Otra historia de superación: Nací ciega, pero no tengo más dificultades que otros”. Alba, dedica sus veranos a enseñar informática a niños invidentes en India

Alba de Toro acaba de licenciarse en Traducción e Interpretación de inglés y alemán por la Universitat Autònoma de Barcelona y sueña con su próximo viaje a India, el cuarto.
”Al acabar la carrera me planteé: ‘¿y ahora qué hago?, ¿un máster?’ No, soy joven, quiero hacer muchas cosas. Quiero trabajar más con los niños de Anantapur, quiero conocerlos mejor, cómo sufren su discapacidad. “Aquello me atraía mucho, pensé que podía ayudar en algo”. Los niños la acribillaron a preguntas: “¿Es fácil encontrar trabajo en España siendo ciego? ¿Cómo te las arreglas para hacer las cosas? ¿Cómo escribes?…”. “Allí la sociedad los estigmatiza, ser ciego quiere decir que has hecho algo malo en una vida anterior. Y ellos veían que yo llevaba una vida normal. La fundación trabaja para integrarlos”.
De aquella primera incursión surgió un proyecto de larga trayectoria. Aprovechaba las vacaciones universitarias para instalarse dos meses en Anantapur y enseñar a los estudiantes invidentes del instituto, de entre 12 y 17 años, el funcionamiento de un programa informático que les permite leer (una voz lee lo que aparece en la pantalla, así el usuario escucha los textos) y escribir. “Si aprenden informática tienen muchas más salidas laborales. Ahora quiero introducir el ordenador en las clases”, añade Alba. La FVF tiene en funcionamiento 18 centros educativos adaptados a alumnos con alguna discapacidad visual, auditiva o mental.
Cuenta Alba que de pequeña ya soñaba con viajar a India, no sabe muy bien por qué. “Me imaginaba sus olores, sonidos, colores… Aunque no pueda visualizar las imágenes, me las imagino, igual que cualquier otra persona. India cumplió mis expectativas, pero a la vez tuve momentos de tristeza por la miseria que sufría la gente, tenía ganas de arreglarlo todo, pero no podía hacerlo. Me angustié mucho porque pensé que era demasiado complicado moverme en ese país, pero luego conocí la fundación y vi que tenía la oportunidad de ayudar. Me fui con muy buen rollo pensando que volvería”.
Alba transmite entusiasmo y optimismo y se extraña cuando alguien le pregunta por las limitaciones que le impone la ceguera. Siempre ha superado todas las barreras. Ahora lo que más le seduce es viajar y no tiene problema en embarcarse sola en un avión rumbo a destinos lejanos, a su ya familiar Anantapur, con la única compañía de Tori. Otra de sus aficiones es el esquí, deporte en el que ha sido integrante del equipo paralímpico español.

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