Propuestas para revitalizar el matrimonio

Un nutrido grupo de investigadores americanos lanza un debate intelectual sobre las ventajas del matrimonio.

En los últimos años está presente en la sociedad civil norteamericana un fuerte movimiento a favor de revitalizar el matrimonio. Un debate que vaya más allá de los adjetivos tópicos de conservador o progresista, exige tener en cuenta lo que las ciencias sociales han revelado sobre los efectos y costes sociales de distintas formas familiares. Esto es lo que se han propuesto un nutrido grupo de profesores universitarios norteamericanos de primera fila, en un documento (1) que destaca por su análisis y sus propuestas.

No es nada fácil sintetizar en poco más de cuarenta páginas las ventajas que supone el matrimonio para la pareja y para la sociedad, así como identificar las tendencias que hoy lo amenazan y formular unas propuestas de reforma asequibles. Y citando en cada caso las investigaciones que avalan lo que se afirma. Los más de 70 profesores universitarios firmantes del documento “Marriage and the Public Good: Ten Principles” lo consiguen de modo brillante y sereno.

Se nota que entre los autores hay intelectuales relevantes, de universidades prestigiosas. Juristas como Mary Ann Glendon, de Harvard, o Roger P. George, de Princeton; filósofos como Ralph McInerny, de la Universidad de Notre Dame, o Daniel N. Robinson, de Georgetown; psicólogos como Paul C. Vitz o Roger Scruton; bioéticos como Leon R. Kass, de la Universidad de Chicago; expertos en política pública como James Q. Wilson o Jean Bethke Elshtain… Historiadores, economistas, biólogos, expertos familiares… Católicos, judíos, protestantes o no creyentes. Lo que les une es que tienen a sus espaldas años de docencia y abundantes publicaciones. Y su determinación de defender el matrimonio.

Argumentos racionales

No lo hacen por su apego a una tradición o por motivos estrictamente religiosos. Defienden una comprensión del matrimonio que “es el fruto trascultural de una amplia reflexión y experiencia humanas, y está apoyada en un considerable número de pruebas proporcionadas por las ciencias sociales”. Pero también advierten que “una cultura matrimonial no puede florecer en una sociedad cuyas instituciones básicas –universidades, tribunales, legislaturas, religiones– no solo no defienden el matrimonio, sino que lo debilitan tanto conceptualmente como en la práctica”.Su contribución sigue varios pasos. Primero, establecen “Diez principios” que sintetizan su modo de entender el papel del matrimonio y la familia en la sociedad. En segundo lugar, aportan los resultados de investigaciones en ciencias sociales y biológicas que avalan su análisis, citando siempre la bibliografía para quien quiera comprobarla; ahí predominan los datos empíricos, referidos sobre todo a EE.UU. Pero la defensa racional del matrimonio no puede basarse solo en la utilidad; por eso sigue el análisis desde el punto de vista de la filosofía política y moral. Finalmente, hacen sus propuestas sobre políticas que fortalezcan el matrimonio como institución social.

Cuatro amenazas

Estos expertos señalan cuatro tendencias que están minando los beneficiosos efectos sociales que tiene el matrimonio. El primero es el aumento de las rupturas matrimoniales:

”Desde 1960 a 2000, la tasa de divorcio en los Estados Unidos creció más del doble, pasando del 20% al 45% de todos los primeros matrimonios, aunque se aprecia un ligero descenso desde 1980. Los datos muestran que aproximadamente dos tercios de los divorcios de matrimonios con hijos tuvieron lugar en parejas con bajo nivel de conflicto, en las que la causa del divorcio no fue la violencia doméstica o el maltrato psicológico. Por desgracia, la mayor carga del divorcio de los padres recaerá sobre esos niños”.

Y aquí los autores citan los abundantes estudios que han comprobado la mayor probabilidad de repercusiones sociales negativas en los hijos de divorciados (fracaso escolar, escasa relación con uno de los padres, problemas mentales, consumo de drogas, más riesgo de divorcio al llegar a adultos…).

