LOS HÉROES DE ILIÓN

Carmen de Andrés
El pasado viernes 23 de febrero emitieron por televisión la película Troya. En ella se mezclan prodigiosamente la crónica de la Iliada de Homero- sitio de Troya- con la construcción del caballo de madera y el engaño de los griegos para introducirlo en la ciudad de Troya, que recoge ocho siglos después, Virgilio, en su Eneida.

Este relato quizá nos podría servir para desgajar las similitudes y las diferencias entre los héroes principales de la batalla, Aquiles y Héctor, y los jóvenes de hoy.

La Ilíada es la crónica de los últimos días de batalla del décimo año de contienda contra la cuidad de Troya. Homero recopila la tradición oral de la guerra contra Troya a través de los siglos. Si bien los personajes de la batalla son fruto de la imaginación de Homero, no podemos decir lo mismo de la cuidad de Troya, también llamada Ilión. Era la capital de Triade, región de Asia Menor, situada cerca del Bósforo. En el siglo XIX fueron descubiertas las ruinas de la ciudad en la costa occidental de Turquía.

El enfrentamiento de Grecia y Troya fue bajo el pretexto del rapto a Helena por parte del troyano, Paris- hermano de Héctor-. Se personaliza en los dos principales héroes de cada bando. Aquiles, por parte de los griegos y Héctor, de los troyanos. Los dos héroes perecerán en la contienda.

Aquiles -rey de los mirmidones, es hijo de Peleo y de la diosa Tetis. Cuando Tetis alumbró un hijo le puso por nombre Aquiles- el de los pies ligeros-porque sería veloz en las batallas y las carreras, además de dotarle de una casi total invulnerabilidad, ya que le sumergió en el lago Estigia sujetándole por uno de los talones, que de esta forma quedó seco y vulnerable.

Aquiles simboliza el ímpetu de la juventud. Es un joven ardoroso y fuerte. Valeroso y decidido. Aún cuando los dioses le vaticinan que caerá en la batalla por la conquista de Troya éste responde: “¿Por qué vaticináis mi muerte? Ya sé que mi destino es perecer aquí; más, con todo eso, no he de descansar hasta que harte de combate a los troyanos”. Este joven es el paradigma del luchador, capaz de enfrentarse a grandes hazañas.

Incluso ante un destino funesto, predecible; la misión, la meta es lo que importa. Anhela la utopía, la hazaña y lucha por ella. Se entrega a ella con todas sus fuerzas. La fe le mueve a la proeza. Quizá éste sea el punto donde descubro más desencuentros con la juventud de hoy, que no cree en las utopías, desengañada por el mundo y sus obras le hace ser incrédulo, sin valores, sin interés por cambiar las cosas y mejorarlas. Amante de las aventuras fugaces, de los riesgos calculados, de las situaciones y las cosas fungibles, no acaba de despedir a la niñez y se siente encorsetado en su disfraz de eterno núbil.

La poca fe para transformar las cosas le lleva a la búsqueda del placer efímero, a la incesante conquista de lo presente. No cree en su capacidad para enriquecer lo que le rodea, para embellecerlo, para infundir su alma en lo creado. Es la generación de la apatía, de la falta de posibilidades, de la salida constante de trenes que no acaba de coger…

La muerte temprana de Aquiles la hace, además de más heroica, más legendaria. Los dioses griegos privilegiaban a sus favoritos con una muerte insigne en plena juventud, como si no quisieran corromper, a través del devenir de los años, su esencia corpórea. Asistimos hoy a una realidad diametralmente distinta. Actualmente, la juventud se eterniza no por la proeza de sus hazañas forjadas a lo largo de los años, sino por el obsesivo culto a su materia corporal, al envoltorio, olvidándose de que “todo hombre es hijo de sus obras”…

En contraste con el feroz Aquiles, Héctor simboliza el guerrero caballeroso. Opuesto al carácter belicoso de Aquiles, éste es inteligente y prudente. Es hijo Príamo, junto a su hermano Paris, rey de Troya. Es el mejor guerrero troyano. Como comandante de las fuerzas de la ciudad, su contribución a la resistencia frente al ejército griego fue decisiva.

Su inteligencia puesta al servicio del esfuerzo personal, del trabajo individual en bien de la colectividad que representa- Troya- le revisten de una responsabilidad que llevará con generosidad y entrega hasta el final de su vida. Es el otro héroe del relato. Un héroe menos espectacular, más vulnerable a la furia de Aquiles, pero no por ello menos dotado para las acciones heroicas. Su buen hacer, su reflexión, su honestidad como caudillo en la guerra y como administrador en la paz, harán de él el líder indispensable de Troya. Prueba de ello es que cuando sucumbe ante Aquiles, la ciudad cae.

Los dos personajes de este relato pueden darnos claves precisas para iluminar la situación vital de muchos jóvenes occidentales. Al fin y al cabo, todos los seres humanos necesitamos ejemplos cercanos que nos ayuden a encaramar la vida. En Troya- pero mejor en la lectura de La Iliada- hemos podido encontrar las inquietudes de hace tres mil años y descubrir que pueden ser aplicables hoy como unas gotas de ambrosía, el néctar que utilizaban los dioses griegos para conservar un cuerpo fresco y que no lo corrompiera el tiempo.

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