PRISA POR ECHARSE NOVIO

Es evidente que estamos en una sociedad muy competitiva. Hay una cultura de la prisa: el que se para, no llega. Esa prisa, ese desasosiego, se transmite a todas las actuaciones de la vida.

Por José María Contreras (*)

En este contexto nos encontramos con auténticas contradic¬ciones. Por una parte, las personas por lo general se casan más tarde de lo que lo hacían nuestros padres. En muchos casos pasada la treintena. Las razones son variadas y no es el momento de analizarlas.

Por otra parte, el chico o la chica que a los dieciocho años no tiene novia o novio parece que «ya no vale», o que es tonto, feo o antipático.
Hay entre las pandillas una especie de fiebre de «veamos quién se echa novia antes». Esto es perjudicial para las personas, ya que en muchas ocasiones no están preparadas emocionalmen¬te para un paso de esa categoría, lo cual les ocasiona sufrimien¬tos que se podían evitar porque en definitiva son situaciones inútiles. La búsqueda de emociones provoca que los estudios se hagan con menos profundidad o menos concentración: se tiene la mente en «la otra carrera». En la de echarse novio.

Si cuaja el noviazgo a esa edad, va a ser, casi con toda pro¬babilidad, un noviazgo larguísimo.

En fin, estas razones que estoy dando no son para que las personas retrasen la edad de «echarse novio/a», sino para demostrar que no hay prisa. Al menos tanta prisa. Y que no es una razón el que «nuestros amigos ya tienen pareja». Parece como si en el ambiente hubiese un grito silencioso: ¡A ver quién se echa novio/a antes!

Serenidad. Que el objetivo no es conseguir pareja el pri¬mero, sino encontrar una persona con quien compartir la vida, que merezca la pena, que me haga sentir orgullo por tenerle a mi lado, como el padre o la madre de mis hijos. Una persona que tenga valores, que sepa lo que es querer.

Cuidado, no olvidemos que hay mucho analfabeto emo¬cional; seamos inteligentes para descubrir a esa persona de características afines a las nuestras. Una persona a la que no se busca, se encuentra en un momento de la vida.

Se dice que las prisas son malas consejeras y es verdad, pero en las cosas fundamentales de la vida es aún más cierto; no debemos precipitarnos, porque son cosas que hay que ver, ponderar y decidir. Pero primero: ver y ponderar.

Si vas a comprar un piso, ¿te quedas con el primero que ves en venta? Lo personal, lo íntimo, es más importante y cercano a nosotros que la compra de cualquier cosa.

¿O no?

(*) El autor J.M.C. es biólogo y especialista en Recursos Humanos en el mundo de la empresa. Autor de libros como «Entre tú y yo. Una relación inteligente» (Ed. Libroslibres, col. Autoayuda, Madrid 2003).

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