LAS DIMENSIONES DE LA PERSONA

Melendo, Tomás
Ed.: Palabra
EL AUTOR: Tomás Melendo. Doctor en Ciencias de la Educación y en Filosofía. Ocupa la Cátedra de Filosofía (Metafísica) de la Universidad de Málaga. Ha publicado numerosos libros y artículos en revistas. Últimamente ha dedicado una especial atención a cuestiones relativas a la familia y creado y coordinado en su Universidad un Máster en Ciencias para la Familia y otros cursos afines.

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Melendo nos presenta una síntesis de lo que considera más acertado sobre lo mucho que se ha escrito sobre el ser humano. Siendo la persona un ser único e irrepetible, cabe estudiarlo desde muy diversas facetas. De hecho, a lo largo del tiempo se ha ido enriqueciendo el concepto de dignidad de la persona humana y, quizás nunca como hoy se ha llegado tan alto en el nivel intelectual, aunque en el nivel práctico algunos vivan una vida indigna del ser humano o traten a los demás como si no lo fueran. Melendo después de responder a la elemental pregunta de qué es ser persona, pasa a analizar cada una de las propiedades de la persona humana. La intimidad, la libertad y la capacidad amar son algunas de los temas desarrollados. La búsqueda acuciante de la felicidad en la sociedad actual está mal planteada, porque la felicidad no es un objetivo sino un resultado. Aprender a amar es una de las tareas esenciales en la persona humana. Para eso hay que precisar qué es amar y podríamos resumir con Guiton que amar es darse. Sólo una persona capaz de vivir el olvido de sí y de darse a los demás alcanzará una vida lograda. Nunca se ha hablado tanto del amor pero desde enfoques tan diversos que resulta imprescindible preguntar al oír esta palabra ¿qué quieres decir con eso? Aunque teóricamente esto pueda conseguirse al margen de Dios, la realidad es que cuando se prescinde de Dios, se maltrata al hombre: no siempre en los casos singulares, pero sí en el diseño de la sociedad. La verdadera dignidad de la persona se percibe más claramente en aquel que está desposeído de lo que podía tener: dinero, salud, prestigio… y sólo le queda lo que es. Por eso el valor de una sociedad se mide por como trata a los seres más desfavorecidos o necesitados: embriones, enfermos, ancianos, pobres, deficientes… Ser coherentes con este planteamiento es difícil pero enormemente enriquecedor.

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