INVIERNO DEMOGRÁFICO

En el programa televisivo “Claves para un Mundo Mejor” emitido el sábado 26 de julio de 2003, a las 16 por Canal 9 (Argenina)

Reflexión sobre la Encíclica “Humanae Vitae”
Por Mons. Héctor Aguer,
Arzobispo de La Plata (Argentina)

Ayer se cumplieron 35 años de la publicación de un valioso documento papal, que en su momento provocó un gran revuelo, pero que dolorosamente ha caído en el olvido y es la Encíclica “Humanae Vitae”, del recordado Pablo VI, sobre la vida humana y la regulación de los nacimientos.

Tras mucha deliberación el Papa, en esa Encíclica, reafirma la enseñanza tradicional de la Iglesia acerca de la ilicitud de los métodos artificiales para regular la natalidad. En el punto culminante del documento se recordaba que moralmente debe excluirse toda acción que o en previsión del acto conyugal o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación.

“Pablo VI se fundaba en un dato antropológico preciso sobre la existencia de una relación inseparable entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreativo. Todo acto conyugal debía quedar abierto a la vida según las leyes de la naturaleza y Juan Pablo II, luego, ha ilustrado este tema en abundancia en numerosas oportunidades.

El Papa Pablo VI previó proféticamente qué males se seguirían de una aprobación de los métodos artificiales de anticoncepción y de una difusión universal de esos procedimientos. Habló del debilitamiento de la familia y de cómo se introduciría en el seno familiar la facilidad de la infidelidad conyugal y una degradación general de las costumbres y eso es lo que ha pasado efectivamente. También hacía alusión a cómo la fragilidad humana necesita que el orden moral le sea recordado, y lo sostenga además en la lucha contra las pasiones desordenadas, especialmente en el caso de los jóvenes.

Y hay otra cosa que desde el punto de vista cultural y político fue fundamental: el Papa preveía el desastre que podía significar que el poder público, sobre todo cuando no se somete a las exigencias morales, debiera hacer uso de estos métodos anticonceptivos para minar las fuentes de la vida. ¡Es lo que ha ocurrido en muchos países donde hoy se habla de un invierno demográfico!.

Esta encíclica ha sido realmente profética. ¿Por qué ha pasado todo lo que paso después? Creo que en buena medida porque la voz del Papa no fue escuchada y porque desgraciadamente también dentro de la Iglesia ese llamado no tuvo el eco sonoro que debió haber tenido. Especialmente en el caso de muchos sacerdotes que no han aplicado la doctrina de la Encíclica y por tanto han deformado la conciencia de los fieles.

La Iglesia no tiene miedo de parecer antipopular. Aquí se trata de recordar exigencias fundamentales de orden natural y el respeto de aquello que Dios ha creado y Dios sabe cómo debe caminar el hombre para alcanzar su auténtico fin, para realizarse plenamente de acuerdo a ese orden de la creación y para alcanzar la verdadera felicidad”.

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