La educación diferenciada por sexo. Una opción razonable, legítima y moderna

En la sociedad actual es de justicia que las mujeres se realicen profesionalmente hasta donde ellas deseen y que los hombres se comprometan a fondo en la crianza, educación de los hijos y labores del hogar. Conocer las diferencias, aceptarlas y darles el tratamiento adecuado nos ayuda a acabar con los estereotipos, en definitiva, nos conduce a una igualdad real. Hoy la idea de que las diferencias son de origen cultural es demasiado simplista y está anticuada.
La evidencia acumulada durante décadas en laboratorios independientes nos muestra cómo hay que dar cauce a las diferencias, justamente para erradicar en lo posible la exclusión o las marginaciones y lograr así una auténtica igualdad de oportunidades. Y el primer paso debe darse en la escuela. Bastaría con crear grupos de un único sexo dentro de los colegios mixtos para atender a su problemática concreta de un modo más eficaz y justo.
Tanto los chicos como las chicas están sufriendo una desventaja en el sistema escolar actual que al considerarlos idénticos los perjudica, mermando sus verdaderas potencialidades. Una educación que atienda a las diferencias sexuales optimizará las potencialidades propias de los niños y las niñas de acuerdo con sus características psicológicas, somáticas y personales; abriendo la puerta a la plena realización profesional y personal.

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