La televisión como herramienta de aprendizaje

La influencia actual de la televisión en el proceso de socialización de los niños es un hecho incontestable. En sus momentos de ocio, nuestros hijos interaccionan con sus iguales a través de referencias que les son comunes: las palabras que oyen, las noticias que leen y las imágenes que ven, a menudo sin intervención de sus padres, conforman este universo compartido. La televisión, pues, es un medio de comunicación social que influye enormemente en el desarrollo de la personalidad de los niños y determina tanto sus pautas de comportamiento como su bagaje cultural.

En consecuencia, es fundamental establecer medidas de control sobre los contenidos que se difunden y la manera en que la son tratados. La Administración actual se ha manifestado a favor de abordar esta cuestión con urgencia, comprometiéndose a elaborar proyecto de ley Audiovisual en la presente legislatura. Lo cierto, sin embargo, es que el acuerdo entre las entidades y organismos implicados está aún muy lejos y se vislumbra lleno de trabas, lo que implica un avance muy lento del proceso.

¿Qué puede hacer la escuela?
Existen numerosos estudios y propuestas sobre el diseño y la puesta en marcha de programas didácticos destinados a enseñar a ver la televisión en los centros educativos. José Ignacio Aguaded Gómez, director del Grupo Comunicar, ha publicado una de las guías didácticas más completas sobre esta cuestión. El informe parte de la paradoja que supone la desconexión entre la vida académica de los alumnos de Primaria y Secundaria y su principal actividad de ocio, ver la televisión. ¿Por qué ninguna asignatura del currículo escolar se ocupa de rentabilizar el potencial educativo de este medio?

Sostiene Aguaded que el desfase entre los mensajes que nuestros hijos reciben de la realidad cotidiana y los que se les transmiten en la escuela se debe solucionar en los propios centros educativos. Las recomendaciones que los expertos dirigen a la Administración educativa, los padres y familias, las AMPAS y lo propios medios de comunicación tienen la finalidad de fomentar la “competencia televisiva” de los alumnos (o lo que es lo mismo: enseñar a ver la tele) a través de las siguientes acciones:

Planes integrales de formación del profesorado que, por un lado, persuadan a los educadores de la necesidad de integrar el consumo crítico de los medios de comunicación en el currículo escolar; y por otro, les preparen específicamente para educar en esta materia, así como para adaptar estos nuevos contenidos didácticos en el sistema educativo.
Campañas institucionales dirigidas a padres, profesores y alumnos, con el objetivo de sensibilizar a la sociedad en general y a la comunidad educativa en particular sobre la utilidad de este proceso de enseñanza-aprendizaje.
Edición de materiales didácticos, libros e investigaciones que faciliten a los profesores el desarrollo de actividades didácticas sobre la visualización reflexiva de la televisión.
Publicación de materiales curriculares que favorezcan el diseño y puesta en marcha en la escuela de programas didácticos para el aprendizaje crítico de la televisión.
Dotación de recursos audiovisuales en los centros escolares que, por lo menos, sitúe a España en la media de los países de la Unión Europea en lo que se refiere a infraestructura y equipamiento técnico en la escuela.
La responsabilidad de los padres y educadores
Aun contando con la necesaria colaboración de los centros educativos, conviene recordar que la principal tarea formativa en los referente al consumo racional de la televisión corresponde a las familias, ya que la televisión se ve principalmente en el hogar. La intervención de los padres con hijos en edad infantil, decisiva en el desarrollo de su conciencia crítica, es fundamental, así como la de aquellos a cargo de hijos adolescentes, “etapa en que los alumnos tienden a buscar una relativa autonomía y refugiarse en el grupo de iguales”, según indica el propio José Ignacio Aguaded.

Asimismo, los colectivos de padres implicados en la escuela (las AMPAS), las asociaciones ciudadanas y de manera especial las organizaciones que trabajan en el campo de los derechos de los televidentes, deben no sólo asumir un papel de denuncia y control de los contenidos que emite la televisión, sino también colaborar con los centros en el desarrollo de programas de enseñanza. La escuela como institución debe marcarse el reto de de mediar ante la Administración educativa con el objetivo de fomentar el debate social en torno a la influencia de los medios de comunicación en los jóvenes. Se trata, en definitiva, de una responsabilidad compartida por todos los actores comprometidos con el sistema educativo con un trasfondo social.

Todos estos esfuerzos, no obstante, deben contar necesariamente con la colaboración de los medios de comunicación de masas y, en especial, con la complicidad de las cadenas de televisión, que al fin y al cabo son los responsables finales de los contenidos que emiten. Si bien los índices de audiencia y los resultados económicos son el indicador de referencia para las empresas de televisión, es moral y socialmente necesaria la complicidad de las emisoras en el objetivo común de no corromper la educación de las generaciones del futuro.

La televisión es un medio de comunicación social que influye enormemente en el desarrollo de la personalidad de los niños y determina tanto sus pautas de comportamiento como su bagaje cultural

Los medios de comunicación en el aula

La influencia de los medios de comunicación en la sociedad no debe pasar desapercibida en la escuela. Es responsabilidad de los docentes aprovechar su potencial expresivo para, por una parte, modernizar y optimizar la enseñanza de sus respectivas asignaturas con la finalidad de adaptar el mensaje que se transmite a los alumnos a la nueva realidad social; y por otra, enseñar a las nuevas generaciones a enfrentarse con una conciencia crítica y reflexiva al bombardeo mediático al que son sometidos.

Algunas de las actuaciones que pueden resultar útiles los profesores son:

analizar en clase los contenidos de los medios de comunicación (prensa, radio, televisión) desde una perspectiva crítica;
enseñar a interpretar de manera objetiva los mensajes que transmiten los medios, (por ejemplo, dotando a los alumnos de información contextual que les ayude a entender por qué una misma información es tratada de forma diferente dependiendo del medio que la emite);
desmitificar la televisión impulsando su uso como recurso didáctico;
usar los diarios como herramienta didáctica auxiliar de las tareas tradicionales, en tanto que elemento motivador y con capacidad de contextualizar los contenidos curriculares;
hacer uso de las nuevas tecnologías para que los alumnos se conviertan en transmisores de su propia información, fomentando así su espíritu crítico, ético y participativo.

En resumen, el rol de los docentes ha de ser el de orientador, de filtro entre el mensaje de los medios de comunicación y la realidad social. Dicho de otro modo, voz de la conciencia crítica y transmisor de sentido común.

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