Historias de excelencia en colegios exigentes para alumnos desfavorecidos

Firmado por Aceprensa
Fecha: 24 Mayo 2010

¿Qué pensar de una escuela secundaria cuyos alumnos –todos de familias modestas– deben trabajar un día a la semana en una empresa, que paga a la escuela por ese trabajo, mientras los alumnos han de dedicar más horas y tener menos vacaciones para completar sus estudios? En España, la escuela habría sido denunciada por explotación del trabajo infantil y probablemente clausurada por el Ministerio de Educación, con el aplauso de los sindicatos. En EE.UU., una red escolar de este estilo, puramente privada y de inspiración católica, es una experiencia de éxito, que consigue que el 99% de los alumnos lleguen a la Universidad. Para más inri, se llama Cristo Rey Network (www.cristorey.net).

La principal fuente de financiación del exitoso modelo del Cristo Rey Network es el trabajo de sus propios alumnos un día a la semana en empresas

La primera escuela de la red empezó en 1996 en Chicago, creada por los jesuitas. El éxito llevó a la expansión del modelo, hasta comprender ahora 24 escuelas con unos 6.000 alumnos y 800 profesores y empleados en 19 grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Detroit o Portland. El sistema incluye ahora escuelas gestionadas por diversas congregaciones y comunidades católicas.

Los alumnos y alumnas de las escuelas de Cristo Rey no son una minoría seleccionada por ningún factor, a no ser por su bajo nivel social. Según cuenta Daniel Henninger en The Wall Street Journal (20-05-10), casi todos son latinos (55%) o afroamericanos (34%), procedentes de familias modestas, a menudo bajo el nivel de pobreza. Tampoco son los más listos y en su mayoría nunca soñaron con ir a la Universidad hasta que entraron en estas escuelas, cuyo objetivo es precisamente que lleguen. En la mayoría de los casos, sus resultados escolares no pasaban del nivel medio al comenzar, pero cuatro años más tarde el 99% son admitidos en la universidad, algunos en varias. Serán atendidos con la misma dedicación sean o no católicos, aunque el 60% lo son.

El programa de las Academias KIPP exige más dedicación a los alumnos, pero el 80% entran en la Universidad

Estudio y trabajo

Teniendo en cuenta el perfil del alumno medio, si se tratara de escuelas públicas se pediría aumentar el presupuesto y el número de profesores para hacer frente a las carencias de los estudiantes. En cambio, en Cristo Rey se pide más a los alumnos, con un peculiar sistema que combina estudio y trabajo, y que garantiza la mayor parte de la financiación. Hay que tener en cuenta que no se trata de charter schools, escuelas públicas pero autónomas, financiadas con dinero público, sino de escuelas puramente privadas, que deben buscar sus propios recursos.

El primero y principal es el trabajo de los propios estudiantes. Según este innovador sistema, cada alumno debe dedicar un día a la semana a trabajar en una empresa, en un empleo real y a jornada completa. Es un primer empleo, compartido entre un grupo de cinco estudiantes, por el que la empresa paga entre 20.000 y 30.000 dólares anuales a la escuela. No se trata de trabajos como repartir pizzas. Las empresas que colaboran en el programa son nombres que aparecen en la lista de las 500 de Fortune, ONG’s, organismos del gobierno, universidades, periódicos…

Antes de empezar el trabajo, los alumnos se preparan en un campo de trabajo de dos semanas en verano para aprender usos del mundo empresarial, como tomar notas y mensajes telefónicos, gestionar prioridades, manejar fotocopiadoras y fax, buenas prácticas en la atención al cliente, y buenas maneras en el “lenguaje corporal”. Pues la experiencia del trabajo no solo sirve para que los alumnos se paguen los estudios, sino también para mejorar su formación en contacto con una empresa de primera fila.

El pago de las empresas por el trabajo de los estudiantes aporta el 65% del presupuesto en una escuela como Cristo Rey Harlem School. El resto se cubre con el patrocinio de empresas, y las familias que pueden pagan unas tasas modestas.

