PADRES COHERENTES

Alejandro Valderas
Es fácil quejarse de la juventud y de su carencia de valores ¿pero que le transmitimos como padres y educadores? ¿De donde provienen sus confusos criterios?
El arte de educar requiere un mínimo de coherencia en las ideas y planteamientos por parte del que desempeña esta tarea. De lo contrario puede transmitir muchas incongruencias a su entorno. Una buena parte de medios de comunicación son un claro ejemplo de ello, no hace falta entrar en detalle. También algunos colegios e institutos nos tienen acostumbrados a presentarnos un mosaico de ideas y pensamientos de lo más variopinto dentro de su cuadro docente. Esto es bueno y enriquecedor siempre y cuando quienes los reciben son personas ya formadas con criterios propios y muy peligroso si son chavales moldeables cuyo carácter está por hacer. Cuando esta ausencia de mínimos ocurre con los padres puede ser una autentica bomba de relojería que estallará en el seno de la familia cuando menos se espere.

Hoy se oyen frases entre los jóvenes (y no tan jóvenes) como “Se tu mismo” o “Yo soy así” que cuando menos dejan a uno sin saber a que atenerse. ¿Qué quieren decir? :”Se como té de la gana” o “Actúa en conciencia”. Mas bien lo primero, pero en el fondo subyace una “empanada mental de mucho cuidado” Todo arranca en la educación recibida. En el caso de los padres es bueno que los mismos se paren a reflexionar sobre que tipo de valores quieren transmitir a sus hijos. En líneas muy generales pueden existen como tres grandes tipos de padres:

Padres honestos: Son padres justos, que enseñan comportamientos rectos e íntegros, practicándolos al mismo tiempo. Fomentan las virtudes humanas: Amistad, laboriosidad, honradez… Desaprueban los vicios: Hipocresía, soberbia…

Padres pragmáticos: En ellos prevalece la utilidad personal en las acciones. Promueven el provecho propio (“tu lo primero”), la ventaja (“el que da primero…”), los beneficios (“ante todo resultados prácticos…”). En resumidas cuentas, fomentan el materialismo y se apoyan en que “el fin justifica los medios”. Son unos buenos comienzos para desembocar en el ansia de poder, la corrupción económica, el divorcio y el aborto, la necesidad de la eutanasia… Los ideales nobles brillan por su ausencia y el egoísmo impera como filosofía.

Padres placenteros: Prima en ellos la búsqueda del goce sensorial inmediato. Permiten en sus hijos las satisfacciones primarias sin un razonable control: glotonería, pereza… provocando que los mismos rehuyan el esfuerzo, la perseverancia… Terreno abonado para los fracasos escolares, después puede llegar cualquier situación

Por supuesto las cosas no son blancas o negras, en la persona (y por tantos en todos los padres), hay un poco de todo. Lo saludable para los hijos seria que fuesen educados en la honestidad con algún ligero toque de pragmatismo dedicando sus momentos al placer y al descanso sano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *