La masturbación no es un juego

Los planes de educación sexual y Educación para la ciudadanía incitan a un autoerotismo zoológico de graves consecuencias
En plena crisis económica, el Ministerio de Igualdad se ha gastado 26.000 euros en financiar un Mapa de excitación del clítoris. Amén del derroche económico, el estudio del Ministerio encabezado por doña Bibiana Aído ejemplifica el constante interés de nuestras autoridades por promocionar la masturbación; una práctica sexual que, según advierten los científicos, tan peligrosa resulta desbocada, como mal contenida

Para encontrar un rostro conocido explicando en televisión qué es y cómo se usa un artilugio masturbatorio, no es necesario esperar a altas horas de la noche. Basta con sintonizar, por ejemplo, Telecinco, a media tarde, para toparse con una frustrada aspirante a representar a España en Eurovisión, blandiendo unas bolas chinas y diciendo cómo y para qué se usan. Dejando de lado cuestiones relativas al buen gusto y a la ética periodística, el hecho resulta especialmente grave porque, a esa hora, miles de menores ya han salido del instituto y se encuentran en sus casas. Tal promoción del onanismo no es una excepción: las plataformas de padres objetores a Educación para la ciudadanía llevan varios años denunciando cómo, en los manuales de esta asignatura, se incluye un elemento común: la incitación a masturbarse, incluso entre los niños de diez u once años. Los demás componentes polémicos de EpC (promoción de la homosexualidad, intolerancia contra los católicos, ideología de género…) pueden variar de un manual a otro, pero el contenido referente a la experimentación sexual en el propio cuerpo está, sin embargo, presente en todos los textos denunciados.
Juguetes peligrosos
La normalización del onanismo en la esfera pública es tan notable que ha invadido las aulas españolas: Comunidades como Valencia, Asturias, Andalucía o Extremadura imparten talleres de sexualidad, en los que se alaban las bondades de la masturbación. Incluso, el Gobierno extremeño financia unas reuniones en las que un Sex-shop madrileño presenta sus productos a los alumnos, como si fuesen juguetes sexuales: una expresión, por cierto, muy usada en los medios, y que transmite una evidente visión lúdica de la masturbación. Los ejemplos son tan abundantes que basten sólo dos más: el Ministerio de Igualdad ha gastado 26.000 euros en un Mapa de excitación sexual del clítoris; y junto al Ministerio de Sanidad prevé articular la vertiente educativa de la Ley del aborto, promocionando, entre otras cosas, el cibersexo, para «prevenir embarazos no deseados».
Aberración médica
Esta forma de presentar la masturbación, sin embargo, ha alarmado no sólo a los padres, sino también a los profesionales sanitarios. El doctor Blas Bombín, responsable de atender las adicciones sexuales del Cetras, Centro para el Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones Sociales, de Valladolid, afirma que inculcar esta visión desde las aulas y desde los medios es «una aberración, no sólo por lo que conlleva de riesgo de afianzar al niño (o al adulto) en prácticas que no requieren del esfuerzo de la conquista, de la relación de amistad y afecto con otra persona, sino por lo que conllevan de cosificación del sexo, que se convierte en un objeto de consumo y lo despojan del necesario componente afectivo que hace de nuestra sexualidad una psico-sexualidad. Hay que educar para la práctica digna del sexo, no para la práctica zoológica».
Facilitar la adicción
Además, el doctor Bombín asegura que «la pornografía, la masturbación y la promiscuidad pueden funcionar como mecanismos facilitadores de la adicción al sexo. La presión publicitaria, y la inducción a estas prácticas a través de la pertenencia a grupos, por modas sociales, o intereses creados de terceros, puede refrendar la predisposición de cualquier persona a este tipo de excesos». Y, aunque no todo aquel que cae en la masturbación termina siendo adicto al sexo, conviene recordar que la adicción a la que se expone puede derivar, en palabras del doctor, «en el desplazamiento de obligaciones y responsabilidades, repercute en la relación familiar -cada vez más deficitaria-, en el trabajo, en la vida social y en el propio sujeto. La lucha contra la adicción genera también impotencia, culpabilidad, vergüenza, ansiedad, depresión, disturbios del sueño, irritabilidad, dificultad de concentración, disminución del rendimiento intelectual o conductas antisociales».
Pero que nadie se alarme. Porque tan malo es dar rienda suelta a los impulsos onanistas como reprimirlos bajo amenaza de quedarse ciego, de que propicia el acné, o generar un sentimiento de culpa que puede derivar en lo contrario de lo que se persigue.
Educar bien los impulsos
El psicoterapeuta don Giovanni Alario, miembro de la Fundación Gift and Task, especialista en educación sexual y autor del blog www.grupodepadres.es, asegura que «la cuestión no es si es bueno o es malo masturbarse, porque eso puede reducir la cuestión a un adoctrinamiento ideológico, falto de interés por la persona. Es más fácil escuchar a quien te da respuestas que quieres oír, como masturbarse es bueno, que a alguien que te abre a preguntas: ¿Quién eres tú? ¿Qué te hace feliz? ¿Cómo te sientes con tu cuerpo? Si se entiende contener, como poner diques al agua que quiere fluir, e inducir como abrir los diques para que todo salga espontáneamente, las dos cosas son nefastas para el desarrollo mental. No se educa concentrándose en reprimir la expresión del impulso sexual, ni en prescribir su libre salida a cualquier dirección, porque estaríamos delante del mismo mecanismo. La salud mental no es contener o no contener los impulsos sexuales, sino sublimarlos y dirigirlos hacía fines como el amor al otro, la amistad, la intimidad afectiva o la relación sexual en cuanto expresión de unión con el otro».
Desmontar los tópicos
Entonces, ¿qué hay de verdad en clichés como que la masturbación previene el cáncer de próstata, alivia el estrés, o potencia la autoestima? Según la doctora Alicia Lois, médico de familia en el Hospital San Fernando, de Madrid, «no hay estudios serios que demuestren la asociación entre masturbación y cáncer, aunque en foros en Internet se puede encontrar todo tipo de teorías». Y aunque don Giovanni Alario afirma que, en muchos casos, la masturbación tiene un carácter ansiolítico, la doctora Lois apunta que, «mientras no masturbarse no es malo, hacerlo puede ser perjudicial para el individuo. Se debe dar al impulso sexual un significado de vocación personal que se satisface en el amor y a través del amor. Los órganos sexuales están inmersos en la totalidad de la persona, de su inteligencia, de sus sentimientos, su voluntad y son algo más que un músculo que se atrofie si no se usa (como dicen falsamente algunos sexólogos)».
Así las cosas, como concluye Alario, «la masturbación no es un juego, y tiene un fuerte componente impulsivo y repetitivo, contrario del acto creativo que tiene el juego. Cuando es un problema o un síntoma neurótico, se vence descubriendo los significados que están detrás de ella. Poniendose en juego la relación con el otro y la dinámica afectiva, la persona es capaz de sublimar la pulsión sexual en capacidad de amor y encuentro con el otro». Y eso sí que merece la pena ser promocionado.
José Antonio Méndez

