LA MOTIVACIÓN SE TRASMITE, SE APRENDE

Mª Eugenia Marfull Uranga
La motivación en el estudiante no suele aparecer por “arte de magia”. Podemos definirla como una fuerza interna que forma parte de la personalidad y que impulsa al ser humano a superar con esfuerzo cualquier situación un tanto complicada. El alumno motivado tratará de esforzarse en los estudios para obtener resultados satisfactorios. El objetivo será en los más pequeños alegrar a los adultos más queridos de su entorno. Más tarde, la recompensa es más natural y preciada: los buenos resultados le satisfacen a él mismo como estudiante y como persona.

Ahora bien, es difícil que el alumno se sienta motivado si su día a día no trascurre en un ambiente que incite al esfuerzo y lo recompense por ello. Son los padres los principales protagonistas de tal enseñanza que debe empezar desde el inicio de la escolaridad. Ahora que todavía estamos a comienzos del nuevo curso, podemos fomentar desde casa los rasgos que definen al alumno motivado.

1.- Valorar su esfuerzo, no tanto el resultado.

2.- Educar con el ejemplo mostrando una actitud de interés e ilusión, no sólo por lo que aprende, sino también por adquirir nosotros mismos nuevos conocimientos: leer, buscar en el diccionario palabras que reconocemos desconocer, buscar información complementaria en enciclopedias, internet, …

3.- Ser ejemplo de superación diaria y responsabilidad, con alegría y esfuerzo. Estar cansados por el trabajo no es excusa para no dedicarles tiempo a la noche: leer cuentos, ayudar en los deberes, escuchar música, comentar las noticias o jugar.

La falta de tiempo, característica de la sociedad moderna, debe compensarse con calidad educativa en el poco tiempo que nos queda para atenderles a ellos.

4.- Mostrar confianza en uno mismo para trasmitirles seguridad. Unos padres con poca autoestima, temerosos de tomar decisiones, no son guía adecuada para sus hijos porque trasmiten desconfianza y desconcierto.

5.- Manifestar interés y curiosidad hacia todo tipo de informaciones. Analizarlas, explicarlas y comentarlas.

6.- Cuando llegue un pequeño fracaso, no atribuirlo a su falta de capacidad, sino a la falta de dedicación y esfuerzo. La falta de capacidad es inherente a uno mismo y por tanto, ellos entenderán que no la pueden modificar. Sin embargo, la falta de dedicación y esfuerzo tiene fácil solución: más tiempo pero realizando tareas de calidad.

El mejor modelo de valores y conductas se ofrece desde casa, ya que la familia es el primer y más importante espacio educativo donde deben crearse oportunidades para desarrollar personas auténticas.

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