LA CHARLA QUE NOS DIÓ EL “YONQUI”

José Ramón Ledesma
Impactante charla a alumnos de la ESO

Hace años participé en la organización de un curso sobre las drogas dirigido a adolescentes que sabíamos estaban haciendo sus primeras incursiones en el mundo de la “felicidad en pastillas”. Se nos ocurrió que para hablarles a los chicos no podíamos traer a un médico, ni por supuesto a un profesor, sino a alguien cuyos consejos les sonasen a algo novedoso.

Tomamos la decisión acertada llamando a una asociación de rehabilitación de la droga, y vino un ex-toxicómano y ex-traficante a darnos una charla. La charla, por el realismo que acompañaba a todas y cada una de las afirmaciones del invitado, fue sinceramente inolvidable. Algunas de las “joyas” que desgranó para nosotros se han quedado alojadas en la memoria de muchos de los que asistimos a aquella conferencia, si puede llamársele así.

-“Si ahora tuviera en esta mano todo el dinero que me he metido por esta vena, no necesitaría trabajar en el resto de mi vida”, dijo en un momento dado, mientras en su cara se dibujaba una medio sonrisa helada, de esas que no se olvidan fácilmente.

-Traía la heroína de Rotterdam, nos contó, y la “cortaba” con diversas sustancias para aumentar la ganancia de cada operación. En una ocasión un “amigo” (aunque dejó claro repetidas veces que en el mundo de la droga no hay amigos), le felicitó -mientras disfrutaba del nirvana provocado por el penúltimo pico- por la calidad del producto. Nuestro invitado asintió, respondiéndole que él siempre trae para sus “amigos” lo mejor, mientras pensaba que ese envío, en concreto, estaba cortado por una cantidad inusual de cacao.

-Contaba también que el “mono”, la ansiedad por conseguir la dosis diaria, no entiende de familia, amigos ni allegados. Que la necesidad de droga es algo difícil de explicar para quien no lo ha vivido, y que muchas veces, habiendo conseguido millones para su penúltima operación, entraba a atracar algún estanco para tener dinero “suelto”. -Contaba también -éste fue quizá el suceso más impactante de cuantos contó- y a propósito de una pregunta de un alumno sobre la marihuana, una vivencia ciertamente impactante. El alumno hizo notar en su pregunta que para él no todas las drogas eran iguales, que había drogas duras y blandas, y que la marihuana en concreto tiene incluso virtudes terapéuticas. Nuestro invitado explicó que es evidente que hay grados dentro de las drogas, que las hay duras y blandas, pero no hay drogas buenas y malas: con las drogas -dijo-, unas veces pierdes más y otras pierdes menos, pero nunca ganas”. Nos habló de que él también se chutaba con una droga “natural”, a partir de una planta que crece junto a la patata. “La última vez que me coloqué con esa droga natural -pongo en primera persona sabiendo que no son palabras textuales- rompí a hachazos la luna del Banco Central de N…, y allí fue a buscarme mi padre, donde me encontró desnudo de cintura para arriba, con el hacha a mis pies y detenido por la policía”.

Este caso es extremo. Y además pertenece al pasado. Las drogas actuales permiten volver a casa como si uno no hubiera roto nunca un plato, y además son -comparadas con la heroína- prácticamente gratuitas. Son mucho más fáciles de consumir y de conservar, porque vienen en pastillas y su práctica generalizada resta importancia a su consumo circunstancial. Ahora la droga es más peligrosa porque no deja rastro. Por eso, y porque en muchos casos forma parte del ritual del “finde” con los amigos, las pastillas no las identificamos con el yonqui de principios y mediados de los ochenta, a pesar de que la adulteración de las pastillas es mucho más sencilla que la adulteración del “caballo”.

Podríamos seguir hablando del alcohol y de sus consecuencias des-inhibidoras. Es evidente que muchos chicos introvertidos se ayudan del alcohol para estar a la altura de sus amigos más festivos. Es también evidente que un tanto por ciento considerable de gente bebe porque el resto de la gente bebe, de la misma manera que van de marcha donde hay ambiente, juegan donde la gente juega, dicen lo que la gente dice o piensan lo que la gente piensa y utilizando para ello las expresiones -la jerga- que todo el mundo de su edad utiliza.

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