HOMOFOBIA Y HOMOPOLÍTICA

Josep Miró i Ardévol
La homofobia es un acto que atenta contra la dignidad de la persona, al igual que sucede con la xenofobia o con cualquier acto de desprecio o discriminación con una persona por el hecho de que es distinta a uno mismo. Esto es una evidencia.

Para combatir la homofobia no se necesita ningún planteamiento específico y mucho menos todavía en la escuela. Tal actitud existe porque quien incurre en ella adolece de una carencia fundamental: la ausencia de respeto hacia el otro. Será imposible encontrar un alumno homófobo que al mismo tiempo no presente alguna característica de esa misma falta de respeto en otra manifestación de su vida. Por consiguiente, el papel fundamental de la escuela es educar de manera integral en el conocimiento de la dignidad intrínseca de cada persona por el solo hecho de serlo, y en el buen hábito, esto es, la práctica de dicha virtud: la del respeto.

En nuestras escuelas hay homofobia como hay xenofobia, y un machismo exacerbado en algunos, por los mismos mecanismos que se tiene una absoluta desconsideración hacia el maestro o hacia el profesor, hacia el buen orden de la clase necesario para que los alumnos que quieran estudiar puedan hacerlo. Todo va incluido en el mismo paquete, y es ahí donde hemos de centrar nuestra atención, en cómo educar en el respeto al ser humano sea quien sea, en lugar de manipular el hecho para transformarlo en una arma política que sólo consigue provocar más rechazo.

Ahora mismo, el Gobierno y los grupos del homosexualismo político quieren desarrollar una ofensiva bajo el paraguas protector de que luchan contra la homofobia para educar en la homosexualidad en la escuela, para exponer la ideología de género que considera el sexo de las personas como algo mudable fruto de un proceso cultural, que instiga a niños y niñas a practicar su propia descubierta sexual, que promueve transformar las instituciones de la sociedad para que se adapten al modelo que propugna el homosexualismo político.

Esto no es luchar contra la homofobia, esto es hacer política a favor de la homosociedad, una política tan extrema que conlleva una ruptura no solo cultural sino antropológica. Se trata de una ideología política y no de la educación en el respeto. Y a esto hay que oponerse de una manera rotunda. ¿Que dirían quienes defienden tales campañas políticas si los cristianos pidieran la educación cristiana para todos con el fin de evitar la discriminación religiosa que se vive en muchas escuelas públicas, en la propia sociedad? Y es que resulta irracional la pretensión de combatir cada fobia con una dosis masiva de su contrario que es lo que pretende el homosexualismo político. No se puede luchar de manera segmentada cada una de las fobias, porque esto significa la dislocación de la conciencia personal.

Fuera la homofobia de nuestros centros, fuera también la xenofobia y todo atisbo de discriminación y agresiones contra quien sea, crea o piense distinto, pero por la vía de educar a la persona en el respeto a las personas. Y fuera también de las escuelas los lobbys del homosexualismo político, del adoctrinamiento gubernamental. Que dejen en paz a nuestros hijos, que dejen en paz a todos ellos.

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