Necesitamos el amor para vivir. Televisión: Entrevista a Alejandra Vallejo-Nágera

Cuando Alejandra Vallejo Nágera termina una de sus conferencias, la sensación es siempre la misma: «Se me acerca alguien y me dice: ¡Cómo me ha gustado tu conferencia! pero… ¡hay que ver cómo era tu padre! Y, no me importa. Me llena de orgullo ser hija de mi padre». Y es que nadie puede olvidar a José Antonio Vallejo-Nágera.
Alejandra es periodista y publicista, y en este campo desarrolla su labor profesional en España e Inglaterra.
Como fruto de su interés por los temas relacionados con la familia ha escrito dos libros: Hijos de padres separados (1993) y Mi hijo ya no juega, sólo ve la televisión (1987), que llevan varias ediciones.

¿Qué hace la televisión con nuestros hijos?
A casi todos los padres les preocupa lo que ven sus hijos, aunque también es verdad que muchos buscan en la televisión el efecto sedante que ésta produce. Se han hecho programas, tipo Barrio Sésamo, con la intención de educar de forma divertida, pero hoy se sabe que un niño no aprende viendo televisión. La base de la inteligencia y las emociones del niño se fundamentan en el contacto familiar, conviviendo con sus hermanos. El niño aprende manipulando, y la TV ofrece un bombardeo de estímulos para los que no tiene respuesta; sirve para entretener a los niños un rato, pero si se pasan horas ante la pantalla no juegan, no hablan, no exploran, no imaginan y, por tanto, no están desarrollando su inteligencia.

¿Qué podemos hacer los padres?
Debemos seleccionar la TV que ven nuestros hijos e intentar verla en familia. Si algo no nos gusta tenemos que hacerlo notar, y decir: «esto no es correcto», o bien: «la vida en realidad no es así».
Dentro de poco tendremos la posibilidad de ver hasta quinientos canales de TV en casa. ¡Tenemos que aprender a decir: «Esto sí y esto no!» Todo programa que sea constructivo y no destructivo, que ayude a utilizar palabras nuevas, que sea un recreo para la vista, debemos fomentarlo. Pero aparte de limitar la calidad también hay que limitar la cantidad. Un niño debería ver al día una hora deTV. Los padres se quejan de que en la adolescencia pierden a sus hijos y no es así, las normas básicas de comunicación hay que establecerlas en la primera infancia. A los niños hay que escucharles, hablar con ellos…, si no hay esa relación cuando son pequeños, luego ya no son recuperables.

¿Cómo seduce la televisión?
El gran peligro de la TV es que presenta patrones de comportamiento de manera subliminal: por ejemplo, en las series americanas siempre que el protagonista, que por supuesto es guapo, tiene un problema, aunque sea mínimo, lo primero que hace al llegar a casa es tomarse un vaso de whisky. Esto, visto día tras día, acaba transmitiendo el mensaje: los problemas se solucionan ahogándolos en alcohol, cuando lo que realmente ocurre es lo contrario: los problemas se solucionan enfrentándose a ellos.

¿Y los debates y los reality shows?
En los debates lo que teóricamente se pretende es que el espectador tenga una visión completa de la vida, pero ésto no es así. La semana pasada participé en uno que trataba sobre la familia. La duración total fue de dos horas. Durante más de hora y media habló gente que tenía unos problemas familiares tremendos y sólo en el último momento le dieron la oportunidad de participar a alguien que defendía a la familia.
Es cierto que hay casos extremos, hay gente que sufre, pero hay muchas más personas que sufren también, pero que les merece la pena luchar para no sufrir, que se levantan cada mañana para vivir esta vida llena de obstáculos, y saben sortearlos.

Alejandra Vallejo-Nágera, en su despachoRespecto a los reality shows… lo que resulta imperdonable es hacer de la desgracia humana un espectáculo. En ningún caso se debe permitir que una cadena de TV gane millones a través de lo que sufren otros. Sin embargo los telespectadores se quedan ahí tan tranquilos, y la información que reciben es que las relaciones humanas son todas un horror.

¿Cómo son los hijos de padres separados?
Nadie escoge separarse por capricho. El que rehace su vida con una segunda persona querría que ésa hubiera sido la primera. Lo malo para los niños no es la situación en esa segunda familia, sino la etapa previa de hostilidad, de rencor… ese niño se sentirá mucho más inseguro que el otro que sabe que puede refugiarse en su familia unida.
Cuando ese hogar es un campo de batalla, ya no es un refugio. Los hijos también piensan: si mis padres se casaron porque se querían, ¿cómo pueden ahora odiarse? Y ya no se fían de lo que es el amor. Los adolescentes hijos de padres separados tienen pavor a enamorarse.

¿Por qué has elegido el tema «El amor» para tus conferencias?
Creo que el amor es esencial, es lo que nos motiva a seguir viviendo, es un impulso único. El hombre necesita el amor para sobrevivir; la soledad es la enfermedad más triste para el ser humano. Necesitamos un amor sano para luchar y para vivir.
Pilar González Rodríguez

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