PERDIDOS EN LA RED

A pesar de que nuestro país manifiesta un llamativo retraso en la implantación de las Nuevas Tecnologías —o quizás por eso mismo— la incorporación de Internet a los hogares mantiene un ritmo respetable.

Por Guillermo Suárez

Es bastante comprensible que la decisión de conectarse a Internet en casa suscite el desconcierto de muchos padres: por una parte temen dejar a sus hijos al margen del progreso y desprovistos de una herramienta que puede ser fundamental en su preparación para el mundo en el que les tocará crecer, aprender y trabajar, pero por otra están alarmados ante las múltiples amenazas para la formación de sus hijos e, incluso, para su seguridad, de las que tienen noticias y cuyo alcance muchas veces no terminan de comprender.

Y esto último —la falta de conocimientos— es lo peor: Quizás no haya precedente histórico de un mayor “abismo tecnológico generacional”. Con demasiada frecuencia un ordenador conectado a la Red en el hogar es un instrumento frente al que los padres se sienten tan ignorantes e incapaces como sus hijos —desde edades asombrosamente tempranas— diestros y en su medio natural.

Las luces

Internet constituye, sin duda, la herramienta de comunicación, información e intercambio más poderosa de los últimos siglos. Es frecuente comparar su aparición y su influjo transformador de la sociedad con la aparición de la imprenta. Es también evidente que está transformando nuestra manera de trabajar; las mismas estructuras laborales, organizativas y sociales; y, en definitiva, nuestra manera de vivir. Permite el acceso inmediato a una cantidad inmensa de información disponible desde cualquier lugar del planeta y puede simplificar enormemente un sinfín de tareas.

Internet puede ser una gran herramienta de aprendizaje y educación: pone al alcance de los chicos una cantidad de datos hasta ahora impensable y con una enorme facilidad. Lo que antes exigía un elaborado y prolongado proceso investigador hoy se puede obtener en pocos segundos. Millones de páginas web con la información más variada y actualizadas prácticamente al día están a nuestra disposición constantemente y sólo exigen unas relativamente elementales destrezas en el manejo de otras páginas —llamadas buscadores— para poner la información deseada en nuestra pantalla.

Un estudiante de enseñanza media, por ejemplo, dispone con enorme facilidad de ingentes cantidades de información sobre cualquiera de las materias de sus estudios en forma de texto, imágenes fijas o video, sonidos, etc. No tendría ninguna dificultad para acceder en segundos al esquema de una batalla, los datos económicos o demográficos de cualquier país, el discurso de un personaje histórico, la visita virtual a un museo o la explicación, con todo lujo de detalles, de un experimento científico. Además podrá comunicarse, de forma rápida y barata, con sus compañeros, otros estudiantes interesados en la misma materia en cualquier lugar del mundo, o con su mismo profesor para consultarle alguna duda (mediante el correo electrónico o, incluso, en tiempo real mediante cualquier programa de mensajería instantánea).

Por otra parte parece claro que el impacto de Internet en el medio sociolaboral y en la organización empresarial hacen necesaria la familiarización progresiva con un instrumento que tendrá un papel decisivo en su desempeño profesional y cuya lógica interna está transformando las propias relaciones profesionales. Además Internet forma ya de hecho parte de la vida de los jóvenes españoles (y aún de los niños) por lo que es presumible que, si no acceden en su casa busquen por su cuenta otras alternativas.

Las sombras

Pero los motivos de preocupación no son infundados. Internet pone realmente el mundo a nuestro alcance con todo lo bueno y todo lo malo y facilita el acceso a todo tipo de contenidos incluso, a veces, sin nuestra voluntad expresa. La información disponible es tan enorme como indiscriminada y puede ser difícil distinguir lo realmente valioso de lo insignificante o, incluso, fraudulento y perjudicial. Sin unos hábitos adecuados la propia disponibilidad sobreabundante de datos pueden contribuir a la superficialidad y a la confusión, dañando los hábitos reflexivos y de interiorización sin los cuales no se produce verdadero conocimiento y el aprendizaje es ficticio. Además, hoy por hoy, el uso de Internet como herramienta de trabajo es muy escaso entre los más jóvenes, para los que se trata fundamentalmente de un instrumento de ocio que utilizan para “bajar” música, “chatear” (conversar en directo) con amigos o con desconocidos o visitar páginas web de los temas más variados, insustanciales cuando no claramente perjudiciales e incluso peligrosos para su misma seguridad física.

