La nutrición infantil: los pilares de una dieta sana

Un estudio reciente de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) alerta que la dieta de los menores es una “asignatura pendiente” para centros escolares y padres. Más de la mitad de los niños españoles adoptan una vida sedentaria desde los 13 años, edad en la que se abandona la actividad física en la enseñanza obligatoria. La situación se agrava en el caso de las féminas: tres de cada cuatro chicas practican ejercicio menos de dos veces a la semana o no lo practican en absoluto, según el informe “Actividad física”, presentado el pasado mes de septiembre por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y el departamento de nutrición de Kellogg´s.

La preocupación por la alimentación de los escolares ha llevado a diversas organizaciones relacionadas con la dietética y la nutrición a adoptar diversas iniciativas destinadas a informar a los padres de los peligros que conlleva para sus hijos la combinación de una vida sedentaria y una nutrición inadecuada. El método más recomendado consiste en seguir un modelo de dieta equilibrada, variada y adaptada a la edad y los gustos de nuestros hijos. Para conseguirlo, los expertos aconsejan basarse en los principios de la pirámide de alimentos. Según esta representación gráfica, la dieta debe seguir las siguientes pautas:

Es imprescindible beber de uno a dos litros de agua al día y animar a nuestros hijos a realizar una actividad física por lo menos tres veces por semana.
La base de la alimentación (aproximadamente la mitad del aporte calórico) han de ser los alimentos ricos en hidratos de carbono: cereales, pan, arroz, patatas y legumbres.
Es altamente recomendable el consumo diario de frutas y verduras (5 raciones al día), que son la principal fuente de vitaminas y minerales.
En el cuarto escalón, comparten importancia los lácteos, ricos en vitaminas, y las carnes y pescados, fuente de proteínas. Es importante equilibrar el consumo de estos productos, ya que los niños y jóvenes tienden a consumir una cantidad desproporcionada de lácteos, carnes y embutidos para contrarrestar la escasa ingesta de legumbres y pescados.
En la cima de la pirámide se encuentran los alimentos que deberían ser de consumo ocasional y que, sin embargo, están demasiado presentes en la dieta de nuestros hijos: bollería (grasas naturales), refrescos (con un alto contenido de azúcar), dulces, chocolates y aperitivos salados (patatas fritas).
Los menús escolares, lejos del equilibrio nutricional

¿Cumplen los comedores escolares los requisitos mínimos para garantizar a nuestros hijos una alimentación sana? Ésta es la pregunta que se hacen muchos padres y madres. Lamentablemente, la respuesta dista mucho de ser satisfactoria. Según un reportaje de la revista Consumer publicado en septiembre de 2004, sólo cuatro de cada diez centros educativos analizados ofrecen menús escolares nutritivos y equilibrados. Y lo que es peor: los padres, al no estar convenientemente informados, desconocen que sus hijos no están bien alimentados en una etapa que resulta decisiva para la adquisición de hábitos nutricionales.

Hoy en día, más de un 20% de los niños en edad escolar basan buena parte de su dieta en la alimentación que reciben en los comedores escolares. Son minoría los padres y madres a los que su actividad laboral les permite controlar los hábitos alimenticios de sus hijos. En el mejor de los casos, los niños acuden a clase tras haber desayunado en casa a primera hora de la mañana, comen en casa de los abuelos y cenan en familia. No obstante, es más común dejar la nutrición en manos de terceros, más por obligación que por desidia. Es por esta tesitura que resultan más alarmantes si cabe algunos de los datos extraídos de diversos estudios sobre el servicio de comedor en las escuelas españolas. El reportaje de Consumer, el más completo de los publicados hasta la fecha, concluye, entre otras cosas, lo siguiente:

uno de cada cuatro centros escolares no cumple las exigencias mínimas que los expertos en nutrición recomiendan para mantener una dieta equilibrada;
el 36% de los colegios analizados no sirven verdura como plato independiente en ninguno de sus menús; un 30% comete el mismo error con el pescado; y el 14% hace lo propio con las legumbres;
sólo el 4% de los centros educativos ofrece a los padres información convenientemente detallada sobre la calidad nutricional de sus menús; en contraste, el 32% facilitan una información incompleta que obliga a los padres a preguntar diariamente a sus hijos qué han comido en caso que deseen llevar un control pertinente de su alimentación;
mientras que el 81% de los centros públicos alcanza el aprobado en cuanto al valor nutritivo de sus menús, sólo en el 64% de los privados ocurre lo mismo (así pues, pagar más no significa mejor calidad);
por último, analizando los datos por comunidades autónomas y en términos generales, sólo Álava y Vizcaya superan el examen con “Excelente”, mientras que Navarra aprueba con un “Bien” y otras zonas como Madrid o Cantabria lo hacen con un “Aceptable”; en el otro lado de la moneda, Murcia y Valencia aparecen muy mal paradas, seguidas de cerca por Barcelona.
Más de la mitad de los niños españoles adoptan una vida sedentaria desde los 13 años, edad en la que se abandona la actividad física en la enseñanza obligatoria.

¡Buen Provecho!

En la web de Educared-Educalia, uno de los proyectos educativos de referencia en Internet para la comunidad que forman los niños y jóvenes de 3 a 18 años, sus familias y sus profesores, contiene un espacio dedicado a la importancia de una alimentación saludable. Se trata de la actividad ¡Buen Provecho!, mediante la cual se pretenden aportar contenidos lúdico-formativos sobre alimentación, a la vez que reflexionar sobre las consecuencias que puede tener una mala alimentación y aportar información accesible y clara sobre los trastornos de la conducta alimenticia más frecuentes.

Los ejes principales de ¡Buen Provecho! son:

La pirámide de los alimentos, un juego que facilita el aprendizaje de los grupos alimenticios como base necesaria para mantener una dieta equilibrada y saludable;
El recetario, un espacio de participación mediante el que se ofrece una perspectiva general de las diferentes culturas gastronómicas existentes en el mundo;
El espacio de Hábitos alimenticios, donde se trabajan los trastornos de la conducta alimenticia más frecuentes (obesidad, anorexia, bulimia, etc.).
¡Buen Provecho! es una actividad recomendada para todas las edades, y la realización conjunta de las actividades entre padres e hijos resulta una experiencia muy enriquecedora.

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