LO ESTUPENDO DE TENER HERMANOS

Al leer un artículo de TIME sobre los estudios de psicólogos y sociólogos y sus conclusiones sobre la importancia de tener hermanos, recordé, con una sonrisa, la definición que un amigo sociólogo hacía de la Sociología: “la elaboración penosa de lo evidente”.

Por Luis Fernández Cuervo

Al leer un artículo de TIME sobre los estudios de psicólogos y sociólogos y sus conclusiones sobre la importancia de tener hermanos, recordé, con una sonrisa, la definición que un amigo sociólogo hacía de la Sociología: “la elaboración penosa de lo evidente”. Es una definición muy irónica, que si se la toma uno muy en serio sería demoledora. Si yo me acordé de ella en esta ocasión es porque para mí siempre ha sido evidente -sin necesidad de estudiar científicamente el caso- que lo mejor que le puede pasar a un niño, después de sentirse querido por sus padres, es tener varios hermanos y hermanas. Ahora un montón de estudiosos de la familia y su desarrollo, después de concienzudos trabajos y encuestas, llegan a esa misma conclusión e incluso algunos la exageran, porque vienen a dar más importancia, en la formación de la persona, a los hermanos que a los padres.

Leí el trabajo de TIME en su versión al español en la revista SUMMA (pág. 179 y sgs., octubre, 2006; www.revistasumma.com) con el título “La nueva ciencia de los hermanos” para subtitular enseguida: “Nuestros padres nos criaron, nuestros cónyuges viven con nosotros, pero fueron nuestros hermanos y hermanas quienes, en realidad, nos dieron forma. Una sorprendente investigación revela lo que hicieron.” Los estudios corresponden a una investigación en el 2005 del psicólogo de la Universidad de Pennsilvania Daniel Shaw (publicada en el 2006) y a los trabajos –no sé si con penosa elaboración- de los siguientes profesionales: Katherine Conger, socióloga de familia (Univ. de California en Davis); Laurie Kramer, prof. de estudios familiares (Univ. de Illinois); Susan McHale, psicóloga de desarrollo (Univ. de Pennsilvania); Mark Feinberg, psicólogo (Univ. de Pennsilvania); Patricia East, psicóloga de desarrollo ( Univ. California en San Diego); Kimberly Updegraff, profesora de desarrollo humano y familiar (Univ. Estatal de Arizona) y William Ickes, psicólogo (Univ. de Texas en Arlington).

Algunas de sus conclusiones: “Nuestros hermanos son nuestros sargentos, protectores, acicates atormentadores, compañeros de juego, consejeros, fuentes de envidia y objetos de orgullo. Desde que venimos al mundo, nuestros hermanos son colaboradores y compañeros de conspiraciones, modelos de rol y protagonistas de nuestras historias ejemplarizantes.” “Los hogares con varios hijos son comparables a cortes palaciegas, donde se gestan alianzas, riñas, rencores y lealtades. Pero aunque a los padres se les pongan los pelos de punta con tanta pelea, es mucho lo que los niños aprenden simultáneamente, sobre todo acerca de resolver conflictos.” “Los menores intentan copiar las habilidades y fortalezas de los mayores mientras que éstos suelen lanzarse a hacer cosas nuevas o difíciles para evitar que los más pequeños lo intenten primero.”Y además, esas riñas, roces y rencores, según dichos investigadores, después de los ataques, hasta en la más feroz batalla entre hermanos, dejan pocas heridas y, aseguran, “uno de los mayores regalos que ofrece el nexo fraternal es que, con el tiempo, la calidez aumenta y los conflictos se van desvaneciendo.”

También es interesante lo que indican sobre el favoritismo de los padres para algún hijo. Según estos estudios, los padres suelen sentirse culpables, “por la evidente pero rara vez admitida preferencia hacia uno de los hijos” pero eso, que también es conocido por los otros hijos, suele dar el resultado de que, en vez de tratar de destronar al preferido, se acude a la solución más inteligente y más fácil: “aliarse con el favorito, para que la situación también sea beneficiosa para uno” y así “valerse de los preferidos para pedir permisos, porque éstos nunca reciben una respuesta negativa.”

Lo que no esperaban observar, cuando los niños crecen con un hermano del sexo opuesto, es que eso no modera sino que acentúa los rasgos ligados al género. Estos hermanos –dicen- se acercan más a los estereotipos de su género e incluso escogen como amigos a quienes cumplen esas normas. Es lo que K. Updegraff califica como “selección de nicho”. Y en general, también en el proceso de socialización del pequeño ser humano el tener hermanos del sexo opuesto es una ventaja: “Las hermanas enseñan a los hermanos los misterios femeninos y los hermanos a ellas los acertijos masculinos. Además los varones con hermanas mayores, cuando llegan a la adolescencia interactúan más cercanamente y agradan más a sus nuevas camaradas femeninas y las mujeres con hermanos mayores varones, también son más propensas a iniciar la conversación y a sonreír a los nuevos camaradas, antes que ellos inicien el acercamiento.

“En un mundo tan grande, intimidante y con frecuencia solitario” –dicen esos investigadores de la familia- “entendemos que no hay nada mejor que contar con una banda de hermanos y hermanas con quienes salir a aventurar.” Y concluyen: “Desde cualquier punto de vista, los hermanos son una de las mejores ideas de la naturaleza.” Lo siento por los funcionarios de las Naciones Unidas, que promueven lo contrario -tener los menos hijos posibles-: ¡los estudios científicos no les dan la razón!

Dr. Luis Fernández Cuervo

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