PERMITIR LOS CAPRICHOS

José María Contreras
Mi marido dice que debemos ofrecer a los niños todo lo que nosotros no hemos tenido de pequeños; yo creo que eso no es así, pero él les está dando todo lo que él ansiaba y no tenía. Tenemos tres hijos, el mayor de 11 años y el pequeño de 4. Mi madre me dice que eso, antes o después, lo van a pagar las niños y, por ende, nosotros. Ve muy poco a los niños a causa del trabajo, pero cuando está con ellos, les da todo lo que desean. ¿Usted qué opina? Porque, aunque a mí no me parezca bien, también me gusta ver ilusionados a los niños.
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No es difícil encontrar personas que piensan de esa forma, aunque afortunadamente el número es cada vez menor, quizá porque los padres ya tuvieron de todo.

Como le dice su madre, esa forma de actuar es muy peligrosa para los ni­ños. En primer lugar, porque no se les educa la voluntad. Es decir, no se les está educando en el dominio de sí mismos, lo que es imprescindible para que una persona pueda vivir la libertad y, por tanto, para poder ser capaz de amar. A mí me parece que no educar en la exigencia personal, en el dominio de sí mismos, es hacer unos desgraciados a los niños. La voluntad es muy difícil de educar cuando uno ya es mayor y se da cuenta de que no hace lo que quiere por falta de fuerza de voluntad. Muchos terminan culpando a los padres de esa carencia. Y no sin razón.

Otra de las cosas que hace que esa forma de educar sea tremendamente negativa es que se les da a los niños lo que ellos no tuvieron, pero no se les da lo que tuvieron, que, probablemente, fue tiempo de sus padres.

Lo que más desea un hijo es que sus padres estén con él, los dos, su padre y su madre. No se trata de darle todo, sino que te tenga a ti. No se trata de tiempo de calidad: creo que esta expresión en algún caso puede encerrar una falacia. Es decir, entender tiempo de calidad como estar con los niños haciendo cosas con ellos. En muchas ocasiones no debe ser así. Lo que necesitan los niños es estar en casa y estar haciendo sus cosas v saber que sus padres están ahí.

Sentirse seguros, sentirse queridos. Ya sé que esto algunas veces es difícil, habrá que dejar el golf, el tenis o lo que sea para estar. Simplemente estar.

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