Hijos nacidos fuera del matrimonio

”Desde 1960 a 2003, el porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio creció del 5% al 35%. Aunque un creciente número de estos niños nació en parejas que cohabitaban –el 42% según una reciente estimación– la mayoría pasarán gran parte de su infancia en un hogar monoparental, entre otras cosas porque la gran mayoría de las parejas no casadas acaban separándose, también las que tienen hijos”.El mayor problema de esta situación es que niega a los hijos la oportunidad de tener dos padres comprometidos diariamente con su bienestar material y psicológico. Y los niños de familias monoparentales sufren también las desventajas asociadas con los hijos del divorcio.

Cohabitación, relación débil

Los autores consideran que el crecimiento de la cohabitación es una tendencia negativa, pues las parejas que cohabitan son por regla general más débiles que los matrimonios y dan lugar a un tipo de relación más pobre. “La cohabitación no implica el mismo nivel de compromiso moral y legal que el matrimonio; estas parejas a menudo no están de acuerdo sobre el estatus de su relación; y no reciben de sus amigos y familiares el apoyo social que reciben las parejas casadas”.

Citan estudios según los cuales las parejas que cohabitan presentan mayores tasas de violencia doméstica, infidelidad sexual e inestabilidad, en comparación con las parejas casadas. La mayoría de los estudios muestran que las parejas que cohabitan antes de casarse tienen mayor riesgo de divorcio, en comparación con las parejas que se casan directamente sin cohabitación previa (aunque el riesgo de divorcio no parece ser superior en las parejas que solo cohabitan después de comprometerse).

La cohabitación no es el mejor ambiente tampoco para la crianza de los hijos. Según un reciente estudio, el 50% de los hijos nacidos en parejas de hecho verán que sus padres se han separado antes de cumplir los cinco años, mientras que en las parejas casadas eso lo experimentarán el 15% de los hijos”.

Hijos en parejas homosexuales

Los académicos advierten que “la actual investigación sobre los niños criados en parejas del mismo sexo es todavía inconcluyente y poco desarrollada: no tenemos estudios longitudinales, de amplia base y a largo plazo”. “Sin embargo, amplia literatura científica sobre la crianza de los hijos indica que los dos sexos aportan diferentes talentos a la educación de los hijos, y que es beneficioso para los niños crecer estando a cargo de sus dos padres biológicos”.

Más claro les parece que el matrimonio entre personas del mismo sexo solo puede perjudicar al concepto de matrimonio. “El matrimonio homosexual debilita más la idea de que procreación y matrimonio están conectados. Socava la idea de que los hijos necesitan un padre y una madre, debilitando aún más la norma social de que los hombres deben responsabilizarse de los hijos que engendran. Finalmente, el matrimonio homosexual corroerá probablemente las normas de la fidelidad sexual, desde el momento que los partidarios del matrimonio gay y las parejas de este tipo tienden a minusvalorar la importancia de la fidelidad sexual en su definición de matrimonio. Estudios sobre hombres que se han unido civilmente en Vermont indican que el 50% de ellos no valoran la fidelidad sexual, y que los índices de promiscuidad sexual son altos entre los varones gays”.

Cambiar es posible

Los autores proponen prestar especial atención a cinco áreas.

1. Proteger la concepción pública del matrimonio como la unión de un hombre con una mujer como esposo y esposa.

”La definición legal del matrimonio es influyente. Los jueces no deberían tratar de redefinir el matrimonio imponiendo una concepción jurídica del matrimonio, o declarando falsamente que nuestra idea histórica del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer se deriva del prejuicio o la sinrazón. La ley no debería trasladar a la próxima generación el falso mensaje de que el matrimonio es irrelevante o secundario, extendiendo los beneficios del matrimonio a las parejas o individuos no casados”.

Para proteger la institución del matrimonio los firmantes proponen dirigirse a los representantes electos para pedirles que voten contra cualquier ley que altere el significado del matrimonio.

Sin embargo, precisan, “no nos oponemos a que dos o más personas, tanto si son parientes como si no, lleguen a acuerdos legales para compartir la propiedad, los seguros, tomar decisiones médicas por el otro, etc.”.

