Hijos menores: el Benjamín

La fama de los benjamines de la familia da que pensar: súper estimulados por sus hermanos, muy queridos por todos, simpatiquísimos, seguros de sí mismos, en ocasiones criados en un mundo de grandes.

Varios años como educadora le han permitido apreciar a Margarita María Ochagavía ciertas características de los hijos menores.

”En general son niños seguros de sí mismos. Suelen ser educados por papás más relajados, que han aprendido a discriminar lo que vale la pena y que no les exigen tanto como a los hijos mayores. Eso sí, hay que reconocer que a veces se relajan demasiado con la disciplina.

El ROL DE LOS HERMANOS:

”Los menores suelen ser niños muy queridos y sus hermanos los estimulan todo el día, les hablan, les ayudan a caminar.. En el colegio los mayores los van a ver un ratito a la sala o estando en la fila los saludan junto a sus amigos; todo eso es fantástico para ellos”.

Fernando Espina, cirujano pediatra, es el menor de cuatro hermanos. Y aunque no existe gran diferencia de edad con el que le antecede, él siente que ocupó el lugar del “benjamín” en la familia. Esto, reconoce, “era muy cómodo porque se me perdonaban cosas que a los mayores se les exigían; pero a la vez, me costaba más hacer valer las propias ideas porque siempre me consideraban el más chico”.

También tuvo privilegios, pero esas preferencias tenían su costo. “Cuando jugábamos a los vaqueros, yo era el que tenía que morir primero. Nunca pude ser el jovencito bueno y siempre me tocaba ser el indio, el mozo, o el perro, porque el papel de bueno de la película estaba reservado para los más grandes”.

TOMAR NOTA

Si bien no hay una situación única, ni cánones establecidos, el psicólogo Francisco Parr aclara que no todo es ventaja:

Si se trata de una diferencia de años importante con sus hermanos (cuatro años o más) puede costarle más marcar su identidad: cuando los hermanos son seguidos, se miran entre ellos y se van diferenciando. En cambio, cuando la distancia es mayor hay menos instancias para defender lo que realmente les gusta, mostrar rasgos personales como si son o no tolerantes…

En cuanto a los papás, hay veces en que este hijo recibe un trato de exclusividad, tipo hijo único, y el error está en no discriminar que hay espacios íntimos de los adultos y momentos reservados para los hermanos grandes.

Dicho más directamente: pueden ser “desubicados”. Un ejemplo esclarecedor: un grupo de adultos está conversando, el chico interrumpe y sin más, empieza a contar de su bicicleta, acostumbrado a tener todos los ojos encima.

En el hijo menor de padres muy mayores puede surgir la fantasía de no crecer, y transformarse así en un eterno niño-grande. Incluso hay papás que lo incentivan con frases como “quédese niño, no crezca”.

La independencia y autonomía también son aspectos que pudieran tambalear. Padres excesivamente presentes, crían hijos pusilánimes y cómodos.

El tema de las normas es todo un desafío para los padres de estos niños. Les cuesta darles un “no” y les aplauden cuanto realizan. Esto, puede volverlos muy queridos y seguros de sí mismos, pero también puede revertir en personas narcisistas, que no tolerarán jamás una crítica.

LAS VENTAJAS

En general suele darse el que pertenezcan a familias con bastantes hermanos, lo que es muy apreciado en psicología, porque estimula la generosidad, la paciencia, el respeto.

Son niños que reciben gran afecto, lo que les da una positiva seguridad en sí mismos. Como sus hermanos son más grandes, ellos no sufren celos. Los hijos mayores tampoco rivalizan con él, porque ya han crecido.

La doble paternidad de padres y hermanos los llena de cariño. Incluso hay situaciones en que se aprecia una cierta competencia de padres/ hermanos por querer a este personaje.

En cuanto a la relación con los padres, estos hijos gozan de una verdadera panacea: padres experimentados, y sin ansiedades. Además, suelen estar más asentados en términos económicos y laborales, lo que les da calma e incluso mayor y mejor tiempo para compartir con ellos.

El benjamín de la familia crece en un ambiente multifacético, en un mundo donde muchas preguntas ya han sido respondidas. Esto le permite participar en pensamientos más completos y complejos. Su nivel de convivencia es más abundante: en su casa entran y salen los amigos de sus hermanos y así, suelen crecer en un mundo mucho más abierto.

Si el “Benjamín” es aprensivo con su salud:

– Escuchar al niño que se queja, pero teniendo en cuenta que a esta edad es muy manipulador. Preguntarle dónde le duele y desde cuándo.

– Verifique si los dolores desaparecen el fin de semana.

– Si el dolor aparece antes de ir al colegio, dele la sensación de que se preocupó por él para que se vaya tranquilo. Si, por ejemplo, alega que tiene dolor de estómago, prométale que cuando vuelva de la casa va a tomar té en vez de leche y podrá comer dulces.

– Muchas veces el niño requiere atención, pero hay que dársela sin crear un hipocondriaco.

– Tampoco le exija al niño que nunca se queje, pues no falta el estoico que no dice nada hasta que está realmente grave.

– Si se da cuenta de que e¡ malestar no tiene una causa orgánica, averigüe si hay algo en el entorno del niño que le produce tensión.

– Esté atenta a síntomas importantes como: palidez, vómitos, disminución de¡ apetito, desánimo, falta de ganas de jugar… Será su pediatra quién deba discriminar si el “achaque” tiene o no raíz orgánica.
Con la autorización de: www.encuentra.com

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