Los riesgos de la pornografía
Decir que el cibersexo «previene los embarazos no deseados» es tanto como decir que jugar al futbolín previene las lesiones deportivas. Entre otras cosas, porque lo que se entiende por cibersexo no es sino masturbación frente al ordenador, ya en chats de contactos, ya visitando páginas web pornográficas. Sin embargo, la pornografía tiene efectos que pueden llegar a ser sumamente peligrosos para los adolescentes y para los adultos. El psicólogo, psicoterapeuta y especialista en educación sexual don Giovanni Alario, asegura que «la desgracia de los adolescentes de hoy es tener a adultos que funcionen como adolescentes y les propongan cosas de este tipo, tal vez para recuperar una adolescencia no vivida plenamente en su día. Cuando el objetivo es evitar embarazos no deseados, no hay educación sexual, porque no se ayuda al descubrimiento de la identidad personal en relación con el otro y con uno mismo». Y apunta algunas desviaciones que se pueden alimentar en la mente de quien consume pornografía:
* El adolescente o el adulto puede revivir fantasías de omnipotencia infantil, donde el mundo está pensado sólo para responder a sus deseos: el otro no es un sujeto con deseos y necesidades afectivas, sino alguien con el que relacionarse por interés personal, por lo que pueda aportar. Esta idea es parte del fundamento de las relaciones de maltrato (frecuentemente reproducidas en las películas pornográficas).
* El cibersexo quita la posibilidad de recrear situaciones, lo que debilita aún más la capacidad mental.
* La pornografía también expone a la confrontación con un ideal de poder sexual falso, porque es actuado, y eso puede hacer perder confianza en la capacidad personal de relacionarse con el otro.
* La pornografía contribuye a dividir la vía afectiva de la vía física en la sexualidad, y alimenta un aspecto disociativo en la mente. De hecho, en España aumentan los casos de quien no disfruta de la relación sexual dentro de un vínculo afectivo.
* Además, la pornografía no favorece la capacidad de sublimación y metabolización de los aspectos inconscientes que se ponen en juego en la sexualidad. El dolor y el sufrimiento no existen o están al servicio del disfrute sado-masoquista. Y eso que la gestión de dolor y el sufrimiento es lo que nos enferma; por eso, la pornografía tampoco favorece la salud mental.

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