LA TV, ESA INVITADA INOPORTUNA

Carmen de Andrés
Aída, Hospital Central, Sin Tetas no hay Paraíso, Física y Química, Lalola, 700 euros, Escenas de matrimonio son sólo algunos ejemplos de cómo las ficciones españolas- cada una de una productora- apuestan por exhibir modelos familiares rotos o por transmitir contravalores.

Mientras que las cadenas parecen haberse dado cuenta de que los programas familiares son del gusto del telespectador, que responde a una audiencia potente, no parecen pensar lo mismo respecto a los contenidos de las series.

Con todo, si algo define a estas producciones españolas es la poca importancia que se da en ellas a los valores familiares y la propuesta como “normal” de situaciones personales o sociales que no lo son. Si a esto añadimos que se emiten en horario infantil, se incrementa el perjuicio. Ya comenté en otro artículo que el horario de protección infantil va de 9 a 22 horas, y que este horario es fragantemente violado.

Con estos antecedentes no creo exagerado poder decir que uno de los motivos por lo que se puede fracasar en la educación de nuestros hijos es dejar que vean toda la televisión que quieran sin control.

Es verdad que en la formación de nuestros hijos intervienen muchos item: la familia, el colegio, los amigos, la calle, la televisión, las lecturas, internet, videojuegos, el móvil, etc. Está claro que cada uno de estos elementos tiene distinta influencia a la hora de educar y que la televisión no es la única que contraeduca. Todo, sin la debida atención y dedicación de los padres, puede ser contraproducente para la educación de nuestros hijos. Pero centrándonos en la televisión, que es lo que me ocupa, me gustaría apuntar algunas reflexiones.

Nadie en su sano juicio dejaría entrar en su casa a un extraño que pudiera deformar a sus hijos y a nosotros mismos. Un extraño que hablara mal o se mofara de los valores familiares y morales que intentamos vivir e inculcar a los niños. Un extraño que intente despertar en nuestra familia instintos violentos, provocación sexual, costumbres en contra de la moral (relaciones extramatrimoniales, homosexualidad, avaricia y poder a cualquier precio, falta de respeto por los demás, cinismo, superficialidad, morbo, curiosidad sin límite, etc).

No, a nuestra casa debe entrar alguien de confianza, alguien que nos acompañe con la plena seguridad de que su amistad y contacto nos va a resultar positivo y enriquecedor. Alguien que no defraude la intimidad que le hemos proporcionado.

Trasladar esta imagen del invitado “apropiado” al buen uso del medio televisivo nos obliga a tomar algunas medidas. La primera y más importante quizá sea no encender la TV sin saber de antemano- consultando la programación- qué vamos a ver. Si ese programa o película es positiva para nuestra formación, si siendo un programa de entretenimiento no es una pérdida de tiempo, si su enfoque informativo es fiel a la verdad, si su contenido enriquece nuestro universo cultural, etc.

Pienso que esa elección o “ese meter la cabeza” no es exclusivo del buen manejo de la tv. El sentido común nos dice, que las pequeñas elecciones de nuestra vida van por este camino. ¡Quien no mete la cabeza a la hora de elegir un libro de lectura, la selección de la emisora de radio favorita, del periódico, de una película de cine, un regalo para nuestros hijos, una salida de ocio. ¡¡Nos pasamos la vida eligiendo!! Y lo extraño es que no lo hagamos con la televisión.

Lo positivo de las sociedades democráticas y del mercado de bienes de consumo es que los ciudadanos tenemos la opción de elegir, y cada elección que hacemos es un mensaje a los gobernantes, a las empresas, a los responsables de instituciones u organismos.

Si muchos ciudadanos dejamos de consumir determinados bienes y consumimos otros, acordes a nuestras creencias y valores pues quizá estemos más cerca de cambiar los contravalores de la sociedad. Los cristianos tenemos el deber de transformar, en la medida de nuestras posibilidades, la sociedad que nos ha tocado vivir para hacerla más humana, justa y habitable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *