Nuevas luces en el conflicto Familia-Trabajo

La investigadora norteamericana Ellen Galinsky da cuenta de los pasos a seguir para lograr, de una vez, la conciliación entre ambas áreas.

Los trabajos son cada vez más demandantes: ¿cómo evitar que quiten tiempo a la vida en familia?
– La familia tiene que partir por establecer prioridades sobre cómo pasar su tiempo. Debido a que el mundo del trabajo tiene cada vez menos barreras (e-mail, teléfonos celulares, BlackBerries, etc.), es ella la llamada a poner estas barreras. Un padre puede perfectamente establecer que no contestará las llamadas de la oficina cuando le lee a sus hijos, a menos que sea una emergencia.

¿Cómo evitar que estas demandas afecten el ambiente y ánimo familiar?
– Los padres tienen que encontrar las fórmulas para hacer una transición desde el trabajo a la casa, de manera de poder dejar atrás los problemas que hayan tenido durante el día. Escuchar música en el auto, leer un buen libro en la micro, caminar o hacer ejercicio antes de llegar… De esa manera pueden evitar que el ánimo negativo del trabajo se traspase a la vida familiar.
Otra manera de hacerlo es crear ritos familiares que permitan también dejar fuera las tensiones cotidianas. Puede establecerse una salida a comer con alguno de los hijos una vez a la semana o salir de noche con el marido o mujer.

Por mucho tiempo el debate ha sido tiempo en cantidad versus tiempo de calidad… si el matrimonio está pasando cada vez más horas en el trabajo, ¿está su relación en riesgo?
– Nuestros estudios han concluido que calidad y cantidad son importantes y no excluyentes; no se trata de optar por el uno o por el otro. Es verdad que la gente siente que no tiene suficiente tiempo para el cónyuge: hace diez años, el 50% de los empleados casados decía no tener suficiente tiempo para estar con el otro; hoy esa figura sube al 63%. Eso demuestra que se ansía la vida de pareja.

Un estudio que se hizo en Chile demostró que para las mujeres es mucho más fácil trabajar que tener un buen matrimonio. ¿Qué opina al respecto?
– El problema de fondo parece estar en que la educación está muy enfocada en el aprendizaje académico, dejando de lado el social. Está centrada en enseñar materias o conocimientos, pero no en reforzar habilidades relacionadas a cómo solucionar los problemas, cómo decir lo que uno piensa sin herir, hablar en el momento indicado, etc.
Por ello no me parece extraña esta afirmación; si no se poseen las herramientas para solucionar los problemas interpersonales, el aspecto profesional aparece como mucho más fácil de dominar que el socio-emocional. Es básico entonces trabajar por adquirir estas aptitudes.

Los padres jóvenes trabajan duro y ayudan más en la casa, pero duermen poco y tienen menos tiempo para ellos mismos: ¿qué puede decir de su calidad de vida?
– Que no está bien. Sólo la mitad de los empleados se sienten altamente satisfechos con su vida, según el National Study of the Changing Workforce realizado en 2002, en Estados Unidos, una percepción que no ha variado mucho en el último tiempo. Por ello, tiene que haber un cambio de parte de los empleadores y de los empleados -podemos recuperar la calidad de vida, pero sólo si muchos peleamos por ello-.

Antiguamente, muchos padres no hablaban de su trabajo en la casa. ¿ha cambiado esta situación?
– Hemos descubierto que, en realidad, los padres de hoy sí hablan, y bastante, de sus trabajos en la casa. De los niños de 8 a 18 años que participaron en nuestro estudio, el 54% dice saber mucho acerca del tipo de trabajo que tienen sus padres y el 66% dice saber mucho acerca del tipo de trabajo que tienen sus madres –sólo el 10% de los niños dice no saber nada del trabajo que realizan sus padres fuera de la casa. Esta realidad es muy positiva, pues refleja cuán partícipes son ellos de la vida laboral de sus padres.

¿Se sienten los hombres culpables, a la manera de las mujeres, por no pasar más tiempo en la casa?
– Se puede deducir que sí, ya que el 53% de los padres con hijos entre 8 y 18 años dicen tener o disponer de muy poco tiempo para estar con ellos. Bajo esta generalidad, los padres -mucho más que las madres- claman por pasar más tiempo con sus hijos: el 64% de los padres y el 42% de las madres sienten que les falta tiempo con ellos. Eso demuestra que en ellos hay algo de culpa también.

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