va a ocuparse el vademécum, que intensificará el aspecto catequético. Además, en el ámbito más específico del Matrimonio, se pondrá mayor énfasis en verificar la voluntad auténtica de los novios, subrayando la indisolubilidad, la fidelidad y la necesidad de perdón en la vida de la pareja, así como la apertura a la vida.
En definitiva, el documento responderá a las preguntas: ¿Qué significa casarse? ¿Qué hace falta para ello? ¿Quién puede casarse? ¿Qué significa estar casados? ¿Qué significa vivir como casados?
Jesús Colina. Roma

Los riesgos de una mala preparación
El vademécum encargado por el Papa al Consejo Pontificio para la Familia supone un instrumento de ayuda a todas las parejas que quieren que su relación comience con buen pie y se desarrolle sin sobresaltos en el futuro -es decir, a todas-. Para dar una idea de lo necesario de una buena preparación, bastan unos pocos datos. El Centro Nacional de Estadísticas Sanitarias, de Estados Unidos, ha publicado un estudio revelador: las parejas que viven juntas antes de casarse tienen, como promedio, una probabilidad 6 veces mayor de romperse, antes de que lleguen a los diez años de convivencia, que las que esperan a convivir tras el Matrimonio. Y después de esos diez años llega la hora de pagar los platos rotos: el Informe Lo que nos cuestan las familias rotas, realizado por el Institute of Marriage and Family, de Canadá, estima en más de 4.500 millones de euros el coste anual del divorcio para el Estado canadiense, una cifra que la British Relationships Foundation valora en casi 55.000 millones de euros al año para las arcas británicas. Todo ello da fe de lo serio que es unirse a otra persona para siempre, una decisión que no se debe tomar a la ligera y a la que el Papa quiere ayudar de la mejor manera posible.

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