Los primeros años son decisivos

«Con tus juguetes, otro niño se va a poner muy contento»l
Los tres primeros años son vitales en la vida de un niño. La responsabilidad es de los padres. He aquí algunos consejos que les pueden ser de gran utilidad, a la hora de enseñarles virtudes y valores prioritarios

* Sinceridad: Donde siembras sinceridad desde pequeño, recoges confianza de adolescente. No le gusta mentir, no está acostumbrado a hacerlo. La primera información que llegó a su cerebro fue la de sus padres: «Es bueno decir la verdad».
* Respeto: Cuando Juanito tocaba la figurita del salón, lo único que recibía era un manotazo o un grito de su madre. Hoy, con 9 años, en el colegio, se lo pasa estupendamente rayando los pupitres, como hace Pedro, su amigo del alma. Es un irrespetuoso, porque la primera información sobre el trato que hay que dar a las cosas le ha llegado por su amigo: rayar los pupitres es lo más divertido.
* Sobriedad: Hoy son las piruletas, pero mañana el crío no puede pasar sin las deportivas de marca que cuestan un pastón o sin la carpeta igual que la de la vecina. Hazle ver desde pequeño el valor de las cosas. De esta manera, el niño sabe que hay unos límites a sus antojos.
* Responsabilidad: Alguien puede pensar: «¿A un niño de tres años? ¡Pero, qué barbaridad!» Pues de barbaridad, nada. Los grandes responsables se forjan a esta edad. Puedes darle pequeñas tareas y, cuando las cumpla, le aplaudes y felicitas.
* Obediencia: Es la asignatura pendiente de muchos padres. Si quieres que te obedezca, moléstate en razonar, procura no chillarle y no le dejes que se salga con la suya por tu propio agotamiento.
* Generosidad: «Todo para el nene». Pues ni hablar. Acostúmbrale a que haga con tu ayuda, después de cada Navidad, dos paquetes: el primero con juguetes usados, en buen estado, y el segundo con algo a estrenar.
A continuación, coges al peque, te lo llevas a la parroquia y le explicas que otros niños se van a poner muy contentos con los regalos que lleva.
* Amor a Jesús y María: No esperes a que tu hijo reciba la catequesis en el colegio y haga la Comunión para hablarle y llenarlo de Dios: en su cuarto no debe faltar el rosario, la imagen de María y de Jesús. La información le entra muy bien por los ojos.
Realiza murales a lo largo del año. En el mes de mayo, pintáis una Virgen y todos los días tu hijo es el encargado de pegarle una flor.
Le toca el turno a los sacrificios: por cada torta que no ha propinado a su hermano, o por lo bien que se ha comido las dichosas lentejas, durante el Adviento y en una cartulina delante del portal, Juanito pega una pelota o un caballo recortados del papel del regalo.
Y en su cuarto, un techo de estrellas. Una cada noche si se ha portado bien. La evaluación del comportamiento se hace conjuntamente padres-hijos, a la hora de ir a la cama. El niño es quien la pega y, en la oración nocturna, se la ofrece a Jesús.
¿Cómo educo a un revoltoso de tres años? Con muchísimo amor, ya sea niño o niña. Necesita saber físicamente que es querido por sus padres. Aunque amarlo no es mimarlo. Precisamente porque le quieres, le exiges y no le haces consentido. Para que el niño, de mayor, pueda transmitir amor sin traumas ni bloqueos, tiene que ser muy querido y percibir que lo es.
* Sin perder los nervios, aunque de vez en cuando tengas pensamientos inconfesables, porque es la octava vez que te levantas por la noche. Pero ¡ojo, que no te tome el pelo!
* Sin amenazas. Si te pasas el día: «Como no te lo comas, te tiro por la ventana»… ten por seguro que llegará a tomarte el pelo. No vas a cumplir nunca lo dicho. ¡Faltaría más!
* Razonadamente. Aunque tiene tres añitos, no es tonto: «Mira, esto se llama enchufe y es muy peligroso». Y, a continuación, pones un esconde enchufes a prueba de niños. Lo cual no significa que no vaya a volver a las andadas; pero de esta forma le enseñas a razonar y, además, has puesto los medios para que no se electrocute.
* En positivo: Evita las palabras «nunca», «jamás», «siempre». Y etiquetas como «eres un sucio, un egoísta…» Al final, sucio lo será más y, encima, acomplejado; y el que no lo era, por tanta repetición, lo creerá firmemente o acabará siendo un guarrete. Intenta estimularlo positivamente.

Blanca Jordán de Urríes

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