La biología nos informa

HOMOSEXUALIDAD Y MATRIMONIO

Es preciso incentivar el camino hacia el bien. En la vida social normalizar lo anómalo produce un impacto negativo, genera confusión, influye en la educación de los jóvenes y priva a todos del incentivo hacia el bien, que toda cultura debe procurar.

Carlos Moreda de Lecea

La tendencia homosexual es una realidad humana, minoritaria, incuestionable; sin embargo, las prácticas homosexuales siempre se han considerado desordenadas por su desarmonía con la morfología corporal del ser humano. En nuestro tiempo, la homosexualidad se ha convertido en una cuestión politizada, en parte por su discusión médica. Su origen psíquico no está explicado por completo, ya que parece irrelevante la predisposición biológica o los factores genéticos, sin embargo hay claros indicios de que el paciente sufre alguna anomalía originada por una difícil relación afectiva con el padre del mismo sexo o en el ambiente de su primera formación.

Algunos colectivos homosexuales sostienen que la orientación sexual es una opción libre; otros que no puede cambiar. Ambos, muy activos y con excesiva presencia de homosexuales en el cine y la TV, pretenden legitimar la homosexualidad como una variante de la sexualidad igual que hay personas de piel negra o que usan la mano izquierda en vez de la derecha. Sin embargo, muchos investigadores como el doctor Bieber y otros, no aceptan esa “normalidad” y apuestan por la esperanza al demostrar que entre el 30-50% de los varones homosexuales pueden superar ese problema; confían en la capacidad del ser humano para ordenar adecuadamente su conducta, aunque pueda ser difícil en algún caso. Hay libros-testimonios de estas curaciones.

Esos colectivos desean equiparar las uniones homosexuales al matrimonio como un primer paso para institucionalizar esa cohabitación; luego, exigir el derecho de adopción y, posteriormente, pedir una educación de valores en las escuelas en clave homosexual y una ley de género que redefina lo que significa ser hombre o mujer. Todo lo anterior, que está en marcha en otros países, debería motivar cierta prudencia en los legisladores porque en el futuro las consecuencias pueden ser muy negativas. P.e. cuando se empezó a fumar nadie preveía los efectos patológicos del tabaco, sin embargo el sentido común hace pensar que al ser humano no le conviene respirar humo sino aire puro. Actualmente, cada año, mueren miles de personas por cáncer de pulmón, la mayoría por respirar humo, y hoy nadie considera que el tabaco sea sano o indiferente.

Hablar de matrimonio entre personas del mismo sexo supone eliminar la diferencia sexual como algo esencial en el matrimonio y, por tanto, vaciar de contenido este concepto, desnaturalizar esta institución y otorgar a la unión homosexual una relevancia social que no corresponde a su realidad antropológica; es embutir en la palabra matrimonio una realidad que no contiene, una sinrazón por tratar igual cosas esencialmente desiguales.

Dicen: “¡Tengo derecho a casarme con quien quiera!” El hecho de que alguien quiera casarse con alguien no supone necesariamente que pueda casarse con él ¿acaso se discrimina al varón a quien el derecho impide casarse con su hermana? ¿o con una mujer que está casada? No se discriminan las uniones homosexuales al no considerarlas matrimonio, porque discriminar es tratar de modo desigual situaciones iguales, y es obvio que entre esas uniones hay diferencias esenciales: la pareja homosexual siempre es estéril; la heterosexual puede procrear. Sería discriminatorio que al homosexual se le impidiera contraer matrimonio, porque es homosexual; pero no es así: puede casarse cuando quiera, pero con persona del otro sexo.

La tutela jurídica del matrimonio, como motor de progreso social, no es sólo por la convivencia (que se da en otros ámbitos, desde el militar al conventual), o por la afectividad (aunque a quienes se casan no se les pregunta si se quieren sino si se quieren casar), sino también porque en él nacen y se educan los futuros ciudadanos.

La biología nos informa que el acto sexual propiamente dicho solamente puede darse entre un hombre y una mujer. El aparato reproductor de ambos está previsto para funcionar en unión de uno con el otro. Dicho respetuosamente, durante la relación sexual los órganos correspondientes de cada uno “conectan” con el otro y, cuando ambos se unen, uno complementa al otro formando una unidad; también son complementarios el óvulo y el espermatozoide.

Esta complementariedad no parece darse en una relación sexual entre personas del mismo sexo. Quizá se puede llamar sexual en cuanto hay contacto físico de los órganos sexuales de uno con el cuerpo del otro, pero realmente no es un acto sexual en sentido propio, pues no se complementan ambos órganos sexuales ni pueden procrear porque esa relación es incongruente con su morfología.

En la vida social normalizar lo anómalo produce un impacto negativo, genera confusión, influye en la educación de los jóvenes y priva a todos del incentivo hacia el bien, que toda cultura debe procurar. Con gran respeto para los homosexuales, pensando sólo en los legisladores, pondría un ejemplo: si en ocasiones un adolescente miente para escapar al control de sus padres y se le dice que mentir es una opción tan legítima como decir la verdad, podría fácilmente creer que tiene tendencia mentirosa y perdería el estímulo para superar esa tendencia y esforzarse por ser veraz. Si luego se asocia con otros mentirosos y encuentra el apoyo para reivindicar la mentira como opción vital tan legítima como la verdad, estaríamos ante un fenómeno semejante al actual de ciertos grupos homosexuales. Si la sociedad aceptase esas posturas se diluiría la frontera entre la verdad y la no verdad y, en esa disolución, desaparecería el incentivo de la veracidad en la formación.

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