No tengo un minuto

Dios me dijo un día: «Dame un poco de tu tiempo». Y yo le respondí: «Pero Señor, si el tiempo que tengo no me basta ni para mí». Dios me repitió, más alto: «Dame un poco de tu tiempo». Y yo le respondí: «Pero Señor, si no es por mala voluntad: es de verdad, no me sobra ni un minuto». Dios volvió a hablarme: «Dame un poco de tu tiempo». Y yo le respondí: «Señor, ya sé que debo reservar un poco de tiempo para lo que me pides, pero sucede que ha veces no me sobra nada para poder dar. ¡Es muy difícil vivir, y a mí me lleva todo el tiempo! ¡No puedo dar más de lo que te estoy dando!». Entonces Dios ya no me dijo nada más. Y desde entonces descubrí que cuando Dios pide algo, pide nuestra misma vida. Y si uno da sólo un poco, Dios se calla. El paso siguiente ha de ser cosa nuestra, porque a Dios no le gusta el monólogo. Qué tremendo debe ser el que Dios se calle.

26/08/2010 | Posted in: relatos de fe | Los comentarios están cerrados

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