HÁBITOS Y PERIODOS SENSITIVOS DE LOS NIÑOS DE 4 AÑOS: ORDEN, SINCERIDAD Y OBEDIENCIA

Amalia Abaitua
Como la mayoría sabéis, un hábito es la repetición constante de las acciones que queremos que nuestros hijos interioricen. Estos hábitos posteriormente se convertirán en virtudes las cuales hay que ir trabajando desde la cuna.

Queremos que nuestros hijos nos respeten, sean obedientes, trabajadores, sinceros,… En definitiva, que sean unos hombres y mujeres felices con capacidad para tomar sus propias decisiones.

Hemos de incidir en que la educación en valores debe iniciarse desde el nacimiento, con la repetición constante de acciones positivas apoyadas con el ejemplo de padres y profesores. El niño aprende lo que vive.

De este modo crearemos unos hábitos estables que serán la base de las virtudes.

Respecto al orden debemos hacer hincapié en sus dos aspectos: orden externo e interno.

El orden externo es el referido al de las cosas materiales: “Cada cosa debe de tener un sitio”.

Hay que jugar con los niños repetidas veces a colocar las cosas en el mismo lugar y en el mismo orden. Es un proceso que aprenden con gran facilidad a esa edad, siempre que se les enseñe de forma metódica y ordenada, y tengan un modelo repetido.

Conviene que dispongan de un cajón, unas baldas, y un juguetero al alcance donde puedan guardar sus cosas.

No solo debemos trabajar el orden material sino el orden con ellos mismos, con su aspecto (guapo sin mocos, con las manos limpias…). En definitiva, el orden interno y esto lo haremos con un orden en los horarios de comidas, un orden en las horas de sueño y un orden en sus salidas de paseos, sus tiempos de juegos. En resumen esto es lo que llamamos orden de vida.

En el campo de la sinceridad el ejemplo de los padres juega un papel fundamental. Es muy importante que los padres seamos sinceros.

Muchas veces nuestros hijos no distinguen entre la fantasía y lo real. En estos casos hay que dejarles muy claro lo real pero nunca llamarles mentirosos. Hacerles ver lo que es juego y real para que la fantasía no sea un hábito.

Tener mucho cuidado también a la hora de corregirles. Hacerlo cuando no haya ningún niño delante explicarle todo bien y que no se sienta humillado.

La edad de 3 a 4 años coincide con el primer descubrimiento del yo, y la mentira puede ser la forma de llevar la contraria a los demás por el mero hecho de autoafirmarse.

Otro campo complicado es la mentira por halagar “le digo lo que quiere oír y tendré menos problemas”.

Es muy importante saber que la virtud de la sinceridad es básica y por ello deben vivirla desde pequeños y conocer su valor.

Por último y respecto a la obediencia, decir que para que nuestros hijos sean responsables primero tienen que ser obedientes. Dejar claro a los hijos que obedecer es una necesidad de convivencia: los padres obedecen las leyes, a sus superiores en el trabajo, las reglas sociales, etc.

La obediencia y la autoridad están íntimamente relacionadas. Para que la obediencia pueda ejercitarse, la autoridad ha de ejercerse.

Perdemos la autoridad si:
– gritamos al dar ordenes.
– repetimos las órdenes.
– castigar sin previo aviso.
– cuando amenazamos con algo imposible de cumplir.

Recurrir al castigo como último recurso y previamente avisado. Si no avisamos, los niños lo viven más como una venganza del adulto que como una corrección, que es lo que debe ser.

La autoridad debe basarse en el cariño de los padres, no en el temor.

Para ejercitar la obediencia es imprescindible establecer normas que sean:
– alcanzables: que se puedan cumplir.
– razonables.
– estables: no solo cuando conviene a los padres.
– compatibles en todos los ámbitos.
– coherencia entre quienes imponen las normas.
– ejemplificadas por quienes las imponen: no vale exigir al niño cuando nosotros somos no lo cumplimos.

Si no damos ejemplo la consecuencia más inmediata es generar confusión y dudas sobre la fiabilidad del adulto.

Por último pero no por ello menos importante, debemos incidir en el periodo sensitivo de la educación en la fe, el cual es un momento muy especial:
– amor a Dios a través del ejemplo de los padres: los hijos nos quieren mucho y es muy fácil trasmitirles que Dios y la Virgen también. Que entiendan este amor de forma natural.
– Prácticas de piedad: enseñarles oraciones sencillas como Ángel de la guarda o Jesusito de mi vida. Es importante rezar con ellos por la noche.

La herencia más importante que unos padres pueden dejar a sus hijos son sus creencias, es decir, unos valores que sirvan para orientar su vida.

Vosotros sois los monitores de la educación de vuestros hijos, y por lo tanto debéis tomar conciencia de la necesidad de adoptar una actitud seria y responsable ante la educación cristiana de los hijos, pues no existe una comunidad humana tan bien dotada como la familia para la educación de los hijos.

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