Como tienen que trabajar un día a la semana, los alumnos deben hacer en cuatro días el trabajo escolar correspondiente a cinco. Y esto, que podría parecer un obstáculo, tiene mucho que ver con el éxito. Las escuelas Cristo Rey tienen una jornada escolar más larga y unas vacaciones más cortas, y acostumbran a los alumnos a trabajar duro, dentro y fuera de la escuela. El objetivo: llevar a los alumnos hasta las puertas de la Universidad y poner fin al ciclo de la pobreza. Lo están consiguiendo.

El instituto más deseado del Bronx Sur

Pero tampoco hace falta que la escuela sea privada, para desarrollar su propio modelo de éxito. Es el caso de la Academia KIPP (“Knowledge is Power Program”, El conocimiento es poder), una escuela pública experimental que abrió sus puertas a mediados de la década de 1990 en el Bronx Sur, uno de los barrios más pobres de Nueva York. La mitad de los estudiantes son afroamericanos y la otra mitad latinos. Tres cuartas partes proceden de familias monoparentales. En esta escuela no hay examen de admisión, sino que se entra por sorteo. No parece el mejor caldo de cultivo para el triunfo escolar. Sin embargo, se ha convertido en uno de los institutos más deseados, y cientos de familias del Bronx participan en el sorteo para adjudicar las 48 plazas de entrada disponibles cada año.

El escritor Malcolm Gladwell describe el funcionamiento de esta escuela secundaria en uno de los capítulos de su libro Fueras de serie (cfr. Aceprensa, 24-03-10). No es una escuela pública como la que uno puede esperar encontrar en un barrio pobre de Nueva York. A los estudiantes “se les enseña a atender y dirigirse a la gente de acuerdo con un protocolo que aconseja sonreír, sentarse erguidos, escuchar, preguntar, asentir cuando le hablan a uno y mantener el contacto visual”. A la hora de comer los estudiantes van por los pasillos en líneas ordenadas, todos con sus uniformes de la Academia KIPP.

La organización se basa en el convencimiento de que precisamente porque los alumnos tienen más carencias culturales, necesitan más tiempo para superarlas. Por eso la jornada escolar es bastante más larga que en otras escuelas públicas. Las clases empiezan a las 7,25 (lo que para la mayoría de los alumnos supone levantarse a las 5,45, habida cuenta del tiempo de desplazamiento hasta la escuela), con un curso llamado “Aprendiendo a pensar”. Y la jornada se prolonga hasta las 17 h. Después hay grupos de tareas escolares, recuperaciones, equipos deportivos. Así que en la escuela hay alumnos hasta las 19 h. Los que salen a las 17 h. tendrán también no menos de dos horas para hacer los deberes.

Jornada más larga

Ampliar el tiempo disponible da al profesor la posibilidad de explicar con más calma las cosas, y a los alumnos más tiempo para asimilar y repasar, a un ritmo más lento pero más seguro.

¿Fin de semana? Los sábados por la mañana los alumnos van de 9 a 13. ¿Vacaciones de verano? En KIPP estudian tres semanas suplementarias en julio. La idea es que unas vacaciones de verano demasiado largas, que en las familias acomodadas se aprovechan para mejorar la formación de los hijos con distintas actividades, suelen provocar que los niños desfavorecidos queden rezagados. Así que hay que mantenerlos activos.

Curiosamente, las matemáticas, que suelen ser la piedra de tropiezo de tantos estudiantes, es lo que ha hecho más famosa a la Academia KIPP. Y hacia el final del octavo grado, el 84% de los alumnos está por encima del nivel exigible, con unos resultados comparables a los de los privilegiados alumnos de los barrios ricos. Eso sí, con un especial esfuerzo. A cambio, más del 80% de los estudiantes de KIPP pasarán por la Universidad, y en muchos casos serán los primeros de su familia en hacerlo.

“Hoy –concluye Gladwell– hay más de cincuenta escuelas KIPP en Estados Unidos, y más en proyecto. El programa KIPP representa una de las nuevas filosofías educativas más prometedoras de Estados Unidos”.

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