La decisión de Anne

Con aires de melodrama, y con un formato más apropiado para la televisión que para el cine, se estrena La decisión de Anne, una película que podría ser considerada políticamente incorrecta, ya que aborda algunas cuestiones morales en torno a los llamados bebés medicamento. Y, aunque no sean abordados en profundidad, al menos se reflejan los problemas a los que se enfrentan las familias que se plantean esta opción, ante una enfermedad de uno de sus hijos

Una imagen del filmBasada en la exitosa novela My Sister’s Keeper, de Jodi Picoult, poco conocida en España, La decisión de Anne es la historia de un matrimonio con dos hijos: Jesse y Kate. Cuando descubren que Kate tiene leucemia, comienzan un proceso para ayudarle a superar la enfermedad. Obsesionados con ir hasta el final, deciden tener una hija, Anne, en cuyo ADN está la solución a los problemas de Kate.
Programada, no deseada
«La mayoría de recién nacidos son deseados. Yo no. Yo fui programada. Nací para salvar la vida de mi hermana», afirma la voz de Anne, en las primeras imágenes de la película. Ahora, una
Anne de once años y consciente narra al espectador cómo fue creada por sus padres -Sara (Cameron Díaz) y Brian (Jason Patrick)- para ser compatible genéticamente con su hermana mayor.
En lugar de un final feliz, habitual en este tipo de historias cinematográficas, con el paso del tiempo, se ve que la enfermedad de Kate (Sofía Vassilieva) no ha remitido, y el drama se ha acentuado en la familia. Sara, la tenaz madre de familia, se niega a perder la batalla contra el cáncer, y decide ir a por todas.
El siguiente paso es que Anne (Abigail Breslin) le done un riñón a Kate. Pero, después de años de transfusiones de sangre y trasplantes de médula ósea, Anne no quiere seguir. Decide contratar a un abogado, Campbell Alexander, para demandar a sus padres por el derecho a proteger a su propio cuerpo. Esto sorprende a sus progenitores, y mientras que el padre intenta comprender, la madre está realmente alterada. Reanuda su carrera como abogada para defenderse ante su hija.
A partir de entonces, la película continúa con el juicio donde cobran importancia el abogado de Anne, Campbell, que tiene sus propios problemas, y la juez (Joan Cusack) que preside el caso y se encuentra en un momento emocionalmente frágil, después de la reciente muerte de su hija en un accidente de coche.
El juicio permitirá a todos los miembros de la familia descubrir dónde están unos y otros, y Sara, la madre, comprobará hasta dónde ha llegado con su obstinación. Su marido no está de acuerdo con ella, su hija Anne se rebela, su hijo Jesse sufre de abandono y su hija Kate tiene su propio punto de vista ante su enfermedad.
El miedo a la muerte
Cameron Díaz hace un magnífico papel dando vida a Sara. Su amor por su hija enferma no está en duda, pero es un amor a expensas de sus otros hijos y de su esposo. Abigail Breslin, que fue nominada a los Oscar por su interpretación en Pequeña Miss Sunshine, también está excelente en el papel de una Anne que desea tener una dignidad en su propia familia y no ser sólo un cúmulo de órganos que se pueden utilizar. Y el peso de la película recae en la actriz Sofia Vassilieva, muy conocida por su papel en la serie Médium, que da vida a una Kate que afronta su enfermedad con valentía.
El director de El diario de Noa, Nick Cassavetes, es el responsable de esta adaptación al cine, que ha sufrido recortes respecto de la novela. La triste historia no puede dejar de afectar al espectador por su emotividad. Pero la batalla, por la vida que está en el centro de la historia es el motor que evidencia la falta de significado en las vidas de sus protagonistas, dando lugar a que la enfermedad sea algo que pueda destruirles. Abundan las referencias a la desesperación, al suicidio…
Sin embargo, no se puede dejar de valorar cómo la película muestra que la ingeniería genética está claramente en contra de la naturaleza, tal y como admite en una secuencia Brian, el padre. Y además permite comprender que la desesperada lucha por preservar a Kate, a toda costa, no sólo se debe a la voluntad de salvarla, sino también a la imposibilidad de encontrar un significado a la muerte y, por consiguiente, a la vida.
Teresa Ekobo

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