FOMENTAR LA RESPONSABILIDAD: “LA PAGA” PARA NIÑOS Y ADOLESCENTES

Borja Ortega
¿Es conveniente dar algo de dinero a los niños, darles “la paga”? ¿Cuánto dinero y desde qué edad? ¿Y si se lo gastan todo? ¿Cuáles son las ventajas de darles la paga? ¿Qué cantidad es recomendable? ¿La paga ha de ser fija o variar en función del comportamiento, las notas…?

Efectivamente, es aconsejable darles “la paga” a los niños porque así les enseñamos a administrarse, a ser responsables y a ahorrar, es decir, les ayudamos a que desarrollen la capacidad de aplazar la recompensa. Es más, la educación que le proporcionemos sobre el uso del dinero influirá en su comportamiento y actitud acerca de virtudes como la generosidad o defectos como la tacañería, la avaricia, etc.

La edad inicial para empezar a recibir la paga dependerá de la madurez del niño/a y del estilo educativo que queramos darles. Una buena edad es, aproximadamente, los 7 años: ya saben sumar y restar, conocen el valor del sistema monetario y el valor de ciertas cantidades, comienzan a efectuar acompañados sus primeras compras (golosinas, cuentos…). Desde el principio, es muy importante que les hagamos entender la diferencia entre los caprichos y lo que realmente es necesario. También les son desconocidos los términos barato y caro, por eso, tendremos que mostrarles la relatividad de esos conceptos: un chile si cuesta 1€ es caro, pero un cuento por el mismo precio es barato.

Cuando son pequeños, la paga puede ser semanal, y más adelante, cuando entran en la adolescencia, es mejor que alarguemos el periodo y lo fijemos quincenal o mensualmente. De este modo, aprenderán paulatinamente a disponer con responsabilidad el dinero. Es preciso que las primeras pagas sirvan para gastos que se salen de lo ordinario: unos cromos, unas golosinas o cualquier otro capricho. Más adelante querrán un juego de ordenador o algo de ropa de marca. Cuando son adolescentes, un plan especial con los amigos un sábado. A partir de ahora, los caprichos suelen ser entendidos como “necesidades” y aumentan en número considerablemente.

Si les ofrecemos una cantidad de dinero elevada que cubra todos sus deseos fácilmente, no les supondrá ningún esfuerzo ahorrar ni administrarse, o sea, no habrán aprendido nada. Por el mismo motivo, nunca les ofreceremos más dinero a mediados de mes, aunque se les acabe. Ahora bien, jamás debemos dejarles sin una paga periódica. Si no se la suministramos, puede que por la presión de su grupo o del ambiente, intenten conseguirla por medios inadecuados. Y es que se sienten humillados cuando ven que otros compañeros sí disponen de dinero para sus cosas, y que en cambio, ellos se encuentran a expensas de las pequeñas “propinas” de los abuelos y otros familiares, o de la ayuda fortuita de sus amigos.

Seguro que en alguna ocasión nos pedirán una cantidad extra, pues bien, ese será el momento de pedirles algún “trabajo” para conseguirlo. Así, ese dinero extraordinario irá acompañado de un esfuerzo igualmente extraordinario. En ningún caso resulta conveniente que sustituyamos responsabilidad por dinero, es decir, la paga no debe depender de que hayan ordenado su cuarto, recogido su desayuno, sacado buenas notas… Esas son tareas que deben ejecutar al margen de la paga, y por tanto el desempeño de tales obligaciones tampoco se conmutará por aumentos de paga.

Ni que decir tiene que nuestra familia es el modelo que ellos imitan, pues nuestros hijos aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si nosotros no le damos el verdadero valor a las cosas, si no las cuidamos y conservamos, si no aprovechamos los alimentos, si compramos de forma innecesaria e inútil, si observan que derrochamos y no somos comedidos en nuestros gastos… ellos nos copiarán y cada vez nos resultará más difícil que usen su dinero razonablemente.

Por último, siempre nos facilitará nuestra labor educativa el hecho de que conozcamos el ambiente en el que se mueve nuestro hijo o hija: a sus amigos e incluso a sus padres. De esta forma, podremos cambiar impresiones sobre multitud de asuntos, y de paso, tocar entre otros temas la cantidad semanal, para que todos reciban una paga similar. En definitiva, el objetivo de la paga no es sólo el cubrir determinadas necesidades de los hijos, sino sobre todo, servir de vehículo educativo para acostumbrarles a la administración del dinero.

A modo de resumen, enumero unas indicaciones que nos facilitarán que regularicemos el importe de la paga:

Ajustar el importe a la edad y a la situación familiar.

Dejar fuera del importe de la paga aquellos gastos básicos como la ropa o el material escolar.

Fijar una cantidad superior a la de los gastos “corrientes”, para facilitar el ahorro.

Establecer una paga periódica, que no esté sujeta al cumplimiento de determinadas condiciones (como la realización de tareas o la obtención de resultados académicos).

Ceñirse a lo pactado aunque el dinero se lo hayan gastado antes.

Evitar cantidades excesivas aun cuando la situación familiar sea holgada, para que el hijo tenga percepción de la limitación.

Orientarles para hacer buen uso de la paga, ayudándoles a priorizar los gastos necesarios sobre los superfluos, a distinguir lo que puede y lo que no puede esperar, y demostrándoles la importancia del ahorro.

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