Asombra comprobar la escasa destreza para realizar búsquedas realmente eficaces incluso entre muchos de los jóvenes más familiarizados con este medio. Por otra parte aun son pocos los profesionales de la educación verdaderamente preparados para sacarle partido a Internet en su tarea educativa y menos todavía los que de hecho están presentes en la Red ofreciendo servicios directos a sus alumnos —aunque cada día su número aumente—.

La legislación progresa con cierto retraso sobre el avance tecnológico, por lo que Internet es un área de relativa impunidad donde la ciencia y el ocio caminan de la mano con el delito.

Si a esto se le une la ignorancia paterna, el resultado es que hoy por hoy cuando un niño o adolescente se conecta a Internet entra en un reino donde los adultos que le deberían orientar están ausentes y donde, en el menos malo de los casos, el ambiente y el lenguaje se parece demasiado al de los lugares de ocio juvenil en los que la presencia de adultos no es una posibilidad que se tenga en cuenta.

Por todo ello el acceso a Internet en el hogar puede ir en detrimento de la vida familiar e incluso traer consigo para el niño o adolescente problemas de aislamiento real (compatible con una intensa y anónima vida social en la Red) junto a fenómenos de dependencia y “enganche” de lo más variados.

Quizás lo que más preocupa a los padres de familia sean los contenidos inadecuados o intrínsecamente perversos: Se trata de un problema real. Con enorme facilidad cualquiera puede acceder a webs de contenido pornográfico (que constituyen un significativo porcentaje de las disponibles) incluso juvenil e infantil. Contenidos de ese tipo incluso “se cuelan” involuntariamente en los Portales generalistas o en páginas añadidas a otras de contenido inocente. Junto a esto hayamos también todo tipo de organizaciones violentas, las sectas más exóticas, instrucciones para fabricar explosivos caseros, información sobre el cultivo, producción y consumo de todo tipo de drogas, etc.

En Internet también se puede contactar con personas y de hecho es una de las actividades preferidas de los jóvenes. Pero sin la debida prudencia cualquiera se puede hacer con los datos personales de los chicos y chicas para intentar un encuentro personal. En los chats rooms (sitios donde se sostienen conversaciones en directo, agrupados por temas) especializados para niños o adolescentes no es infrecuente la presencia de adultos de dos categorías: degenerados en busca de menores y policías en busca de los primeros. La educación básica del niño/adolescente internauta debe incluir la negativa a facilitar los propios datos personales a ningún desconocido.

Los retos

Y entonces ¿a que carta quedarse después del panorama descrito? Pienso que Internet es como el mundo (es, de hecho, una ventana al mundo) y, por tanto, ni mejor ni peor que el resto de los medios de comunicación. Por eso no merece un juicio más severo ni un trato más negativo que la televisión o los periódicos. Es decir, si ante los problemas y peligros que genera la televisión nuestra decisión es prescindir de ella en casa, parece que lo coherente sería hacer lo mismo con Internet. Pero si, en vez de eso, nos decidimos por educar a nuestros hijos para hacer un uso responsable y ponemos los medios para evitar los peligros que la TV trae consigo, parece también que eso es lo que deberíamos plantearnos frente a una conexión a Internet en el hogar. Por eso parece que la única solución (que es, a la vez una fantástica oportunidad educativa) es hacer de Internet una herramienta familiar. Parece, pues, del todo improcedente —más bien una imprudencia grave— instalar la conexión a Internet en un lugar de uso privado para los hijos o de difícil control —de horario y de contenidos—por parte de los padres. No se trata de un simple consejo moralizante, sino de una recomendación compartida por las Fuerzas de Seguridad especializadas en delitos informáticos de muchos países. El ordenador conectado debería estar en la sala de estar, en un recodo suficiente amplio de un pasillo o en cualquier otro lugar de uso común y, a ser posible, con la pantalla visible por los que pasan.

