Hacer un buen uso de los videojuegos

Intentar que los niños no se muestren atraídos por las videoconsolas y todos sus juegos es muy difícil. Nos guste o no a los padres, el videojuego es un tipo de entretenimiento que está muy presente y lo mejor es intentar conocerlo.
Si se regala un videojuego pensado para menores de siete años a un joven de quince, es probable que se aburra de inmediato y busque un producto más atractivo para su edad lejos de la supervisión de los padres. Por el contrario, si se permite a un niño de doce años jugar con un videojuego pensado para mayores de edad, hay que ser conscientes de que los contenidos a los que accede tienen en muchas ocasiones unos roles que quizá el niño no esté preparado para asumir de forma juiciosa. En última instancia, los expertos recomiendan que sean los padres lo que se sienten con su hijo para inspeccionar el videojuego y juzgar si le conviene.

Por ello, para que el uso de los videojuegos sea adecuado y cumpla una doble función de diversión y aprendizaje, el papel de los adultos es muy importante. Según el pedagogo Enrique Díez, este papel es crucial a la hora de seleccionar un videojuego acorde a la edad y a las preferencias del niño, y a la hora de analizar los contenidos. “Si realizan un seguimiento de los valores que transmiten los juegos que utiliza su hijo sabrán construir argumentos con valores contrarios. Se trata de que el niño adquiera una ‘consciencia crítica’ . Tiene que saber qué es lo que tiene entre manos”.

Un videojuego para cada edad
La proliferación de contenidos violentos y sexistas en los videojuegos motivó en 2003 el acuerdo de dieciséis países europeos, entre ellos España, para establecer un código de autorregulación y una clasificación por edades de los distintos juegos: el denominado sistema PEGI (Pan European Game Information).

PEGI es el primer sistema paneuropeo para el etiquetaje de videojuegos que informa a los compradores del tipo de contenido y la edad recomendada para cada uno, como si se tratase de películas. Dicho etiquetaje se establece mediante el consenso de los propios editores del juego y un organismo independiente administrado por el Instituto Holandés de Clasificación de Material Audiovisual (NICAM) en representación de la Federación Europea del Software Interactivo (ISFE). No obstante, no es una clasificación obligatoria, sino que son los propios fabricantes del videojuego los que voluntariamente pueden entregar o no sus títulos al NICAM.

La clasificación por edades especifica si los videojuegos están recomendados para mayores de 3 años, de 7 años, de 12 años, de 16 años o de 18 años; mientras que en la clasificación por contenidos aparecen seis iconos fácilmente identificables que explican el contenido que tiene el juego: si es discriminatorio, violento, sexual, emplea lenguaje soez, da miedo o hace referencia al consumo de drogas. Sirve pues para distinguir si, por ejemplo, un título es para mayores de dieciocho años por su contenido sexual, por su contenido violento o por ambas cosas. En cambio, si un videojuego no muestra ninguno de estos símbolos, es que no aparece nada de eso.

Enseñar a jugar a los videojuegos
“Es muy importante pues seguir los consejos de la etiqueta de los videojuegos y asegurarse de que el niño no juegue sin descansar cada media hora y no más de una hora seguida, tal y como advierten los propios juegos”, insiste Carlos Iglesias, secretario general de la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (AdeSe).

Asimismo, los padres debemos evitar los posibles riesgos que para niños y jóvenes supone una exposición ante contenidos y valores inadecuados, o cuando se les dedica un tiempo desproporcionado olvidando o abandonando otras actividades. Un entorno familiar que ofrezca diversidad de actividades de ocio, que valore el tiempo de juego del niño o del joven, que se interese por lo que les gusta y hacen, que facilite el encuentro con amigos para jugar…, ayudará a contextualizar y regular el uso de los videojuegos, evitando situaciones de abuso o aislamiento.

Os indicamos algunas pautas y consejos que la empresa Electronic Arts ofrece en su página web:

¿Cuándo y cuánto jugar? Antes de jugar, hablad con ellos y pactad los momentos de juego así como se pactan los tiempos a dedicar a otras tareas. Además, cuando llegue a casa un nuevo videojuego es normal que los niños quieran dedicarle más tiempo, así que es conveniente reservar esos momentos para los fines de semana o las vacaciones. Los videojuegos no deben suplir otras como por ejemplo estudiar, leer, hacer deporte…
¿A qué jugamos? Decidir a qué se juega debe ser una tarea compartida entre padres e hijos. Para ello hay que conocer los gustos y videojuegos preferidos de nuestros hijos.
¿Es un juego seguro? Para verificarlo es conveniente seguir las recomendaciones que se adjuntan en el videojuego como la distancia de la pantalla, posturas correctas… En el caso que los niños jueguen en línea o participen y naveguen en páginas webs, se deben tomar ciertas medidas para hacer un uso responsable y seguro de Internet. En este sentido, es conveniente consultar el monográfico que en Entre Padres hemos dedicado a Internet Segura.
¿Con quién jugar? Promoved el juego compartido con los amigos y en familia para compartir emociones, aprender juntos, cooperar, dar ideas, expresar sentimientos y opiniones, reflexionar… Invitad también a sus amigos a jugar en casa. Esto les ayudará a autorregular su propio tiempo cuando jueguen solos.
¿Dónde jugar? Instalad la videoconsola o el ordenador en espacios comunes que permitan compartir el videojuego en familia, como por ejemplo en el salón.

El uso de los videojuegos debe ser adecuado y cumplir una doble función de diversión y aprendizaje. Por ello, el papel de los adultos es muy importante.

Los adultos también juegan

La familia del siglo XXI es muy diferente a la que la mayoría de nosotros conocimos en nuestra infancia. Hoy en día, muchos padres no son más que niños grandes. O al menos, eso es lo que se puede deducir a tenor de los hábitos de ocio de muchos de los que en la actualidad entran en la etapa adulta de su vida. Las cifras hablan por sí solas: la media de edad de los casi 9 millones de jugadores en España se acerca ya a los 25 años, y un 15% de los jugadores tiene más de 34. Otro dato significativo: en el 73% de las casas sin niños hay una consola. Conclusión: los videojuegos ya no son sólo cosa de niños.

Las asociaciones comerciales acaban de hacer públicas sus previsiones de ventas para esta Navidad y en algo coinciden casi todos los organismos: una de las compras estrella de estas fiestas será la consola Wii de Nintendo, un producto destinado principalmente a un público juvenil y adulto, aunque también de uso infantil. Lo cierto es que cada vez más común que Papá Noel y los Reyes Magos traigan a los niños regalos que son más para los padres que para los hijos…

¿Son estos datos el reflejo de una sociedad enferma? No necesariamente. De hecho, una de las tendencias que se aprecian de un tiempo a esta parte en el mercado de las videoconsolas es la obertura de líneas de mercado para atraer a este nuevo público. Se trata de videojuegos en los que la creatividad y la reflexión son un componente esencial, y resultan ideales para la formación en todas las franjas de edad. Incluso para los más mayores. No en vano, la actriz Amparo Baró, popular por su papel en la serie española Siete Vidas, promociona un juego llamado Brain Training (entrenamiento cerebral), dirigido específicamente a las personas mayores con dificultades en la retención de información y a cualquier persona de otras edades que quieran ejercitar la memoria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *