FRACASOS. ¿Existe relación entre el fracaso escolar y las horas de televisión?

José Javier Esparza
Un asunto recurrente de la crítica social hacia la televisión es el fracaso escolar: se imputa a la tele el hecho de que las cifras de fracaso escolar sean tan altas. ¿Es verdad? ¿Es mentira? Un equipo de la Universidad de Navarra acaba de hacer una investigación sobre el asunto. Y los datos no dejan de ser ilustrativos. Por ejemplo, más del 60% de los niños ven la televisión después de las diez de la noche, porcentaje que asciende al 85% los fines de semana. Otro dato: un 64% de los padres no controla la televisión que ven sus hijos.

Porque lo más interesante de este estudio es que incide en el papel que le corresponde a la familia dentro de todo este paisaje. En este sentido son muy interesantes las opiniones de los profesores encuestados acerca de la actitud de los padres. La mitad de los profesores opina que los progenitores no tienen ni idea de los contenidos de los programas que ven sus hijos en televisión. Un 32% de los profesores dicen que los padres, aunque se preocupen por los hijos, viven completamente ignorantes de lo que sucede en el colegio, y sólo se enteran cuando les dan las notas. El 30% considera que la palabra que mejor define la actitud de los padres ante la tele es ‘pasotismo’. Para un 28% de los docentes, la actitud de los padres es de ‘proteccionismo’, es decir, que piensan que sus hijos son siempre buenos y que sus problemas vienen porque el profesor no les comprende. Y a todo esto, ¿hay relación entre el consumo televisivo y el fracaso escolar? Según este estudio, «la media de suspensos respecto a las horas que ven los alumnos la televisión aumenta con el aumento de éstas». O sea que cuanta más tele, más suspensos. Primero, porque quedarse a ver la tele hasta altas horas significa descansar menos, y eso influye en el rendimiento. Y después, porque en la gran mayoría de los productos televisivos se vende una realidad que no es la más propicia para el esfuerzo: «factores como el trabajo, la estabilidad en las relaciones personales, el respeto o la importancia de formarse intelectual y personalmente no son valorados en absoluto». Interesante, ¿no?

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