La nana. El triunfo de las emociones

La película chilena La nana tiene una larga lista de premios, entre ellos el del Festival de Sundance, como Mejor Película Extranjera. El punto de partida es simple: seguir los pasos de una asistenta doméstica. La puesta en escena es bastante pobre, pero las fabulosas interpretaciones y los valores que proyecta la película son dignos de elogio
Sebastián Silva tenía vocación de ilustrador, pero se ganó la vida como zapatero y como músico, para acabar escribiendo y dirigiendo. Ha escrito y dirigido sus dos largometrajes. En 2007, presentó La vida mata, y ahora estrena La nana. Rodada en la casa de sus padres y con uno de sus hermanos pequeños como uno de los hijos de los Valdés, La nana parte de los recuerdos infantiles del director en una casa donde la tata era una presencia más, como los padres o los hermanos. «Me criaron las nanas. Siempre había una o dos en casa. Vivir con ellas 24 horas al día deja una marca indeleble», admite.
La película muestra el día a día de Raquel, una asistente doméstica que trabaja interna desde hace más de veinte años en la casa de la católica familia Valdés. Ha pasado esos años atendiendo las necesidades de los miembros de la familia, a la que considera suya. Con el tiempo, se ha bloqueado en una especie de limbo. Está casi siempre triste, agria, provoca situaciones de tensión innecesarias y, además, sufre una especie de enfermedad que le provoca desmayos.
Cuando la señora de la casa, Pilar, decide que le viene bien una ayuda, y a la casa llega una nueva asistenta, Raquel muestra sus celos profesionales y personales y acosa laboralmente a las nuevas. Este círculo se rompe cuando contratan a Lucy, una persona capaz de abrazar a Raquel con todo lo que es, algo que le permitirá acabar con la rivalidad y empezar a mirarse a sí misma y a su trabajo con una nueva perspectiva.
En La nana, el director chileno Sebastián Silva pone a prueba la capacidad de respetuosa observación de un espectador acostumbrado a las películas con grandes estrellas y llenas de efectismos. Es todo un reto admirar a alguien con un trabajo poco grato y en circunstancias complicadas. Pero, como el director sí tiene esa capacidad de admiración, es capaz de contagiarla; y tiene además la ayuda de una actriz principal soberbia, y de una historia en la que no sólo vemos un sucederse de las tareas, sino también de emociones, anhelos y deseos.
Otro de los aciertos de Silva es su mirada nada maniquea a la realidad que retrata. Y, aunque hay un trasfondo sobre las diferencias de clases, es capaz de llenar de detalles el personaje de Raquel, pero también el de Pilar, la dueña de la casa que se preocupa por su empleada. Y cuando todo el mundo le pregunta: «¿Por qué no la despides?», ella siempre contesta: «No puedo hacerlo».
Sobre todo, La nana es una historia sobre seres humanos que retrata la dinámica de las relaciones. Y, como decían los miembros del Jurado SIGNIS que le dieron el Premio a la mejor película en el festival de Cartagena de Indias (Colombia), «La nana destaca por presentar una familia que se esfuerza por mantener el respeto, la unidad, el diálogo. La cinta quiere fortalecer en la sociedad la temática de realidades familiares que despiertan en los espectadores los valores que dan sentido a las relaciones, que permiten seguir afirmando el amor como valor supremo».
Hay algunas secuencias de desnudos, que nada añaden. Por lo demás, son muchos los temas que pueden abrir diálogos, y aunque se trate de un drama, también hay momentos de humor negro que provocan la carcajada en el espectador.
Teresa Ekobo

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