Sí se oponen a que se dé a las parejas de hecho el mismo estatus que a las casadas. “Sería injusto e imprudente tanto imponer obligaciones maritales a gente que no quiere asumirlas como extender los beneficios del matrimonio a parejas que no están casadas”.

2. Ensayar reformas en las leyes de divorcio.

”Bajo la actual legislación americana de divorcio, los tribunales ofrecen menos protección al contrato matrimonial que a un contrato mercantil ordinario. Algunos de nosotros apoyamos volver a un sistema de divorcio basado en la culpa, otros no. Pero todos reconocemos que el sistema actual ha fracasado, tanto en términos éticos como prácticos, y necesita una reforma profunda”.

Frente a los que propugnan un divorcio fácil como medio para defender a la mujer y a los niños en caso de violencia doméstica, los autores responden que este es un falso remedio para un asunto importante: “Ya que tanto los niños como los adultos sufren un riesgo mucho mayor de violencia doméstica y malos tratos en las uniones de hecho, fomentar altas tasas de fragmentación familiar no es una buena estrategia” para protegerlos.

Como propuestas concretas para frenar las rupturas matrimoniales, sugieren:

a) Ampliar los periodos de espera para el divorcio unilateral sin culpa. Requerir a las parejas de matrimonios que no sufren violencia que reciban un asesoramiento (religioso, secular o público) que les ayude a resolver sus diferencias y a renovar su compromiso matrimonial.

b) Permitir los pactos prematrimoniales restrictivos del divorcio para aquellas parejas que prefieran un compromiso matrimonial más fuerte que el que la ley prevé ahora.

c) Desarrollar en los tribunales los programas que incluyen intervenciones para casos de divorcio, para facilitar la reconciliación y mitigar la acritud y la litigiosidad.

d) Tener en cuenta los criterios de culpa de los cónyuges a la hora de distribuir sus propiedades, cuando son compatibles con el interés de los hijos. Las propiedades no deberían distribuirse del mismo modo entre el cónyuge que ha sido infiel o abusivo y el cónyuge inocente.

e) Crear programas pilotos de educación para el matrimonio e intervenciones en casos de divorcio en comunidades de alto riesgo, con programas tanto religiosos como civiles.

3. No penalizar a los matrimonios de baja renta.

Los autores mantienen que el sistema fiscal y de asistencia social de EE.UU. trata sustancialmente mejor desde el punto de vista económico a las parejas de hecho que a las casadas. Citan los casos de las deducciones del impuesto sobre los rendimientos del trabajo y Medicaid.

4. Mejorar en el sistema fiscal las disposiciones a favor de la familia y de los hijos.

5. Proteger los intereses de los niños frente a la industria de la procreación artificial.

”Los padres que buscan descendencia merecen nuestra comprensión y apoyo. Pero no hasta el punto de crear deliberadamente toda una clase de niños privados de su derecho natural a saber sus orígenes y su profunda necesidad de un padre y una madre unidos”.

Para proteger a los niños frente a los intereses de esta industria proponen:

a) Prohibir el anonimato en la donación de semen o de óvulos. “Los niños tienen derecho a conocer sus orígenes biológicos. Los adultos no deben privar a los niños de este derecho para satisfacer sus propios deseos de tener descendencia”.

b) Considerar la posibilidad de que el uso de las tecnologías reproductivas se reserve a las parejas casadas.

c) Que la ley no permita crear niños legalmente huérfanos. “Exigir que los donantes de esperma (y/o las clínicas como agentes subrogados) sean responsables legal y económicamente de cualquier niño al que den origen y que no tenga padre legal”.

”En definitiva, concluyen, las familias, las comunidades religiosas, las organizaciones comunitarias y los políticos deberían trabajar juntos para conseguir reforzar el matrimonio de modo que más niños sean criados por su madre y su padre en uniones duraderas y llenas de amor”.

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(1) El documento, titulado “Marriage and the Public Good: Ten Principles”, es el resultado de debates académicos patrocinados por el Witherspoon Institute (Princeton, New Jersey). Hasta julio de 2006 había sido firmado por 71 profesores. Puede encontrarse en: http://winst.org/.
Con la autorización de: www.aceprensa.com

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