Se hace también necesario el control de contenidos. Aunque se están ensayando otras posibilidades, hoy por hoy la única solución viable y relativamente eficaz (cada vez más eficaz) la constituye la instalación de un Filtro de Contenidos. Se trata de programas comercializados (se compran en la misma Red) que, una vez instalados en nuestro ordenador, impiden la visualización de determinados contenidos y/o el acceso a determinadas herramientas (impiden entrar en chats o en algunos de ellos, “bajar” programas de Internet, etc), restringen la conexión a Internet a un determinado horario e, incluso, limitan los datos propios que se pueden enviar desde nuestro ordenador (para evitar que un niño pueda mandar a alguien no deseado su teléfono, su dirección, etc.). Naturalmente, es el usuario (los padres) el que establece estas condiciones concretas en cada caso y las puede modificar mediante un Menú protegido con clave.

Pienso que hoy por hoy el uso de Filtro es imprescindible si se quiere que Internet no genere muchos más inconvenientes que las enormes ventajas que pueda aportar. No dan una seguridad absoluta pues todos se mueven en unos determinados porcentajes de eficacia (cada vez más altos) y, por eso no sustituyen el control y la labor educativa de los padres, pero dan el mínimo de seguridad para que nuestra conexión a Internet no se convierta en una bomba de relojería para la educación y seguridad de los más jóvenes. La mayoría de los comercializados están en inglés, aunque muchos trabajan sobre contenidos en varios idiomas. En nuestro país se comercializa Optenet, en castellano y con una calidad muy aceptable (www.optenet.com)

De todas formas el mayor reto que se plantea a los padres de familia es, sin duda, la necesidad de aprender —aunque ello suponga un esfuerzo nada despreciable— al menos los rudimentos de manejo del ordenador y de Internet. Para ello deben contar primeramente con sus propios hijos, que pueden ser unos magníficos profesores y suelen sentirse muy orgullosos de representar ese papel en el que parece que se invierte la dirección habitual de la educación. Enseñar a papá y a mamá aquello en lo que los chicos son diestros y los mayores tienden a ser un poco más torpes puede convertirse en un precioso instrumento para hacer familia. Es una ocasión estupenda para trasmitir criterios y virtudes (sobriedad, responsabilidad, explicarles la importancia de la cooperación al mal, etc) permite también a los padres obtener provecho de las múltiples oportunidades que la Red ofrece. Pedirle a nuestro hijo que nos ayude a buscar un horario de aviones o trenes, unas recetas de cocina, información sobre cualquier cuestión parece un buen refuerzo de su autoestima y una ocasión de convivencia.

Sería muy conveniente que cualquier padre que tenga un ordenador en casa supiese manejar el explorador del sistema operativo, que le permite visualizar rápidamente los archivos almacenados, o acceder al caché del navegador, en el que se almacenan los archivos mas recientes bajados de Internet, o el historial, donde se guardan las direcciones de las últimas visitas . Si aquí se encontrasen cosas indeseables (o si se detecta que es limpiado después de su uso) se pueden localizar los problemas antes de que se conviertan en hábitos

Esta necesidad de aprendizaje se ve cada vez más apoyada por las instituciones educativas y por organismos oficiales. Recientemente ha empezado a funcionar desde España la página Navegación Segura (http://www.navegacion-segura.es) donde los padres pueden encontrar consejos, ideas, asesoramiento e información sobre las diversas herramientas de las que hemos hablado y su funcionamiento.

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