LOS ARQUITECTOS DE LA SOCIEDAD FUTURA

Lorena Zabala
La mejora de las sociedades pasa por la mejora de los individuos que la componen y uno de los valores básicos que cada persona puede aportar es la solidaridad. A lo largo de la historia de la humanidad el establecer vínculos entre pueblos y personas ha sido una constante hasta la consecución de un entramado que se refleja en las relaciones internacionales actuales. Este artículo se orienta especialmente hacia los docentes y familias por su papel fundamental en la educación en valores y por su papel como vectores de la solidaridad y el voluntariado que comienza en el aula y en la familia.

En Ayalde, se trabaja desde hace varios años en el ámbito de la Solidaridad y el Voluntariado de forma activa, tanto en programas de ámbito cercano como internacional, considerándose éste uno de los vectores de interés para la formación integral de la persona. Además, la Solidaridad es necesaria para que tengan sentido las asimetrías de la existencia humana. Sin ella, la bondad y el bien no pueden introducirse en la condición asimétrica de la existencia.

Profundicemos un poco más en éste término tan utilizado y veamos cuales son los elementos que la componen: uno es el elemento compasivo que intenta empatizar con el otro para lograr ver la realidad desde su perspectiva. En segundo lugar, el ponerse en el lugar del otro para sentirse más unido hacia los demás. Un tercer elemento es el reconocimiento del otro como persona. Solamente se puede ser solidario si se reconoce la dignidad humana que tenemos todos por el hecho de pertenecer al mismo género, de ser personas. Eso significa que la opinión del otro cuenta tanto como la de uno mismo, que no se puede dar ayuda a pesar del otro o pensar en ofrecer solamente aquello que uno cree que es lo más adecuado. Y por último destacamos el elemento de universalización. Si se tiene la conciencia de que lo que sucede a uno afecta a todos y por ello, todos somos responsables de todos, no podemos afirmar que la Solidaridad puede establecerse con unos cuantos, sino con todos incluso con las personas que no conocemos o que no están cerca geográficamente. Ello implica una opción de vocación universalista por el bien común y una superación también, del egoísmo para la transformación de la realidad social y de aquellas estructuras que están perjudicando a los sectores sociales más débiles.

La Solidaridad posee igualmente dos dimensiones: la Dimensión personal, de perfeccionamiento individual y la Dimensión de transformación social, hacia modelos más solidarios. Y es que la Solidaridad tiene un perfil utópico que orienta las acciones hacia la construcción de orden social más justo y solidario como complemento de la justicia. Igualmente actúa como instrumento transformador del entorno en favor de los más desfavorecidos. La Solidaridad persigue una comprensión crítica de la realidad. Busca las causas de la asimetría y de las desigualdades para intentar evitar su reproducción. Persigue el bien de todos superando los localismos y corporativismos y apuesta por la opción de un mundo de cooperación más que un mundo donde prime sólo la competencia.

¿Qué gana el voluntario con su acción?

Es cierto que la persona voluntaria realiza la acción sin esperar nada a cambio, pero es cierto también que se obtienen grandes compensaciones y satisfacciones por ello. Lo que el voluntario “recoge” es una mayor conocimiento de la realidad que nos rodea, de otros puntos de vista y situaciones que en nuestro ámbito habitual no tendríamos ocasión de conocer. Se trata de madurar, de reflexionar, de cambiar la forma de entender la vida misma. La etapa de la adolescencia es especialmente interesante para ejercer la acción voluntaria. El adolescente esta conformando su personalidad y al ejercer la acción voluntaria aún sin darse cuenta está buscándose a sí mismo. Para aquellos que organicen el voluntariado para adolescentes es necesario que aparezca de forma tractiva y que se ajuste a los modos de ser de cada uno, adecuando la tarea a la persona en la medida de los posible.

Los adolescentes están en un momento de crecimiento en el que deben recibir mucho más de lo que dan. Por ello, el voluntariado debe servir para aportarles valores para la maduración de su personalidad. El voluntariado ha de centrarse en una acción concreta, pero no debe perder de vista las dimensiones que tiene para que con su actuación se colabore en la construcción de un mundo mejor y más solidario.

El contexto internacional

Para entender la acción solidaria en el mundo actual, es necesario analizar el contexto internacional. Igualmente, no podemos evitar hacer referencia la dificultad que esta tarea conlleva, ya que los mensajes a menudo son difíciles de asimilar debido a la acción de los Media, que por su intrínseco carácter transforman en espectáculo los mensajes en sentimientos de indiferencia e insensibilidad en el receptor. Y es que aunque las zonas geográficas sean distintas, las culturas, costumbres, idiomas etc…Los problemas son los mismos: La desigualdad norte-sur, La abolición del hombre (Lewis).

Un modelo de desarrollo inviable: el desarrollo ilimitado. El crecimiento productivo genera un crecimiento de las cifras macroeconómicas al mismo tiempo que genera bolsas de pobreza en el centro y miseria en la periferia. Un enfoque excesivamente economicista del desarrollo humano que no responde a las necesidades auténticas de la persona. La sociedad postindustrial y sus males con la aparición de lo que se ha venido a denominar “los náufragos del sistema” , la aparición del Cuarto Mundo, que no son sino los nuevos pobres de los países ricos, la excesiva tecnologización que lleva incluso a la anulación de las decisiones personales, el pensamiento único entendido como totalitarismo económico, político e ideológico, el Mercado como gobernante único y el ensanchamiento de la brecha norte-sur.Y por último quisiera señalar la cultura postmoderna, la cultura escaparate de occidente, la creación del hombre –antena en detrimento del cultivo de la propia interioridad. Parece así que lo efímero gana al compromiso y a lo estable y duradero.

Ante la nueva era, se advierten dos posibles actitudes: el pesimismo absoluto y la apuesta que por ejemplo desde Ayalde se plantea: el optimismo ante la búsqueda de poner en marcha nuevas posibilidades de humanización con la solidaridad como guía.

Aquello de “para Servir, Servir” de San Josemaría está siempre de actualidad.

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