La importancia de jugar con nuestros hijos

La búsqueda de un hueco en nuestra apretada agenda para jugar con los hijos es casi tan importante para el desarrollo de los niños como una buena alimentación. Sin embargo, no es tarea fácil. A muchos los padres y madres les puede resultar tedioso y, además, requiere un esfuerzo en el día a día marcado por el estrés y el poco tiempo libre.

El juego es especialmente importante hasta los tres años de edad, dado que en ese periodo de tiempo los niños juegan menos entre sí y prefieren a sus padres. En esta línea, diversos estudios demuestran que las familias que han hecho del juego una base de unión en la infancia han tenido menos problemas en la turbulenta etapa de la adolescencia. Así pues, los expertos recomiendan a los padres dedicar al menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Pero se pueden tener muy buenas intenciones y no saber cómo hacer ese encuentro atractivo y beneficioso.

El juego, clave para el desarrollo de los niños
Un informe publicado por la Academia Americana de Pediatría (AAP) destaca que el juego permite a los niños expresar su creatividad y desarrollar su imaginación, su destreza manual y sus aptitudes físicas, cognitivas y emocionales, por lo que es importante para el desarrollo saludable del cerebro. Entre las virtudes del juego destaca también que cuando se juntan varios niños aprenden a trabajar en grupo, a compartir, negociar, resolver conflictos y a defender sus puntos de vista. Y cuando tienen ocasión de jugar con sus padres, los niños perciben que los adultos les prestan toda su atención y contribuye a construir relaciones duraderas.

En este sentido, según un estudio del Colegio de Pedagogos de Cataluña, el juego duplica la capacidad de concentración y de memoria del niño, por lo que el aprendizaje resulta más sencillo cuando realiza este tipo de actividad.

El juego es pues clave para el desarrollo de los niños, sobre todo en las edades más tempranas, y es recomendable hacerlo en compañía de los padres. Como ya hemos comentado, cuando los pequeños juegan agudizan sus sentidos -el tacto, la vista y el oído son básicos para ellos-, agilizan el movimiento de pies y manos, y fortalecen su capacidad mental. Pero esta actividad no sólo debe ser un mero entretenimiento, sino que ha de cumplir dos objetivos: convertirse en uno de los principales hilos conductores del amor entre padres e hijos y, al mismo tiempo, tener una vocación educativa. Para que esto sea posible, el padre y la madre deben aprender a jugar correctamente con los niños.

Elizabeth Fodor, psicopedagoga experta en juegos y autora, junto a Montserrat Morán y Andrea Moleres, del libro “Todo un mundo de sorpresas”, asegura que “no importa tanto la cantidad (de juego) como la calidad”.

El juego en casa
Es habitual que los padres no tengamos problemas para inventar juegos para nuestros hijos cuando éstos ya tienen cuatro o cinco años. No obstante, las dificultades surgen cuando los niños son todavía unos bebés porque muchos padres tienen la idea preconcebida de que no se percatan de lo que ocurre a su alrededor. Pero en edades tempranas, los niños están deseando ver cosas nuevas, escuchar ruidos distintos, tocar objetos diferentes y, sobre todo, sentir el amor del padre y de la madre a través de gestos afectuosos y palabras bonitas. Jugar es una buena forma de demostrarles cariño y, a la vez, sirve a los pequeños para despertar sus sentidos y fomentar algunas destrezas básicas. “Hay que dar la oportunidad al niño para realizar una actividad y motivarle con mucho amor, paciencia y una gran dosis de alegría”, insiste la psicopedagoga.

Por ello, se aconseja a los padres que dediquen al menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Aunque pueda parecer poco tiempo, es suficiente si las actividades se realizan en las condiciones adecuadas y los adultos las han pensado con antelación y saben estimular a los niños. No se trata de jugar mucho rato, sino de hacerlo bien. “Si el padre o la madre están malhumorados o estresados por el trabajo, mejor que ese día no jueguen con los pequeños porque se dan cuenta de todo y no se van a concentrar”, indica Fodor. Sólo en un ambiente idóneo y con la pareja entregada los juegos son eficaces.

Por lo tanto, los padres debemos tener presente que el juego es una actitud que nos permite, a adultos y a niños, disfrutar con unas pompas de jabón o unas piedras lanzadas a un riachuelo para que se las lleve la corriente. Y así debemos incorporarlo en su educación:

Los padres debemos dejar a los niños su propio espacio pero vigilándoles y procurando que ellos mismos vayan descubriendo el tipo de juego que más les gusta.
Es importante implicar el juego en las rutinas familiares que les puedan resultar nuevas como, por ejemplo, ayudándonos a colocar la compra, ordenando la habitación o planteando como un juego el hecho de meter los juguetes en una caja para ver cuántos caben.
Los expertos aconsejan a los padres que dediquen al menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Aunque pueda parecer poco tiempo, es suficiente si las actividades se realizan en las condiciones adecuadas y los adultos las han pensado con antelación.

Algunos juegos “de siempre”

Los juegos que divertían nuestra generación, la de nuestros padres, etc., se practican cada vez menos. Bajo el lema “Conservemos para nuestros nietos, los juegos de nuestros abuelos”, el portal Juegos sin juguetes rinde un pequeño homenaje a este tipo de juegos y los exponen en su web acompañados de las habilidades que se trabajan con cada uno.

A continuación, detallamos algunos de estos juegos:

¿Quién es?: de entre un grupo de personas, sacamos fuera un jugador mientras elegimos a otro dentro. El jugador de fuera vuelve a entrar y debe adivinar a quién se ha escogido haciendo un máximo de 10 preguntas a base de adjetivos, como por ejemplo ¿Es alto? Las respuestas sólo podrán ser “sí” o “no”.
Piedra, papel o tijera: cada jugador esconde las manos en la espalda y prepara una postura de la mano. Después de decir “Piedra, papel o tijera”, cada jugador muestra su mano. La piedra gana a la tijera, la tijera gana al papel, y el papel gana a la piedra.
El teléfono: todos los jugadores forman un círculo y el primero en jugar hace una pregunta al oído al que tiene sentado a la derecha y este le da una respuesta. Así sucesivamente hasta que todos los jugadores han intervenido. A continuación se repasan las preguntas y las respuestas, que pueden ser de lo más divertidas.
Sombras chinescas: consiste en idear figuras con las manos frente a una lámpara, proyectando la sombra en la pared de forma que seamos capaces de imitar los movimientos del animal o cosa que queremos.
La rayuela: se traza en el suelo una cuadrícula de dos cuadros de ancho por cinco de largo y se numeran, del 1 al 10. Se lanza una piedra al dibujo y el jugador debe recorrer todos los cuadros, comenzando en el número 1 y llegando hasta el que contiene la piedra, saltando con un solo pie de cuadro en cuadro y sin pisar las líneas

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